domingo, octubre 30, 2005

Perlas "Cultivadas"

El Presidente de la Diputación de León opina:
  • El debate político del Estatuto de Castilla y León corresponde a las Cortes.

  • La Diputación presentará una moción similar a la del Ayuntamiento contra el Estatuto de Cataluña porque "afecta a todos los ciudadanos".
¿Por qué estas dos varas de medir, Sr. García Prieto?

Primero nos quieren hacer castellanos, ahora nos tratan de catalanes.

¡Hay que ver de lo que son capaces por no llamarnos LEONESES!

viernes, octubre 28, 2005

ODA A UN TRAIDOR


Noventa mil leoneses
ilusionados siguieron
a los del “Solos podemos”;
poco después nos vendieron.

En ti creímos un día
León estaba en tus manos,
pero pudo más tu orgullo
y nos vendiste, ¡marrano!

Don Juan dicen que te nombras,
Pedro debería ser
quien al pueblo de León
vendió por tercera vez.

Si el gallo cantó tres veces,
este pollo cantarín
cantará las que haga falta;
es pájaro de postín.

Se “confundió” una primera,
“rectificó” con AP
luego exigió autonomía
¡y se integra en el PP...!

¿Qué prodigiosa chaqueta
ha resistido jamás
unos cambios tan continuos
sin tenerla que arreglar?

Al ritmo que va el sujeto,
yo me temo, con perdón,
que en el próximo “mea culpa”
ya se baje el pantalón.

martes, octubre 25, 2005

Despoblación rural. ¿Solución? Más centralismo (?)

¡Que no se mueva nadie, quietos todos, que en Pucela ya tienen solucionado lo de la despoblación!

El demógrafo Guillermo Ramírez (Valladolid, 1958), que declinó participar en la comisión de expertos que asesoró el trabajo del Parlamento sobre la despoblación, publicó un ensayo sobre la población de Castilla y León, asegurando que no existe ninguna medida poblacional capaz de atajar la pérdida de habitantes y proponiendo como solución efectiva «cambiar los paradigmas de valores y de vertebración social».

¿Qué quiere decir con esa frase tan rimbombante? Sencillamente que considera inútil mantener las más de 6.200 entidades de población existentes en todo el territorio autonómico, que la inmigración no es la solución y que apuesta porque la capital castellana de Valladolid ejerza una centralidad económica para restar fuerza a la que, actualmente, ejerce Madrid.

Según su estudio, Valladolid sólo crece por el centralismo político que acapara ya que, de no haberse asentado allí las instituciones regionales, su crecimiento hubiera sido mínimo por lo que aconseja que los esfuerzos se encaminen a dar más protagonismo a los núcleos del centro del territorio.

En su opinión, Valladolid tiene que aumentar su población hasta un mínimo de 500.000 habitantes para generar una mayor atracción económica, social y cultural. Estos requisitos no los despliega actualmente y, por tanto, no crea economías de aglomeración.

Así que ya sabéis chicos, todos a Pucela para solucionar la despoblación autonómica (6,02% en el País Leonés y 0,98% en las provincias castellanas, podéis consultar detalles en el artículo "Despoblación y Autonomía" publicado el 14 de Octubre y que encontraréis en el siguiente enlace: http://husartiburcio.blogspot.com/2005/10/despoblacin-y-autonomia_14.html). ¡Se me olvidaba! El último que apague la luz.

En la foto caravana de leoneses que, orgullosos de solucionar el problema de la despoblación, se dirigen, obedientemente, a "la gran Pucela" para contribuir a su mayor gloria.

Pregunta el Sr. Nicasio de mi pueblo: ¿Oiga joven y de donde me dijo que era el Sr. que hizo el estudio?

domingo, octubre 23, 2005

Manipulaciones NAZI-onalistas de la Junta

Desde la página de la Fundación Gernika, creada por el Gobierno Vasco para acrecentar el sentimiento de pertenencia de los vascos a su comunidad nacional, se puede bajar un cómic protagonizado por el Erizo Zeledón, rebelde, renegado y subversivo, y la Comadreja Marijaia, amable y contemporizadora, cualidades plenamente demostradas en una viñeta en que incluso propina una colleja al Erizo llamándole pazguato. Ambos viven en el bosque y el Erizo quiere limpiar la pradera de carteles plantados por el Gobierno para indicar el emplazamiento de su nueva sede. Mientras ambos discuten son cazados por un funcionario que los lleva al edificio de las Cortes autonómicas donde son aleccionados sobre lo maravilloso que es el sistema a fin de que el díscolo Erizo, de regreso a su pradera, renuncie a todas sus ideas, a su “mala vida pasada” y aprenda a valorar el Plan de la Comunidad nacional aplaudiendo su implantación

¿Cuál sería la reacción de las cúpulas de los partidos nacionales ante semejantes hechos? ¿Cuál sería la reacción de las autoridades de la Junta de Castilla y León?

Le parece al Húsar estar escuchando al Sr. Rajoy, al Sr. Acebes o al Sr. Herrera clamando contra el deterioro de la convivencia "entre los vascos y vascas" y reclamando actuaciones del Gobierno de Zapatero en contra de las manipulaciones y lavado de cerebro de los niños vascos en las escuelas de las que sería una buena muestra el cómic preparado por la Fundación financiada con presupuestos autonómicos.

Pues bien, si en el relato que aparece en el primer párrafo de esta carta cambiamos “Fundación Gernika” por “Fundación Villalar”, Zeledón (que podría representar a Álava, según dicen "menos nacionalista que el resto del País Vasco") por Ordoño (nombre del más representativo de los Reyes de León) y Marijaia (que podría representar al Gobierno nacionalista del País Vasco) por Juana (nombre de una Reina castellana) obtendríamos un pequeño resumen de lo que la Junta de Castilla ¿y León? preparó para aleccionar a los niños, leoneses o castellanos, que viven en esta Comunidad birregional, manipulando la historia y tergiversando los hechos.

Entre otras lindezas aseguran que en Atapuerca surgieron los primeros balbuceos del sistema parlamentario. Supone el Húsar que basándose en la gran cantidad de documentos escritos de esa época y en el hecho de que, al parecer, al menos parte de los habitantes de dicho lugar fueron antropófagos.

Se habla de pasada de las primeras Cortes Europeas que fueron las Cortes de León, convocadas en dicha ciudad por el Rey Alfonso VIII de León (incomprensiblemente conocido como IX) en 1.188 (mientras en Castilla reinaba otro Alfonso, curiosamente conocido como VIII, pese a que, por más que busque, el Húsar no consigue encontrar los 7 anteriores Alfonsos del Reino de Castilla) y no se citan, para nada, las segundas Cortes, también convocadas en el Reino de León, en la Ciudad de Benavente (Zamora) por el mismo Rey en 1.202.

Al propio tiempo se hace decir al Erizo Ordoño, ya convenientemente programado, que “en la Edad Media había Cortes pero no había democracia”. Es una forma de aplicar criterios actuales a costumbres antiguas y una curiosa manera de educar las mentes infantiles, eliminando todo el rigor histórico que debiera mantenerse al efecto.

Este cómic, junto con otras iniciativas similares, se realizó para fomentar "el sentimiento de pertenencia a la Comunidad Autónoma", al parecer inexistente después de 22 años de autonomía. Extraña manera de fomentar dicho sentimiento insultando a una de las dos regiones que componen esta Comunidad, por otro lado, anti-natural, siendo solo una pequeña muestra del “rigor científico” y “objetividad histórica” imperantes en las actuaciones de dicha Fundación.

También tiene su aquel que para negarse a rectificar las falacias y medias verdades que destilan desde su página web apelen a la libertad de expresión y digan, textualmente, que los contenidos de la página de la Fundación “no incluyen hechos o noticias sino opiniones e interpretaciones de la Historia”.

¿Saben los maestros y profesores de todos los colegios de la Comunidad Autónoma y los padres de todos los alumnos de la misma que lo que se enseña a nuestros hijos no es historia sino “opiniones e interpretaciones” que de la misma hace una Fundación presidida por un político que al propio tiempo preside la Cortes de Castilla y León?

¿Saben los visitantes de esa exposición titulada “Castilla y León, nuestras señas de identidad” que no les están contando la verdad, sino sus "opiniones e interpretaciones" que no se ajustan a la abundante documentación existente?

Es evidente que si el propio abogado de la Fundación reconoce que su representada no incluye hechos o noticias verídicos no tenemos que ser nosotros quienes lo demostremos, queda suficientemente demostrado por confesión de parte.

¿Hasta cuando tendremos que soportar los leoneses que con nuestro dinero se siga pagando a ineptos e ignorantes cuyo único fin es manipular la historia para seguir manteniendo sus poltronas maravillosamente pagadas mientras nuestra Región Leonesa pierde constantemente empleos y habitantes desde aquel aciago día en que nos incluyeron a la fuerza, con engaños, mentiras y al más puro estilo mafioso, en esta autonomía en la que una provincia crece a costa del empobrecimiento del resto?

sábado, octubre 15, 2005

Proclama del 24 de Abril (2005)


“Leoneses, la patria está en peligro. Fuera los traidores” En la soleada mañana de un 24 de abril de 1808, León iba a escribir, tras este grito, una página más de su historia gloriosa y dilatada. Un suceso verdaderamente memorable, que, “a pesar de su resonancia y grandeza, como escribiera Miguel Bravo Guarida, ya en 1903, casi se ha perdido en la memoria de las gentes e incluso ha sido negado por algunos autores de nuestros días”. Recordemos, sin embargo, el comienzo del famoso manifiesto del coronel D. Luis de Sosa: “¿Cuál de todas las provincias de España podrá disputar a la de León la gloria de haber sido la primera en alzar el grito del patriotismo y de la libertad?”

En efecto, una vez más “y sin esperar por nadie, León gritó, ‘fuera el invasor’”.

Así rezaban unos carteles que salpicaban, en púrpura, las paredes de esta ciudad, cuando España apenas se desperezaba de un sueño de 40 años. Era también un día como hoy, un 24 de abril, y se trataba, con ellos, de recuperar la memoria colectiva del hecho que hoy aquí nos concita.

“Fuera el invasor”: ese ha sido, quizá para nuestra desgracia como pueblo, un grito constante que han tenido que corear, muchas veces, nuestros antepasados. Pero la trayectoria histórica o legendaria de un pueblo no sólo está tejida de héroes, de batallas, de pronunciamientos, sino, y sobre todo, de voluntades, del deseo firme de pertenencia a una colectividad y del convencimiento profundo del derecho y el deber de defenderla, de seguir cultivando cada mañana eso que se podría denominar, pura y simplemente, “identidad”.

No se trata hoy y aquí de definir este término sino de reivindicarlo, de gritarlo a los vientos del presente y del futuro ante un hecho glorioso del pasado; precisamente ahora cuando, desde el poder de los boletines y repetido por el eco de huecas campanas, el nombre de León y el término de lo leonés parecen deber ser puestos en tela de juicio o tras las rejas de una duda que hace flojear los espíritus y quebrarse las conciencias de los más débiles o los más acomodaticios.

“Fuera los traidores”, repitió el eco que atravesaba estas humildes calles del barrio de Santa Marina la Real; pero este grito llevaba en sí mismo un virus de inconformismo que contagió de inmediato a toda la ciudad, hasta hacer doblegar las voluntades de los poderosos, de los supuestos representantes del pueblo que, aquí también, confundían la verdad oficial con la verdad real, la sociedad imaginada y tal vez deseada con la sociedad verdadera.

¡Y tuvo que ser otra vez el francés...! ¡Cuántas veces hemos oído y repetido aquella frase: “el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla!”

No pretendemos glosar ante ustedes unos hechos sobradamente conocidos pero sí conviene no olvidar que León, sí, unos antepasados nuestros tuvieron la gloria histórica de ser los primeros en manifestar claramente su oposición a quien pretendía apoderarse del reino. Aquel 24 de abril de 1808, día en el que, contraviniendo las órdenes que llegaban, tanto desde la capital, como desde Burgos o la chancillería de Valladolid, se proclama rey a Fernando VII, entre los vítores del pueblo y el tremolar del Pendón real.

Resuena, de nuevo, en nuestros oídos, la historia y nos transporta, varios siglos atrás, ante otro hecho, mitad real, mitad legendario (¿y por qué no?) del intento de poner a los pies de otro emperador francés, Carlomagno, el reino Astur-Leonés, apenas nacido. Y cuentan los romances que fue también un leonés, Bernardo del Carpio, el que lanzó aquel otro grito que que se recoge en el bellísimo romance VI del ciclo a este héroe dedicado.

“Fuera el invasor”, repiten los ecos de la historia, las piedras de nuestras murallas, los símbolos de nuestra identidad y los libros de nuestras bibliotecas. Pero ¿quién se atreve a escuchar hoy, ahogados por voces y ruidos discordantes, los gritos del silencio?

¿Quién se atreverá a reivindicar, entre nuestros héroes a aquellos que fueron, más tarde, fusilados por oponerse a los que habían invadido nuestra tierra? ¿Dónde estará el reconocimiento público para personajes como el irreductible húsar Tiburcio Fernández Álvarez, del sitio de Astorga, o para aquel joven estudiante Isidro Valbuena, portador de la noticia del levantamiento y que, como un nuevo Filípides, murió tras su vuelta a casa...? Que se llamaba, tal vez Francisco Martínez o tal vez Armendáriz... ¿Qué puede importarnos ahora? ¿No se rinden homenajes a héroes o soldados desconocidos?

Héroes desconocidos, peor aún, héroes ignorados son los que reclaman su lugar en la historia por medio de estos gritos silenciosos de piedras, ya viejas y cansadas de proclamar sus verdades.
No ignoraron los franceses, en sus acciones posteriores, que había sido, precisamente, de aquí de donde habían salido las primeras postas para alarmar a otras provincias limítrofes pero, como en tantas otras ocasiones, primero la infamia y luego la desidia vinieron a cubrir con sus velos de oprobio un hecho de la mayor relevancia.

La sangrienta jornada del dos de mayo en Madrid oscureció cualquier otro suceso, bien es cierto, pero también algo que hoy, por desgracia, conocemos y padecemos; en la actualidad se denomina manipulación. Un tanto más burda, es cierto, en el momento, porque, utilizando maneras más propias de una denostada Inquisición, el general Murat, al leer la proclama leonesa en la Gaceta de Madrid, mandó, según relatan los historiadores, quemar toda la tirada e imprimir otro número sin el parte de León. El crimen siempre deja huellas; hoy, en la Biblioteca Nacional, en el número 43 correspondiente a ese día de 25 de abril de 1808 se puede seguir leyendo la noticia del levantamiento de León.

“Fuera el invasor” gritaron, sin duda, aquellos 8.000 jóvenes leoneses que, según las crónicas, participaron ya en los enfrentamientos armados del 12 de junio en Cabezón y el 14 de julio en Rioseco, retirándose a la montaña, tras el descalabro sufrido en esta batalla. Pero, a la par que la guerra, también se trataba de reconstruir un país; por eso, de la forma más rápida que las circunstancias lo permitieron, comenzarán a constituirse las llamadas Juntas Provinciales, interpretadas por algunos historiadores como “una manifestación del ‘federalismo instintivo y tradicional’ del pueblo español que surge en circunstancias de gran peligro”.

Tampoco León podía quedarse atrás; en concreto, en esta ciudad, y en fecha relativamente temprana, se formó la Junta Suprema del Reino de León, el 30 de mayo de 1808, y el 10 de agosto se redactó y ratificó un Tratado de unión entre los reinos de León, de Galicia y de Castilla, como inicio de la formación de un gobierno de todos los reinos y provincias de la monarquía española.

No creo deber, sin embargo, hacer una enumeración pormenorizada de los hechos sino que he sido elegido, para glosarlos, como representante de la Asociación de vecinos de este barrio que muestra, a jirones de piel, la historia pegada a sus viejos edificios. Puesto que fueron ellos, sí, los vecinos de esta ciudad los que, de manera anónima, pero a una sola voz, lanzaron aquel grito de libertad que hoy recordamos con emoción y tal vez con nostalgia; con la nostalgia que produce el sentimiento de no haber sabido, quizás, honrar su memoria y sobre todo seguir su ejemplo.

“Fuera los traidores” en la madrugada del 7 de junio de 1810 y apoyados por algunos leales, una partida de 60 patriotas leoneses, entrando por la puerta del Malvar, iba a consumar el sacrificio supremo de su vida tratando de liberar la ciudad de la guarnición francesa que, en número muy superior, custodiaba la misma. Tras varias horas de duros y encarnizados combates, los últimos valientes fueron abatidos en este corral de San Guisán, entrando, por la puerta grande, en la historia leonesa, a pesar de las opiniones ¿sesgadas también quizás? de algunos que se han atrevido a calificar el hecho como “la algarada del corral de San Guisán (...) que el patrioterismo romántico local se ha encargado de propagar”. ¿Acaso tampoco tenemos derecho a reivindicar la cuota de heroísmo de nuestros antepasados? Cuando no se dispone de un Goya para pintar unos fusilamientos, no se puede inferir por ello que los mismos no existieron; peor aún, cuando se pierden o no se saben ganar las incruentas batallas de la vida de todos los días, otros parecen encontrar el derecho para reescribir o reinterpretar, a los dictados del poder, la historia de las mismas.

Gloria, honor y recuerdo, pues, a los leoneses que lanzaron el primer grito de libertad contra el invasor, dignos descendientes, sin duda, de aquellos que 620 años antes, en aquel recordado 1188, y no muy lejos de este lugar, habían comenzado a poner la primera piedra del edificio de una democracia parlamentaria que hoy disfrutamos.

Hoy no me atreveré a pediros, como D. Luis de Sosa, que repitáis el grito que aún renuevan los ecos de este corral; para terminar, únicamente solicito de vosotros que coreéis conmigo y con todo el sentimiento de vuestros corazones, ¡VIVA LEÓN!

viernes, octubre 14, 2005

La "Pulchra" leonina


Catedral de Santa María de Regla, en León, llamada la "Pulchra" leonina por su depurado estilo, diciéndose de ella que es la "más francesa" de las catedrales góticas españolas.

Sus 1800 m2 de vidrieras incomparables que van desde el siglo XIII al XIX hacen del primer templo leonés una joya del gótico español y europeo lo que equivale a decir del gótico mundial.

En 1844 fue declarada Monumento Nacional, siendo el primer edificio de España que mereció tal título.

De ella se dice: "Catedral de León, más luz que piedra"por la sensación que se tiene al penetrar en su recinto en uno cualquiera de la multitud de soleados días que León tiene a lo largo del año.

No obstante, esta maravilla del gótico, apenas merece atención por parte de la Junta de Castilla ¿y León? que en dos ocasiones "perdió" el expediente instruido para pedir su declaración como "Patrimonio de la Humanidad".

Solo 400m2 de sus vidrieras han sido restaurados. Hoy mismo nos encontramos con la noticia de que la Junta de Castilla ¿y León? firmará un convenio con Caja España para sufragar la restauración de las vidrieras. Es la tercera vez que oímos la misma noticia en lo que va de año pero la Junta sigue sin soltar un solo euro y el taller de restauración de las vidrieras lleva cerrado, por enésima vez, más de un año.

Sin embargo, esa misma Junta, ha costeado la restauración del Teatro Zorrilla (desconocemos sus méritos) propiedad de la Diputación de Valladolid por un importe de ocho millones de Euros.

¿Para qué sirve esta Autonomía que arregla edificios ajenos y no se ocupa de un Monumento Nacional único en el mundo?

Despoblación y Autonomia

Según datos del Instituto Nacional de Estadística, entre los años 1981 y 2004, la Comunidad Autónoma de Castilla y León perdió un total de 81.145 habitantes, lo que representa un 3,15% de la población total.

Pero si analizamos cómo se repartieron las "pérdidas" de población nos encontramos con que el País Leonés perdió 66.777 habitantes, es decir un 6,02% de su población inicial. Salamanca y León con 16.736 y 24.648 habitantes menos perdieron el 4,55% y el 4,76% respectivamente mientras que Zamora con 25.393 habitantes menos perdió un 11,34% de su población.

Sin embargo, las provincias castellanas perdieron 14.369 habitantes, es decir un 0,98% de su población inicial. Es lo que tiene la estadística, un pucelano se come un pollo mientras un leonés le mira y, ateniéndose a las estadísticas sale el político de turno felicitándose: "Cada castellano y leonés come medio pollo". (¿Qué será peor el error estadístico o el gramatical? porque lo de "castellano y leonés" tiene tela.)

Es evidente que toda la Comunidad se despuebla pero, desde luego, NO EN LA MISMA PROPORCIÓN. Claro que mientras seamos los "indios" pobladores del "Oeste" los que desaparezcamos, en "la metrópoli", seguirán sin preocuparse.

Hay otro dato muy ilustrativo en cuestión de población. En el mismo período, Cantabria (con una población inicial semejante a la de León) registró un aumento de 43.968 habitantes (un 8,60% de su población inicial) y La Rioja (con una población inicial semejante a la de Zamora) registró un incremento de 40.258 habitantes (un 15,89% de su población de su población inicial).

¿Tendrán algo que ver estas diferencias con el hecho de que supieron escapar a tiempo de la "garra pucelana" constituyendo sus propias autonomías?