lunes, mayo 16, 2011

El círculo cuadrado o el que llora sin llorar

Desde esta página de libertad, hemos alertado ya demasiadas veces sobre la enfermedad que aqueja a la sociedad leonesa; una de ellas, para ser más exactos, pero no es precisamente esa que con machacona insistencia nos atribuyen: la del victimismo.

Afirmamos, más bien, y para no perder la costumbre, que el origen de la misma se encuentra en una escalofriante falta de autoestima que lleva a individuos y grupos a moverse al compás de cualquier tonillo que le silbe al oído la serpiente de turno, el insultador agradecido o el pelota que teme caer en desgracia y se afana en sumarse al coro de los maltratadores de esta tierra.

¿No es una prueba palmaria el hecho de que la mayor parte de nuestros conciudadanos están dispuestos a renunciar a sus más intimas convicciones, con tal de recoger, como perrillos falderos, las migajas del señor o incluso preparados para pedir perdón hasta por su propia existencia?

- “¿Qué delito cometí / contra vosotros naciendo?”, interrogaba a los cielos Segismundo, en la obra de Calderón. “La vida es sueño”. Puede que la respuesta esté también en la que encontraba el propio personaje y que adaptada a nuestra situación sería:

- “Aunque si nací (leonés) ya entiendo / qué delito he cometido”
En vuestro diseño impío / no cabía tal error;
pues no hay delito mayor / que confesarse nacido
en tierra que defendió / del hombre el libre albedrío.

Pero hoy no estamos para florituras, ni siquiera para versificaciones de tercera división; con el ánimo por debajo del segundo sótano ante la desaparición prematura y dolorosa de un joven amigo, leonés convicto y confeso, uno está dispuesto a tolerar de peor gana las melonadas discursivas, los razonamientos insulsos y las justificaciones de cualquier tonto útil que se asoma al balcón de nuestras desgracias en un sí pero no, lamentándose sin reproches, quejándose pero sin protestas, reclamando pero con sordina; en suma derramando lágrimas de cocodrilo, que diría el clásico.

No os preocupéis, parecen decir, que me quejo un poco, pero no hasta el punto de que pueda notarse demasiado mi bajada de pantalones; me simulo alineado con los que reclaman, pero hago el juego del espía doble; utilizo torticeramente los argumentos de los que os critican, pero, queridos amos, no me desmerezcáis por ello, es una forma sibilina de desactivar esos argumentos y aireo, una vez más, para que no se les olvide, el espantajo del “victimismo”.

Esa es la actitud genuflexa de todos y cada uno de esta caterva de desalmados que nos gobiernan o nos representan, secta de vampiros sedientos de victimas, especie de “santa compaña” que busca el descrédito y la destrucción de una tierra, León, que cometió la terrible tropelía de dar voz a los que no la tenían, y eso antes que nadie, en un lejano 1188; que intentó limitar los privilegios de los poderosos para trasladarlos a los concejos y las ciudades, que ensayó fórmulas de descentralización cuando las aguas iban en otras direcciones...

No se atreverán, respetados lectores, a contradecir nuestros argumentos cuando constatan, un día sí y al siguiente aún más nítidamente, lo que afirmamos; por ejemplo en una malhadada y calamitosa entrevista hecha al gran capo de la Federación Leonesa (?) de Empresarios, el ilustre Javier Cepedano de cuya trayectoria “no quiero acordarme”, a imitación de Cervantes, en la Crónica del día 24 de abril, nada menos que lo que algunos han denominado modernamente, el día de la Independencia Leonesa. Este individuo, en su franciscana bondad, aconseja que “tenemos que ser más exigentes con Valladolid”.

¿Y donde escondía su bien pensante cabeza de avestruz todos estos años cuando, como él mismo afirma, la crisis económica “se ha llevado el 20% del tejido productivo leonés”, y más y más y más? ¿Llorando sin llorar, reivindicando sin reivindicar o, simplemente, viviendo del momio pero a cuerpo de rey... castellano?

Vuelve el acomplejado hombrín a sacar, en otro momento de la entrevista, aquel otro espantajo que surge de vez en cuando y que definimos como “el del cazurro insatisfecho”: “aquí siempre estamos criticando las cosas” Y se atreve a dar una bienpensante receta: “Tenemos que dejar de lamentarnos y ser más competitivos (si produjéramos algo, digo yo...) y esto pasa porque empresarios (ja), sindicatos (jaja), políticos (jajaja) y Universidad (¿ah, sí?) nos propongamos plantar cara a Valladolid...” ¿Pero, de qué guindo se ha caído el pavo real este?

Claro que habría que “intentar convencerles de que determinados proyectos empresariales no pueden quedarse solo en Valladolid”, pero ¿quién le pone el cascabel al gato, al tigre o al ogro? Al pobre León se le pone lo que haga falta: el bozal, el cencerro y hasta las alforjas como al lobo de San Froilán. Pero ¡ay del que se atreva a llevar la contraria al señor de las provincias y a toda su camarilla! Aventuramos que ni los unos, ni los otros, ni los de más allá, sumisos servidores con clara vocación de esclavos que no soportan el más mínimo atisbo de libertad, ésos no solo no harán el más mínimo esfuerzo, sencillamente no pueden; están castrados para la reivindicación, perdidos para seguir cualquier tipo de exigencia, incapaces para exigir la reparación del menor desagravio.

¡Y ésos son los que nos gobiernan, los que hacen opinión, los que deciden por nosotros en todos los órdenes, los encargados de ser el natural fermento de la sociedad, la masa crítica que debería llevarla hacia delante! ¿Sorprende a alguien ya que estemos donde estamos y con la casi certeza de encontrarnos, sin embargo, mucho mejor que mañana e incomparablemente por encima de lo que nos espera en el futuro? ¡Porca miseria!

2 comentarios:

montañés dijo...

GRAN ARTICULO!!!!

Anónimo dijo...

Yo leí la entrevista...cómo debe estar el patio para que cepedano uno de los mayores serviles al ente castellano se atreva a nombrar valladolid...un servil mas. canxeco