viernes, diciembre 21, 2012

AGRESIVAS TÉCNICAS DE MARKETING

Lo “leonés”, incluyendo en ello desde la pervivencia de las minas y otros lugares de trabajo semejantes, hasta la suma de los garbanzos diarios, parece importar, a la mayor parte de los que nos rodean, menos que un higo chumbo de chumbera polvorienta de un desierto cualquiera del Oeste; es público, notorio, palmario y hasta ofensivo. Se entiende, claro; como ese Oeste de ensoñación imperial de los unos y de enajenamiento mental de los otros está plagado de indios y estos son tontos, lelos y hasta gentes sumisas, seguimos espoleando el caballo de Atila que, el pobrecito, ya no tiene hierba por la que pisar. Pero siguen machacando el hierro y dándole collejas al mono porque (¿qué culpa tendrá el pobre?) ni quiere ni puede aprender el nuevo catecismo que le imponen... aunque intenten convencerle de que lo hacen por su bien... castellano. ¡Qué cruz!

A poco que el avisado lector, sensible sin duda a estas causas, observe en el devenir diario, su vida se verá llena de sobresaltos, cabreos y sorpresas de lo más desagradable que podrían hacerle desarrollar una úlcera más. Hoy hablamos solo de un ejemplo: nuevas técnicas para un marketing aún no inventariado en los libros de nuestros universitarios. ¡Son hasta innovadores estos tipejos de culo gordo, mente obtusa y boina enroscada hasta el bulbo raquídeo!

La cosa ocurrió, poco más o menos, de la manera siguiente: uno que trata de seguir, en la medida que le dejan, consumiendo “productos leoneses”, sin añadidos novedosos, sin apellidos malsonantes ni moscas pavorosas que espantan hasta las conciencias, buscaba, en un supermercado que se dice asturiano y que responde al nombre de Alimerka (¡vaya conciencia regional la suya y vaya respeto por los demás!), una leche que mantiene, en un difícil equilibrio entre obediencia al señor de los dineros y miedo a los que la compran, su nacencia leonesa: “Lar”. Pues bien, la sorpresa fue de las que para sí quisiera el autor de “Psicosis”. La citada leche se encontraba oculta, al lado de una columna, detrás de esa que se vende bajo el apelativo de “tierra de pavor”. ¡Lagarto, lagarto!

Consiguiente protesta a uno de los reponedores que, tratándome poco menos que de tonto, quería convencerme de que era “lo mismo” y de que, si no estaba de acuerdo, protestara a la “jefa del supermercado”. Evidentemente la lengua la tenemos para hablar y la indignación para que no quede en el bolsillo; pido entonces a la señora que lo vea y que determine si eso no es, incluso, punible desde el punto de vista del código de comercio: tratar de vender una cosa bajo el nombre y/o la razón social de otra. ¿O no se castigan las falsificaciones?

¿Consecuencia? Que no creo haber logrado nada porque no vi que nadie corriera a resolver el entuerto; mas, como uno dispone de muy escaso tiempo, no me quedé para ver el resultado. Lo tengo pendiente. Si alguien se suma a esta cruzada, haga el favor de vigilar este tipo de prácticas que van, como se ve, mucho más allá del chantaje, de la ocultación de marcas con protección por su origen, de la compra de voluntades con nuestros impuestos y de la más burda manipulación. Roza ya, si no lo ha superado, el insulto a la inteligencia y desafía hasta el más flemático de los caracteres de esta pobre tierra leonesa. ¡Claro que nos tratan de bobines y por lelos nos tienen!

Mas no se me vayan a quedar en este simple detalle; vean, si no me creen, las etiquetas de muchos de los vinos que se venden en el Corte Inglés. Tienen el poco aprecio por nuestros caldos del Bierzo o de Tierras de León, dos denominaciones de origen, que los venden como “vinos de Castilla-León”, cuando no de “Castilla y L”. La respuesta a tal desaguisado (y no una sino varias veces) es que, “las etiquetas vienen de Madrid” o esta otra todavía mucho más absurda: “es que, en la etiqueta, no cabe todo...” ¿Tan difícil o tan largo es poner “Vino del Bierzo” o “Tierras de León”? Desde luego no ocurre lo mismo para las denominaciones castellanas, tenedlo por seguro e incluso comprobadlo. ¡Si ya suele decirse que “la inteligencia la da Dios de balde”, pero qué mal repartida está...!

Solución o, si ustedes quieren, moraleja: ante la ofensiva castellufa, mantente alerta y compra con mucha atención. De las falsas marcas huirás y a las “moscas” no te acercarás. ¡Compra leonés, está en juego tu futuro... (si nos queda algo de eso)!

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