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viernes, abril 24, 2015

Homenaje a los Héroes Leoneses: Manifiesto 2015

¡Leoneses!

Un año más, nos hemos reunido para homenajear a los Héroes que, a lo largo de los siglos, han defendido no solo nuestra tierra sino el lugar en la historia que se nos pretende robar.

Hoy venimos como Colectivo de Opinión “Tiburcio Fernández Álvarez”, con el que llevo años colaborando, convocados por
 ComunidadLeonesa.ES, para denunciar una situación que, como siempre, aunque conocida es ignorada, igual que las gestas de nuestros héroes, a lo largo y ancho de la España que ayudaron a construir. ¿Qué dirían nuestros Reyes y Reinas, hombres buenos y mujeres valientes si pudieran ver hoy en lo que se ha convertido esta tierra? ¿A lo que se ve reducido el que en su día fue el gran Imperio de Europa? Ahora menos que una memoria, sin futuro y con un pasado que estamos dejando desaparecer.

Cada año, los jóvenes nos vemos condenados al exilio, los mayores, al paro y a la ruina, nuestros pueblos se quedan sin gente, y todavía se atreven a pedirnos solidaridad.

Anegan nuestros pueblos y valles, cubren nuestra historia con cemento, destruyen nuestro reino y todavía dicen que no arrimamos el hombro.

A nosotros, que durante ocho siglos lo dimos todo, que sangramos por este país, un país que ni siquiera nos ha dado las gracias, se atreven a llamarnos radicales cuando solo nos estamos defendiendo de una colonización encubierta.

Si eso es ser radical, entonces, yo digo ¡SÍ, SOY RADICAL!

Soy radical porque no quiero que mis hijos vivan esta mentira, porque no quiero que destruyan una sola pieza más de nuestro pasado y de nuestro futuro.

Soy radical porque quiero recuperar Riaño, porque no quiero que mueran nuestras cuencas mineras, ni se cierren los ambulatorios de nuestros pueblos, porque no quiero que se abandonen y destruyan nuestra agricultura y ganadería, porque no quiero que siga habiendo ERES en las pocas industrias que ya nos quedan o que se abandone la creación de otras nuevas.

Soy radical porque quiero poder tener un trabajo y una casa en mi tierra, porque quiero tener un futuro en el Reino sin estar siempre pensando qué será lo próximo que nos quitarán.

Soy radical, porque quiero que todos los salamanquinos, çamoranos y llïoneses que no están hoy aquí dejen de vivir avergonzados, quiero que levanten la cabeza y recuperen, de una vez por todas, el orgullo.

Y, sobre todo, soy radical porque no quiero que me llamen nada raro ¡YO SOY LEONESA!

Nuestro pueblo se ha rebelado siempre contra el invasor, desde los astures hasta en 1808, esta es la hora de que lo hagamos otra vez.

¡LEONESES!

¡LA PATRIA ESTÁ EN PELIGRO!

¡FUERA LOS TRAIDORES!



VIVAN LOS HÉROES LEONESES

VIVA EL REINO DE LEÓN

PUXA'L PAÍS LLÏONÉS!!!

lunes, abril 25, 2011

Manifiesto del 24 de Abril de 2011 - Javier Emperador

HOMENAJE A LOS HÉROES LEONESES

Leoneses, la Patria está en peligro: Fuera los Traidores

En este domingo de Resurrección de 2011, en que lamentamos tantas suspensiones de diversos actos procesionales debido al mal tiempo reinante, los leoneses aquí reunidos, y los que nos acompañan en espíritu desde la diáspora, podemos decir, parafraseando a Felipe II: “No enviamos nuestras fuerzas a luchar contra los elementos”, pero no son los elementos los responsables de la situación en que se encuentra nuestra tierra.

Este acto de homenaje a los Héroes Leoneses, a todos aquellos que a lo largo de nuestra historia lucharon y luchan por defender nuestras tierras y nuestras costumbres frente a los invasores, es también un acto reivindicativo y una suerte de llamada a la unidad de acción de todos los colectivos que en uno u otro momento, pelean, desde su pequeña parcela, por el mantenimiento de los derechos leoneses, por la cultura, por la identidad, por la historia, por la lengua.

Como estoy seguro recordareis, no es la primera vez que en este acto de Homenaje organizado por
ComunidadLeonesa.ES se inicia la proclama con la frase que acabamos de citar y es lamentable que, cual “Pepito Grillo” tengamos que lanzarla, periódicamente, ante los ataques, en todos los frentes, que recibimos:

Llámense Sama-Velilla, Directrices de Ordenación del Territorio o Estación de San Glorio.

Llámense Facultad de Medicina o Instalación de la segunda unidad de fecundación in vitro en la misma ciudad en que está instalada la primera, con lo que todas las parejas que necesiten dicho tratamiento se ven obligadas a desplazarse con el gasto consiguiente.

Llámense Traslados del Polvorín de Cuadros y de los Talleres de RENFE con la pérdida de más de 140 empleos directos y los consiguientes indirectos en cascada.

Llámense Cierre de la presa de Riaño (de la que el próximo año se cumplirá el 25 aniversario) o Trasvase del Esla al Carrión, o llámense los ataques a una de nuestras instituciones más señeras que ha sobrevivido a través de los siglos, como son las Juntas Vecinales, nombre actual de nuestros ancestrales Concejos, que molestan, y mucho, por su carácter independiente de las autoridades políticas y por estar al servicio de la comunidad a título gratuito.

Y todo lo citado es solamente una muestra de tantos y tantos agravios como llevamos soportando desde que hace veintiocho años se inventaron una división territorial en la que se nos trata como si fuéramos una colonia a la que explotar.

Como en diversas ocasiones han dicho los que me precedieron en esta Tribuna, son nuestros políticos quienes debieran estar defendiendo nuestros intereses, los de su tierra y los de sus votantes pero, parafraseando en esta ocasión al tango, parece que 203 años no son nada, que no aprenden de sus errores y que de nuevo debe ser el pueblo leonés, como sucediera aquel 24 de Abril de 1808, el que lance el grito de la rebelión.

Es hora de que la sociedad civil EXIJA a los políticos su implicación real en la defensa del Reino de León, más allá de las promesas vanas que hacen cada cuatro años, y que, sistemáticamente, incumplen, una vez pasada la cita electoral.

Cuéntennos lo que han hecho para defender esta sufrida tierra que no merecen representar y no nos hablen de promesas vacías que lo mismo nos da que se llamen Biomédica o Reapertura de la Vía de la Plata, Escuela de Pilotos o Plan del Oeste.

Y a todos los leoneses de nacencia y de querencia que escuchéis este Manifiesto tengo que deciros que es hora de luchar unidos por nuestros derechos y por nuestro futuro, que cuando nos unimos podemos conseguir nuestros fines y que acabamos de tener una prueba de esto con LANCIA. La Comision Territorial de Patrimonio ha recogido nuestros argumentos porque nos movilizamos para salvar no unas “piedras viejas”, como algunos se empeñaban en decir, sino una parte importante de nuestra historia y de la historia universal.

Esta victoria que hemos conseguido, es solo la primera batalla, importante sí, porque sin ella el camino estaría cortado, pero solo el inicio puesto que ahora tenemos ante nosotros el desafío de conseguir que Lancia, el yacimiento astur-romano de Lancia, sea excavado, musealizado, puesto en valor y dado a conocer al mundo y todo ello sin olvidar las ruinas que han aparecido en Puente Castro, sobre las que también pende la espada de Damocles del pseudo progreso que supone la destrucción de la historia y la cultura para pasar sobre ella una infraestructura que puede, perfectamente, pasar por otro sitio. El progreso puede y debe ser compatible con la conservación y mantenimiento de nuestros valores patrios.

Tenemos un amplio y glorioso pasado romano y mientras turistas de todo el mundo viajan a otras latitudes para conocer dicho pasado, aquí destruímos los restos que, convenientemente tratados representarían una industria turística pujante, un revulsivo económico para la zona y la creación de puestos de trabajo de los que tan necesitados estamos.

¿Cómo es posible que los políticos, que en breve nos venderán humo durante la campaña electoral, sean tan ciegos que no se percaten de que una fábrica de pantalones, por ejemplo, se puede deslocalizar pero un yacimiento arqueológico sólo puede visitarse en el lugar en que estuvo ubicado?

Así pues EXIGIMOS a las administraciones que hagan en nuestra tierra las mismas inversiones que hacen en la región vecina, que nos subyuga y trata de anularnos. La diferencia de tratamiento a los monumentos leoneses, el agravio comparativo que esa desigual de trato presupone, es la demostración palpable de que no nos encontramos ante una comunidad, siendo así la administración la primera en demostrarlo.


Leoneses la Patria está en peligro. MUERAN los traidores

También en aquel 24 de Abril de 1808 se oyó esta frase, mucho más contundente que la primera con que iniciaba el Manifiesto.

Ni qué decir tiene que nunca propugnaremos la violencia, pero sí quiero evocar desde esta Tribuna una institución existente en el mundo clásico como era la Muerte Civil, por la que, ante determinados crímenes, el responsable era apartado del mundo, siendo privado de sus derechos civiles y considerado, a todos los efectos, como fallecido.

¿Qué mayor crimen que traicionar a la tierra y a las gentes que se debe defender? Si actuásemos así con todos los traidores a su tierra, a sus paisanos y a nuestro futuro, demostrándoles con nuestro desprecio lo que pensamos de ellos, negándonos a llamarles por su nombre y, sobre todo, a apoyarles con nuestros votos, ciertamente se verían obligados a cambiar.

No estamos dispuestos a seguir aceptando sacrificios, no estamos dispuestos a seguir aceptando supuestas razones de estado y sobre todo, no estamos dispuestos a que siempre nos engañen invocando la solidaridad, hermosa palabra desvirtuada por gentes que desconocen hasta su significado, ya que si siempre va en el mismo sentido, no es solidaridad sino abuso por parte de unos y sumisión por parte de los otros.

Los leoneses hemos demostrado hasta la saciedad nuestra solidaridad que nos ha llevado a los últimos puestos de renta per cápita de España por lo que ahora EXIGIMOS que los demás sean solidarios con nosotros pero fieles al refrán de “Ayúdate y Dios te ayudará” os animo a defender, en todo tiempo y lugar, nuestra identidad, nuestra cultura, nuestra historia, nuestra lengua y el derecho a llevar con orgullo nuestro nombre: LEONESES, sin añadidos recientes que ni podemos ni queremos compartir.


VIVAN LOS HÉROES LEONESES
VIVA EL REINO DE LEÓN.
VIVA EL PAÍS LEONÉS

martes, abril 27, 2010

Manifiesto del 24 de Abril de 2010 - Camino Alonso

HOMENAJE A LOS HÉROES LEONESES

Muchos de los están aquí hoy pueden ser visitantes de la ciudad y no sabrán el por qué de este acto. Estamos aquí para homenajear a los héroes leoneses que durante toda nuestra historia han luchado por defender estas tierras de sus invasores. Y como a todo acontecimiento hay que ponerle una fecha, pues en León para homenajear a estos, se tomo como ejemplo a unos héroes y su valentía que hicieron posible el levantamiento del 24 de abril del 1808 por parte del pueblo leones contra los franceses invasores.

No entraremos en si fueron los primeros que se levantaron en toda España siendo un referente a nivel nacional, que si lo fueron , solo les pondremos de ejemplo de lucha en defensa de una tierra, LA LEONESA.

Es un orgullo que ComunidadLeonesa.ES nos pidiera leer este manifiesto en memoria de los héroes que desde el principio de los siglos el pueblo León ha tenido y tendrá. No estoy aquí por ser Camino Alonso, trepaliense de nacimiento, montañesa de adopción y leonesa de sangre y corazón. Estoy aquí para representar a un grupo de leoneses que no tienen miedo y que están luchando contra el invasor de nuestras tierras, esta lucha está haciendo cambiar algunas de las cómodas posturas que muchos de nuestros políticos han mantenido en el tiempo. Y les ha obligado a tener que demostrar su postura y esto les incomoda a muchos de ellos, pero sintiéndolo esto les va en el cargo.

202 años después esta estirpe de valientes leoneses tiene que seguir defendiendo sus territorios ante los invasores, ahora no se llaman franceses, se llaman empresas eléctricas, intereses nacionales, intereses económicos, intereses autonómicos, intereses políticos en definitiva.

Este invasor, aquí y ahora, se llama Sama-Velilla y los ciudadanos de León se han tenido que levantar en armas de nuevo.

Nuestros políticos tendrían que estar defendiendo los intereses de estos sus votantes y de este su territorio, pero parece que dos siglos no son nada y no aprendemos de nuestros errores.

Pero una vez mas, y desgraciadamente no será la ultima, el pueblo de León tiene que tomar las riendas de su destino y su futuro y seguir hacia esta lucha que ahora nos ocupa. Y que no es otra que la defensa de la montaña de León.

Estos instigadores y promotores del proyecto se imaginaron que éramos pocos, mayores y tal vez un poco tontos pero no pensaron en los genes que llevamos los leoneses.

Somos un pueblo tranquilo con su destino, pero cuando el llamamiento de la tierra se mezcla en nuestra vida salen a flote nuestra sangre inconformista y guerrera que nos hace valientes y combativos ante las adversidades y los invasores.

Y hete que en estas tesituras estamos, luchando por el futuro de León, luchando por el futuro de sus gentes.

En el año 1808 fueron los franceses, los que hicieron de mecha para la lucha, en el año 2005 fue el proyecto Sama-Velilla que esta siendo, como ya lo fue en el año 1808 el levantamiento, un referente a nivel nacional.

Ahora la lucha es en contra de estos proyectos destructores y de estos invasores del territorio.

Solo amando León y su territorio podemos entender este coraje para defender lo nuestro.

Dice un eslogan publicitario que ser español es un orgullo, pero ser leones un TITULO y desde aquí tenemos que ratificar ,que si, que es así.

Que los leoneses, ahora mismo, nos creemos León y su progreso, amamos nuestra tierra y queremos defender lo que los invasores de hoy en día pretenden arrebatarnos, nuestro futuro, nuestra identidad y nuestro desarrollo.

Llámese DOT, llámese Sama-Velilla, llámense franceses, llámense políticos……..

La lucha ha comenzado de nuevo en las tierras de León y sus gentes saben lo que quieren para sus hijos y sus nietos. Quieren el legado que a ellos mismos les fue entregado por sus padres y abuelos, quieren su amada tierra.

Yo solo se hablar desde el corazón y desde mi corazón os digo que algo esta cambiando en esta tierra, que esta despertando de un largo letargo de años y que veo día a día como ese espíritu combativo de nuestras gentes esta naciendo y creciendo.

La frase del 1808 fue ”guerra al invasor” y dos siglos después seguimos en lucha, uncidos al yugo castellano. Los mismos que entonces no nos preguntaron, ahora vuelven a esgrimir asuntos de estado y nos exigen sacrificio, otra vez. Pero aquí seguimos, a pie firme. Vengan eléctricas, vengan administraciones, vengan políticos… Es nuestro sino: tenemos que ser héroes para poder ser leoneses. VIVA LEÓN.

sábado, abril 25, 2009

MANIFIESTO DEL 24 DE ABRIL DE 2009 - Carlos Santos de la Mota

A PIE DE TRINCHERA


Sobre esta o parecidas tribunas en días como hoy donde un hito nuestro de un leonés de Vidanes con un puñado de paisanos provocó una de las primeras reacciones contra la invasión francesa, se han venido diciendo, para argumentar esa digna sublevación, todo tipo de nombres y datos. En mi ánimo, sin embargo, no buscaré la apoyatura a mi alocución en los argumentos que sostienen la festividad de este momento. Más bien emplearé el tiempo y el lugar que se me ofrece para mi pequeña sublevación, sí, para ir contra una nueva ocupación más reciente, más inesperada y hasta más dañina. Me estoy refiriendo, lógicamente, a este negro destino al que algunos alumbrados nos apuntaron o apuntalaron allá por los albores de 1983 y las desidias y torpezas que le precedieron, queriéndonos ayudar, en principio, para acabar preparándonos el sarcófago destinado a las identidades que se han querido matar prematuramente, alevosamente.


Probablemente se critiquen mis palabras en defensa de la identidad, a estas horas, dirán algunos, cuando ya tantos reveses nos llevan torciendo y empobreciendo, y ya distintas fuerzas sociales, económicas y no digamos las políticas han parecido rendirse sin haber llegado hasta el final en el objetivo, pero si algo sustantivo debe tener un pueblo, primero y antes de nada es la identidad, base y fundamento de caminos posteriores. De hecho la situación que se padece hoy en toda nuestra región leonesa, valorada en ramificaciones diversas, está claramente derivada de esta falta de sentimiento de pertenencia.

Paisanos leoneses, hoy el malestar que incomoda y perturba nuestra paz y la concordancia de nuestra simpatía de pertenencia al pueblo que nos acoge, no es transfronteriza, no es una invasión extranjera, no han sido extraños los que han venido a ocupar el lugar ya ocupado. Si cabe, esta nueva invasión, por incomprensible y quizá hermana, haya dolido más que ninguna otra. Y excluimos de este pecado a los castellanos, a los dignos castellanos que como nosotros también han sufrido la nueva y lacerante horma.


Castilla y León (me cuesta pronunciarlo porque no estoy acostumbrado), dicho así y en estos límites que se han dado, no existe, porque desde un principio fue un fraude convenientemente silenciado, cómplicemente consentido y déspotamente impuesto. Lo diga quien lo diga. Y si se buscan raíces antropológicas para agarrarse a asideros como hilos conductores en pos de una razón, se empecinarán más en su equivocación. Eso que algunos llaman hoy “Castilla y León” (además el orden no es casual), nada tiene que ver con el León y la Castilla de siglos anteriores, ni con la corona de Castilla, por supuesto. Lo que estos nuevos necios llaman de esa manera es una apropiación nominal que no les corresponde, sujeta a los límites que ellos y sus caprichos o veleidades les sugirieron, pero que no se sujetan con criterios objetivos ni históricos. Hace unos días revisaba yo prensa vieja y daba con una explicación peregrina. Escribía alguien de quien no puedo acordarme que hoy los límites de Castilla y León respondían al “territorio más castellano-leonés”. “Hoy”, escribía, ¿es que ya existía Castilla y León antes y por lo que se infiere mucho más amplia? Y yo me preguntaba que cuál sería ese territorio así denominado como unidad territorial. De todas formas si eso fuera así estaba reconociendo implícitamente que los territorios de hoy no se corresponden con los de ayer. Pero hay más. ¿Unos u otros terrenos son más legítimos o menos, más genuinos, más auténticos unos en detrimento de otros? ¿Con qué desfachatez se mide eso? ¿Cuáles y dónde están los “menos castellano-leoneses”? ¿Hasta dónde llegaba la Castilla y León de “antes”? ¿A santo de qué se pervierten los asentamientos humanos clasificando a unos y a otros como “más puros” por estar aquí y no un poco más allá? ¿Es más León la calle Ordoño que Trobajo del Camino? ¿Más leonés un maragato que otro de la Tierra de Campos? ¿Más uno de León provincia que otro de la provincia de Salamanca o de la también hermana Zamora? Yo creo que no. Radicalmente, no. Necios, aunque más que necios son simples y cortos, o en su defecto malintencionados, o quizá necesitados de escribir al dictado.


Paisanos, me ahorro decir que hay pueblos en España a los que todavía no ha llegado eso que llaman democracia. Y esos pueblos son las tierras de León y también las tierras de Castilla. Como un frontón oscuro de futuro nos levantaron un impedimento de desarrollo duro y trágico allá por 1936, y a fecha de 2009 (bien es verdad que otros perros pero con los mismos collares) algunos aún estamos intentando saber cómo saben las libertades, o cómo el Estado vía Constitución reconoce a los pueblos que le falta por reconocer.


Y nuestros dóciles políticos, todos, ¿debajo de qué mesas se hallan escondidos, como miedosos conejos, huidizos y asustados, o en qué estampida huyeron en busca de ser los primeros en alcanzar la obediencia? ¿Es que no se les cae la cara de vergüenza? La región leonesa existe, lo saben perfectamente, es legalmente real. No está abolida, y libre Dios a aquél que intente hacerlo, porque quedará estigmatizado para siempre dentro de la sociedad como un manchón negro y penoso. Recuerden si no al de Santa María del Páramo por su contribución a esta desnudez identitaria. ¿A qué raquíticas y descompuestas conclusiones llegaron para no hacer con esta región lo que con otras regiones hicieron otros? ¿Qué mano les mecía?, y eso es lo malo, si les mecía alguien y no sabían ser ni siquiera ellos mismos. ¿Qué miedos les ataban? ¿La manida salvación de España, otra vez? Hipócritas, incompetentes y hasta inconsecuentes.


Y los intelectuales, ¿a qué aulas de formación de cursillos rápidos asistieron que obraron en ellos un reciclaje pronto capaces de acomodar lo que el curso de la historia niega? ¿No hay en nuestra propia historia argumentos suficientes para tener el reconocimiento político y administrativo como pueblo diferente y diferenciado? Y hasta incluso para la constitución de un Estado con nuestros hermanos celtas. Y ahora tenemos que sus cátedras o sus diplomas o sus profesorados sólo sirven para enmarcar o para ir en ayuda y defensa de la dictadura que dicten los nuevos dictadores. A eso se le llama servicio o mayordomía en la más servicial acepción del término. Haber estudiado tanto para al fin no levantar la mente, o la inteligencia, o la capacidad integral un poco por arriba del baboseo que se dejan cada día en cada acción, haber estudiado tanto, decía, de poco les ha servido o mucho se han de limpiar si un día se quieren quitar la broza ilógica de la que se rodean y con la que se ensucian.


La sociedad leonesa, el pueblo de esta región está en una situación de desamparo y abandono por parte de casi todos. Casi que los invasores y su ejército de acólitos interno lo han conseguido. Por lo visto sólo los más humildes ciudadanos y alguna excepción de los que podríamos llamar situados en pedestales superiores de distintas ramas laborales, se mantienen en esta trinchera con sus pocas armas pero con su mucha munición de verdad y razón gritando a la justicia que la justicia se asome alguna vez. Seguiremos. Nosotros tampoco capitulamos. Entre este desierto de comprensiones y justicia legal, y entre este oasis de prepotencias y abusos, hay un pueblo, nuestro pueblo porque no tenemos más, el legítimo pueblo leonés que ha sido expuesto al olvido o a la desfiguración. Recordaremos que este negro paréntesis se abrió, se nos dijo, por razones de Estado, y cuando los presuntos peligros ya no están, entre otras cosas porque nunca estuvieron, los políticos lo asumen por haber perdido la memoria con su irresponsabilidad y caradura habituales, y los intelectuales lo bendicen no sólo con el silencio en algunos casos, sino haciéndose cómplices de participación entusiasta. A algunos, quién les ha visto y leído, y quién les ve y les lee. Tenga la sociedad civil y los aficionados a políticos y los que inicien brecha en su preparación intelectual, tengan todos aquellos en los que todavía arda el orgullo de este sentimiento de pertenencia a una tierra, llámese leonesista o simplemente leonés; tenga la sociedad, decía, la memoria bien alimentada y fresca, para que cuando le toque escoger representantes no olvide a los que olvidaron, ni a los que engañaron, ni a los que traicionaron, ni a los que prometieron, ni a los que viven utilizando al pueblo para convertirse en vividores al uso, como tantos, e ineficaces, también como tantos. Y sea también inteligente la sociedad y no se esclavice con siglas políticas. No hay nada más infiel ni actitud más torpe en la ciudadanía.


No quiero terminar con un ¡viva León! porque siempre he tenido la sensación de que decir esto acusa un presentimiento de inercia regresiva. Y no creo que las tierras de León estén en ese proceso de finitud. Más bien creo que están en el lógico letargo provocado por este nuevo narcótico de serviles al servicio, y acogotado, y apabullado y acosado por tantos y tan distintos medios y mecanismos a la mayor gloria de la imposición. Por eso mi grito tan sólo se limitará a decir: ¡Espabila, León! ¡Levántate!


Muchas gracias.


Carlos Santos de la Mota

León, 24 de Abril de 2009

viernes, abril 24, 2009

MANIFIESTO DEL 24 DE ABRIL DE 2009 - Alfredo García

MANIFIESTO

"24 DE ABRIL , DÍA DE LA INDEPENDENCIA, Y DEL HOMENAJE A LOS HÉROES LEONESES"


Leoneses, ¿por qué estamos hoy aquí?...

Un año más venimos, convocados por "Comunidad Leonesa.ES", un colectivo de ASOCIACIONES CULTURALES preocupadas por la historia, la lengua, la cultura y la identidad de esta tierra añeja. La llamada, y la razón de nuestra presencia aquí, se pueden resumir en cuatro titulares:

1.- Día 24 de Abril de 1808
2.- Día de la Independencia
3.- Homenaje a los Héroes Leoneses
4.- 24 de Abril de 2009, ¡Hoy!



1.- Día 24 de Abril de 1808:

Hace dos siglos y un año más, tal día como hoy era domingo. Para algunos ese día León fue la primera ciudad de España en levantarse contra las tropas de Napoleón. Hoy vuelven las discusiones y las discrepancias sobre si esto fue verdad o no. No buscamos la polémica, que tiene mucho de guerra. Porque ahora, ¿qué más da que León fuera la primera ciudad en sublevarse contra el invasor, o lo fuera Aranjuez (28 de marzo); o Burgos, con sangre (18 de abril); o Madrid, sangriento, sanguinolento y sanguinario (el día 2 de mayo). Lo importante fue que el corazón de los leoneses estaba sublevado:

* contra los que querían invadir nuestra patria, quitando y poniendo reyes;
* contra los traidores, que violaban la fidelidad y la lealtad, al ponerse al servicio del enemigo;
* contra los pusilánimes, que estaban faltos de ánimo y valor, y se dejaban dominar por el miedo, el apocamiento y la cobardía.

Repito: ¿Qué más nos da? Porque puestos a ser los primeros no nos va a ganar nadie: Mil años atrás, otro leonés, en sus hazañas,- otro héroe olvidado -, Bernardo del Carpio, hacía este llamamiento:
Escuchadme, leoneses, los que os preciáis de hijosdalgo,
de padres libres nacisteis, y al buen rey Alfonso el Casto
pagáis lo que le debéis por el divino mandato;
mas no quiera Dios del cielo que a los decretos de extraños
obliguéis los vuestros hijos, gloria de vuestros pasados.
Dé el rey su oro a los franceses, mas no les dé sus vasallos,
que en mermar las libertades no tienen los reyes mando.
No consintáis que extranjeros hoy vengan a sujetaros;
y aquel que con tres franceses no combatiere en el campo,
quédese, y seamos menos, aunque habemos de igualallos.

Después, se fue a Roncesvalles, a parar los pies a otro "emperador francés, que asomaba con gran saña...". Siendo un niño, aprendí de memoria un precioso romance, que luego he sabido que había compuesto Ventura Ruiz Aguilera en 1847. Comenzaba así:

- ¡Cuéntame una historia, abuela!

- Siglos ha que con gran saña,
por esa negra montaña
asomó un emperador.
Era francés; y el vestido
formaba un hermoso juego:
capa de color de fuego
y plumas de azul color.

- ¿Y qué pedía?

- La corona de León.

Bernardo, el del Carpio, un día
con la gente que traía,
"¡Ven por ella!", le gritó.
De entonces suena en los valles
y dicen los montañeses:
- ¡Mala la hubisteis, franceses,
en esa de Roncesvalles!
....

2.- Día de la Independencia:

Sólo voy a decir lo que encontré en el diccionario, cuando busqué esta palabra:

independencia (falta de dependencia):
autodeterminación, libertad, entereza, personalidad, rebeldía, emancipación, autonomía, autogobierno, carácter, autosuficiencia, neutralidad, individualización...

3.- Homenaje a los Héroes Leoneses:

La procesión que ha precedido a esta reunión ha partido de la Plaza de San Marcelo. Yo hubiera preferido que naciera en la calle "Héroes Leoneses". ¿Sabéis dónde está? Justo detrás del Hotel Alfonso V, el Rey que nos dio, en el año 1017, el Fuero de León. Es una callejina que va de la Avenida Gran Vía de San Marcos a la calle del Padre Isla (o al revés). Es una calle bien "cortina". Se ve que en León andamos escasos de héroes. O que somos poco dados a los homenajes a lo nuestro, y a los nuestros, que es peor.

De lo que podemos llamar "revolución leonesa", alrededor de la primera fecha que hemos mencionado, podríamos nombrar a varios "héroes". Para reconocer su valor, para homenajear su recuerdo, y para seguir sus ejemplos de ciudadanía:

- Por ejemplo, Luis de Sosa Tovar (nacido en Vidanes)

Luis Pelayo Ramón de Sosa o Luis de Sosa y Tovar, nació el 2 Julio 1772, inscripto folio 85 libro bautismo de Vidanes.
Padrinos Juan Puñeyro, Cura Parrocho del lugar de Fuentes de Peña Corada, y Dorotea Morán. Testigos Don Bizente de Sosa y Ana Sánchez de Grandoso.


- Por ejemplo, el irreductible húsar Tiburcio Fernández Álvarez, que luchó en el sitio de Astorga.


- Por ejemplo, el estudiante Isidro Valbuena, que murió tras llevar hasta La Coruña la noticia del levantamiento leonés.

- Por ejemplo, los 60 héroes leoneses (¡algunos cuentan que fueron cien!), que se enfrentaron a las tropas francesas dominantes en la ciudad de León, en el Corral de San Guisán, y que perdieron la vida para alcanzar la gloria...


- Y a todos los héroes anónimos que han sido y son.

4.- 24 de Abril de 2009, ¡Hoy!:

¿Por qué estamos hoy aquí?

Primero: Otro hito histórico importante para León fue el año 910. El próximo año 2010, los leoneses (de todo el Viejo Reino), queremos celebrar el 1100 Aniversario de la Fundación del Reino de León, que abarcaba Asturias, Galicia, León, Zamora, Salamanca, la “Extremadura leonesa”, y el Norte de Portugal, hasta salir al mar.


Hace varios meses (años tal vez), algunos de esta tierra hemos pedido - ¡y ofrecido nuestra colaboración! - para celebrar, como es merecido, este acontecimiento. Hace tan sólo dos meses los virreyes actuales (o los cancilleres de Valladolid), se reunieron en la Real Colegiata de San Isidoro de León para pensar "concienzudamente" qué hacer, quién, cómo y porqué. Al final de la reunión se dijeron que estaban encantados de haberse conocido, y que se reunirían otra vez, pasado un mes... No lo han hecho. Y quizás sea así mejor. Porque de patriotas leoneses y de "héroes" (y hasta de silenciosas heroínas), tienen bien poco. A los hechos nos remitimos. O a la falta de los hechos, (que son los amores)...

Segundo: Conviene recordar que otras fechas primordiales, cargadas de historia, de cultura y de identidad leonesas son:

-

- Hace 990 años (1017-1020): La dotación del Fuero de León por el Rey Alfonso V.

- Hace 820 años (1188): La creación de Las Cortes Leonesas, reinando Alfonso IX.



- Hace 791 años (1218): La Fundación de la Primera (¡otra vez la primera!) Universidad española en Salamanca (del Viejo Reino)... ¡que ya es cultura, ya!


Tercero: Hoy, dos siglos y un año más, después de la fecha que recordamos:

* nos invaden desde dentro, para no dejarnos crecer. Ya lo decía el Padre Rafael Vélez en 1812: "Peleamos aquí con enemigos de afuera; pero los de adentro son aún más temibles". Y lo decía también Bartolomé José Gallardo, en el mismo año: "Yo no he dudado nunca que triunfaremos de los franceses; pero de nosotros mismos, ¿triunfaremos?".

* hoy nos quieren recortar la lengua, la historia, la cultura y la identidad; desde esa Cancillería retrógrada y pasiva. Y tenemos ejemplos a montones: libros de texto irrespetuosos con la verdad; oídos sordos a nuestras necesidades en Patrimonio (¡de eso podría decirnos mucho San Miguel de Escalada, por ejemplo, cómo no!).

Por eso, y por muchas razones más, estamos hoy aquí.

¡¡¡Leoneses!!!:
Hoy, 24 de Abril,
Día de la Independencia,
y del Homenaje a nuestros Héroes...
Gritemos juntos:

¡¡¡Viva León!!!


lunes, mayo 26, 2008

jueves, abril 26, 2007

PROCLAMA DEL 24 de Abril de 2007

A continuación, y para conocimiento de quienes no pudieron acudir al Homenaje de hoy a los Héroes del 24 de Abril y a todos los Héroes Leoneses, copiamos el Manifiesto, escrito y leído por nuestro compañero Hermenegildo López, Secretario de ComunidadLeonesa.ES.

Leoneses, la patria está en peligro. Fuera los traidores

Tres años ya que desde ComunidadLeonesa.ES venimos amplificando el eco de este grito, casi atávico, en el corazón de los leoneses, aprisionado entre los jirones de venerables piedras convertidas en recuerdos, nostalgias y pálpitos;

15 años ya que un grupo de locos visionarios inaugurábamos, ante la sorpresa de muchos y la incomprensión de casi todos, amparados por el Arco de Puerta Castillo, abierto al horizonte de resonancias cántabras y bajo la protección de D. Pelayo, espada en alto, este sencillo acto de homenaje a los héroes de la Guerra de la Independencia,. Y en su nombre, justo es dejar constancia, representando a otros tantos leoneses, hoy olvidados, pero que han tejido la red que nos aprisiona en lo que somos y en lo que sentimos;

30 años ya que, en una mañana en la que León, como el resto del país, se desperezaba de una larga pesadilla, destacaba, sobre el fondo grisaceo de la rutina provinciana, una siembra de purpuradas, eso sí, aún en blanco y negro, con la frase que seguimos haciendo nuestra, pues, en efecto, “sin esperar por nadie León gritó, fuera el invasor”;

199 años ya de la constancia de unos hechos memorables, envidia para celosos compulsivos, escándalo para interpretadores bien pagados y vergüenza para medrosos y pusilánimes.
Dicen que los leoneses somos cazurros y testarudos, pero ¿acaso podríamos ser de otro modo?; ante nuestra dorada rutina y a lo largo de los años desfilan tozudos, presencias, recuerdos, centenarios y milenarios de otros tantos hechos de nuestra historia que nos inquietan y ante los que ya es imposible no tomar partido.

Cervantes, ayer recordado, escribió con acierto que “la historia es madre de la verdad”; quizá por eso, un año más, y en número creciente, prestando oídos a esa vieja madre, que por momentos, la estupidez del poder de los boletines intenta transmutar en madrastra, venimos a evocar, atentos, el grito de D. Luis de Sosa que supuso, un no tan lejano 24 de abril, el despertar de las conciencias y el principio del fin del mayor de los oprobios que puede sufrir una tierra: la pérdida de la libertad y la ocupación a manos de enemigos extranjeros.

Por eso, un año más, cumpliendo con el rito del recuerdo de unos hechos que a cualquiera de los pueblos de España llenaría de sano orgullo, venimos, en son de júbilo, a congregarnos al abrigo de este humilde pero esforzado e indómito corral de San Guisán; acaso para beber en un pasado de dignidad, tratando, seguramente, de aprender algo de aquella osada actitud, nacida, sin duda, de una conciencia colectiva de autoestima, tan alejada de actuales situaciones de servilismo que envilecen los espíritus y ahogan la dignidad.

Por eso, un año más, en esta larga cambiada al negro toro del olvido, los descendientes y herederos de aquellos esforzados y ¿por qué no decirlo? temerarios leoneses, seguimos invocando, como a milagroso amuleto, lo poco que quizá ya nos queda: el recuerdo del pasado y la admiración por los que nos precedieron. Ante ellos y ante la historia nos presentamos hoy, seguramente, un tanto confundidos y en cierto modo avergonzados por no haber sido capaces de seguir la senda que, con tanta claridad, nos había sido trazada.

Por eso estamos aquí porque no estamos dispuestos a permitir que sentimientos como el olvido, el desprecio o la ingratitud, más persistentes y destructores que el mismo polvo de los siglos lleguen a ocultar o prostituir los logros de nuestros antepasados y, con ello, a enmohecer nuestras conciencias. Renunciar al pasado es, no solo negar a los que nos han precedido y con ello nuestras propias raíces, sino que nos llevaría a ser consentidores y, por lo mismo, cómplices, de una peligrosa dinámica de enculturación con una clara renuncia a un devenir, unos usos, unas costumbres y, en suma, a una identidad heredada y con ella el sagrado deber de transmitirla.

En palabras de D. Manuel Azaña, “Una de las primeras cosas que hace en nuestro país cualquier movimiento político es cambiar incluso los nombres de las calles. Inocente manía, que parece responder a la ilusión de borrar el pasado, hasta en sus vestigios más anodinos, y apoderarse con ello del presente y del mañana...” ¡Ay, si solo fueran los nombres de las calles…! Nuestros nuevos jacobinos de medio hervor, que trafican hasta con las conciencias de los más pequeños e indefensos, pretenden emular, en materia histórica, al mismísimo caballo de Atila. ¿Cuántos de nuestros jóvenes o nuestros niños conocen los hechos que hoy evocamos? ¿Cuántos se atreverían a exhibir de nuevo aquel adhesivo que gritaba en púrpura “siéntase orgulloso de ser leonés”? El martillo pilón de una propaganda alienante cuyo resorte inapelable y monótono engrasan, curiosamente, nuestros dineros, suena insolente despótico y opresivo. Contagiado de un alarmante síndrome de Estocolmo, el pobre paleto leonés se cree sentir más instruido repitiendo, como papagayo descerebrado, huecos mensajes, vanas palabras e insulsos argumentos.

Yo os digo que no los creáis, que desconfiéis de sus afirmaciones, que receléis de sus argumentos y que os mantengáis alerta ante sus mentiras.

Cuando se acaban sus argumentos nos insultan y nos apremian a mirar al futuro; ¡pero si no hacemos otra cosa! El presente que nos ofrecen no es, ciertamente, para gritar de entusiasmo; eso sí, encararemos nuestro futuro sin renunciar a nuestro pasado, porque entendemos que no solo no es algo incompatible sino que es la única forma de enfrentarlo con garantías de éxito.

Pero, entonces, ¿qué fue lo que ocurrió realmente aquel 24 de abril de 1808 y por qué la placa que contemplamos fijada al muro refleja una fecha bien distinta? A la primera de las preguntas responde cumplidamente la octavilla que se os ha entregado; en cuanto a la segunda, los hechos, de forma resumida, se produjeron así.

Aquel 7 de junio de 1810 León estaba, de nuevo, en manos de los franceses. Algunos patriotas, reclutados para controlar los accesos a la ciudad, se habían puesto de acuerdo con un grupo de combatientes exteriores que pretendían, al amparo de las últimas sombras, liberar la vieja capital del Reino. Eran unos 60 valientes los que entraron por la puerta del Malvar, pero se enfrentaban a una guarnición francesa que les superaba claramente en número. El pueblo, sin embargo, se sumó a la refriega, enardecido y confiando en el éxito de aquella voluntariosa y comprometida empresa. Según relatan los historiadores, aquel motín supuso más una contrariedad que una ayuda y el resultado final fue que, tras varias horas de duros y encarnizados combates, los últimos combatientes cayeron, entre un fuego cruzado, en este mismo corral. La fuerza bruta había vencido, una vez más, pero aquellos valientes se habían ganado un lugar de privilegio en la historia leonesa, como lo recordará para siempre esta humilde pero sentida placa.

Esa es la historia de los hechos y no aquella otra versión interesada y ofensiva que ha llevado a ciertos personajes a calificarlos de “algarada, que el patrioterismo local se ha encargado de propagar”. Otra mentira, otra manipulación, una traición más que añadir a la ya interminable lista de agravios contra nuestra historia, nuestra lengua, nuestra cultura y nuestra identidad.

Rearmémonos de coraje, soplemos el rescoldo de nuestra autoestima y levantemos, sin miedo la voz, como aquel inolvidable 24 de abril de 1808.

Fuera, pues, los traidores, los insidiosos, los intrigantes, los desertores, los desleales, los falsos y los hipócritas. Cerrad la muralla también a los blandengues, a los timoratos, a los papanatas, a los fantoches, a los mentecatos y a los temerosos. Por la puerta del Malvar, por el compromiso en la defensa de lo que nos es propio, solo tienen entrada los valientes, los esforzados, los audaces, los atrevidos y los que siguen apostando por la utopía.

El pasado nos lo recuerda y el futuro nos lo demanda. VIVA LEÓN.

jueves, abril 27, 2006

Proclama del 24 de Abril de 2006

¡Leoneses! ¡La patria está en peligro! ¡Fuera los traidores!

Con estas palabras, eco de las pronunciadas por el Coronel D. Luis de Sosa, en aquella lejana mañana del 24 de Abril de 1.808, comenzó el año pasado nuestro querido compañero Hermenegildo el homenaje a aquellos héroes leoneses, olvidados por la historia.

En aquellos momentos, un puñado de leoneses, preocupados por la situación de abandono y ninguneo que vienen sufriendo tanto el Reino de León como sus ciudadanos por parte de las instancias oficiales, sean éstas autonómicas o estatales y cualquiera que sea el partido que las gobierne, intentábamos echar a andar un proyecto para unificar los esfuerzos de la sociedad civil leonesa, creando una Coordinadora de Organizaciones y Asociaciones Culturales y Ciudadanas.

Ha pasado un año y ComunidadLeonesa.ES (Coordinadora de Organizaciones, Asociaciones y Colectivos) es una prometedora realidad que, este año, asume la organización del homenaje a los héroes del 24 de Abril porque creemos que es la sociedad civil leonesa la que tiene que tomar la iniciativa en la defensa de León y lo leonés tan injustamente olvidados y preteridos.

¡Leoneses! ¡Hoy nuevamente la patria está en peligro!

En un no tan lejano 6 de diciembre de 1.978, los españoles, que salíamos de una noche de 40 años de dictadura, aprobamos, con gran ilusión y esperanza en el futuro, una Constitución que reconocía el derecho a la autonomía a las nacionalidades y regiones de España. Nadie sabía muy bien cómo se iba a articular el Estado autonómico pero nos lo “vendieron” como la gran apuesta por acercar la administración al ciudadano, la gran descentralización que iba a mejorar nuestra vida diaria y respetar nuestra cultura, nuestras raíces y nuestros derechos como ciudadanos.

Desgraciadamente, la realidad fue completamente diferente de como la habíamos soñado; con métodos antidemocráticos y caciquiles y sirviendo a inexplicados e inexplicables “intereses superiores” crearon una comunidad autónoma llamada de “Castilla y León” en la que, no solo se fueron enterrando, una tras otra, las esperanzas de los leoneses sino que, además, trataron de crear una “región” y una “identidad” destruyendo dos regiones y dos identidades históricas y gastando, sin duelo, pero con pocos resultados prácticos, ingentes sumas de dinero público para tratar de crear un inexistente sentimiento que ellos denominan “regional”.

Por otro lado, atentando, una y otra vez contra el espíritu y la letra de la Constitución, en esta comunidad inventada, cuantas más competencias se consiguen del Estado central, más se centralizan todos los servicios y más omnipresente se hace la Administración en nuestras vidas. No solo no se descentraliza hacia las Diputaciones y los Ayuntamientos sino que se preparan leyes con el único fin de acabar con la secular autonomía de nuestras Juntas Vecinales, uno de nuestros más innegables signos de identidad, aprovechando, si acaso, la ocasión para expoliarles sus propiedades.

¡Leoneses! ¡Fuera los traidores!

¿Cuál es la respuesta de los políticos “leoneses” ante esta repetida situación? Mientras sus compañeros de partido, en otras partes del país, apoyan importantes cambios estatutarios que pueden llegar a cambiar incluso el concepto de “nación”, en León no dejan de repetir que el “mapa autonómico está cerrado”; mientras tratan de convencernos de que “la moderna unión de dos territorios confiere a la comunidad resultante el carácter de histórica”, con el más absoluto de los desprecios por nuestra cultura y nuestra identidad, nos niegan hasta el nombre para inventar una denominación de nuevo cuño cual es la de “el Oeste”.

¿Cómo es posible llamar histórica a una comunidad inventada hace 23 años y, mal que les pese, sin ningún respeto por los usos y costumbres democráticos? ¿Por qué ese empeño en negar al Reino de León, su existencia y hasta su nombre, cuando se halla representado, sin embargo, en uno de los cuatro cuarteles del escudo constitucional español?

Conviene no olvidar tampoco que, en aquel lejano 1.808, cuando los diputados leoneses de la Junta Superior del Reino de León, se dirigían a Madrid para incorporarse al nuevo órgano de gobierno español (la Junta Central) fueron encarcelados, por orden del capitán general de Castilla la Vieja, en el alcázar de Segovia. En aquella ocasión la Junta Central ordenó liberar a los detenidos, acogiéndolos en su seno como legítimos representantes del Reino de León, rechazando así las pretensiones de la Junta de Castilla la Vieja y del Capitán General de Valladolid.

Ha llegado el momento de gritar un enérgico y decidido ¡Basta ya!; de aparcar las quejas de estos últimos años y de hacer lo mismo que hicieran antaño nuestros antepasados: Luchar por lo que es nuestro y que hoy se puede resumir en dos simples e importantes conceptos: nuestra identidad y nuestra cultura.

El Reino de León ha existido y existe y, lo que es aún más importante, los leoneses existimos y tenemos la firme voluntad de seguir existiendo. Por eso estamos aquí, para certificarlo solemnemente, ante los héroes del pasado y firmemente resueltos a defender lo que es nuestro. Se lo debemos a nuestros heróicos antepasados y a quienes nos sucederán pero, sobre todo, nos lo debemos a nosotros mismos pues si no tenemos la dignidad de defendernos seguiremos rodando por la pendiente del entreguismo y dejando los últimos jirones de nuestra autoestima.

¡Defendamos, pues, nuestra historia, nuestra cultura y nuestra identidad como pueblo! Tenemos un largo camino por delante. ¡Pero, sobre todo, no retrocedamos!

¡Leoneses! Gritad conmigo ¡Respeto para el Reino de León y su identidad! ¡AUTONOMIA LEONESA YA! ¡VIVA EL PAÍS LEONÉS!

sábado, octubre 15, 2005

Proclama del 24 de Abril (2005)


“Leoneses, la patria está en peligro. Fuera los traidores” En la soleada mañana de un 24 de abril de 1808, León iba a escribir, tras este grito, una página más de su historia gloriosa y dilatada. Un suceso verdaderamente memorable, que, “a pesar de su resonancia y grandeza, como escribiera Miguel Bravo Guarida, ya en 1903, casi se ha perdido en la memoria de las gentes e incluso ha sido negado por algunos autores de nuestros días”. Recordemos, sin embargo, el comienzo del famoso manifiesto del coronel D. Luis de Sosa: “¿Cuál de todas las provincias de España podrá disputar a la de León la gloria de haber sido la primera en alzar el grito del patriotismo y de la libertad?”

En efecto, una vez más “y sin esperar por nadie, León gritó, ‘fuera el invasor’”.

Así rezaban unos carteles que salpicaban, en púrpura, las paredes de esta ciudad, cuando España apenas se desperezaba de un sueño de 40 años. Era también un día como hoy, un 24 de abril, y se trataba, con ellos, de recuperar la memoria colectiva del hecho que hoy aquí nos concita.

“Fuera el invasor”: ese ha sido, quizá para nuestra desgracia como pueblo, un grito constante que han tenido que corear, muchas veces, nuestros antepasados. Pero la trayectoria histórica o legendaria de un pueblo no sólo está tejida de héroes, de batallas, de pronunciamientos, sino, y sobre todo, de voluntades, del deseo firme de pertenencia a una colectividad y del convencimiento profundo del derecho y el deber de defenderla, de seguir cultivando cada mañana eso que se podría denominar, pura y simplemente, “identidad”.

No se trata hoy y aquí de definir este término sino de reivindicarlo, de gritarlo a los vientos del presente y del futuro ante un hecho glorioso del pasado; precisamente ahora cuando, desde el poder de los boletines y repetido por el eco de huecas campanas, el nombre de León y el término de lo leonés parecen deber ser puestos en tela de juicio o tras las rejas de una duda que hace flojear los espíritus y quebrarse las conciencias de los más débiles o los más acomodaticios.

“Fuera los traidores”, repitió el eco que atravesaba estas humildes calles del barrio de Santa Marina la Real; pero este grito llevaba en sí mismo un virus de inconformismo que contagió de inmediato a toda la ciudad, hasta hacer doblegar las voluntades de los poderosos, de los supuestos representantes del pueblo que, aquí también, confundían la verdad oficial con la verdad real, la sociedad imaginada y tal vez deseada con la sociedad verdadera.

¡Y tuvo que ser otra vez el francés...! ¡Cuántas veces hemos oído y repetido aquella frase: “el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla!”

No pretendemos glosar ante ustedes unos hechos sobradamente conocidos pero sí conviene no olvidar que León, sí, unos antepasados nuestros tuvieron la gloria histórica de ser los primeros en manifestar claramente su oposición a quien pretendía apoderarse del reino. Aquel 24 de abril de 1808, día en el que, contraviniendo las órdenes que llegaban, tanto desde la capital, como desde Burgos o la chancillería de Valladolid, se proclama rey a Fernando VII, entre los vítores del pueblo y el tremolar del Pendón real.

Resuena, de nuevo, en nuestros oídos, la historia y nos transporta, varios siglos atrás, ante otro hecho, mitad real, mitad legendario (¿y por qué no?) del intento de poner a los pies de otro emperador francés, Carlomagno, el reino Astur-Leonés, apenas nacido. Y cuentan los romances que fue también un leonés, Bernardo del Carpio, el que lanzó aquel otro grito que que se recoge en el bellísimo romance VI del ciclo a este héroe dedicado.

“Fuera el invasor”, repiten los ecos de la historia, las piedras de nuestras murallas, los símbolos de nuestra identidad y los libros de nuestras bibliotecas. Pero ¿quién se atreve a escuchar hoy, ahogados por voces y ruidos discordantes, los gritos del silencio?

¿Quién se atreverá a reivindicar, entre nuestros héroes a aquellos que fueron, más tarde, fusilados por oponerse a los que habían invadido nuestra tierra? ¿Dónde estará el reconocimiento público para personajes como el irreductible húsar Tiburcio Fernández Álvarez, del sitio de Astorga, o para aquel joven estudiante Isidro Valbuena, portador de la noticia del levantamiento y que, como un nuevo Filípides, murió tras su vuelta a casa...? Que se llamaba, tal vez Francisco Martínez o tal vez Armendáriz... ¿Qué puede importarnos ahora? ¿No se rinden homenajes a héroes o soldados desconocidos?

Héroes desconocidos, peor aún, héroes ignorados son los que reclaman su lugar en la historia por medio de estos gritos silenciosos de piedras, ya viejas y cansadas de proclamar sus verdades.
No ignoraron los franceses, en sus acciones posteriores, que había sido, precisamente, de aquí de donde habían salido las primeras postas para alarmar a otras provincias limítrofes pero, como en tantas otras ocasiones, primero la infamia y luego la desidia vinieron a cubrir con sus velos de oprobio un hecho de la mayor relevancia.

La sangrienta jornada del dos de mayo en Madrid oscureció cualquier otro suceso, bien es cierto, pero también algo que hoy, por desgracia, conocemos y padecemos; en la actualidad se denomina manipulación. Un tanto más burda, es cierto, en el momento, porque, utilizando maneras más propias de una denostada Inquisición, el general Murat, al leer la proclama leonesa en la Gaceta de Madrid, mandó, según relatan los historiadores, quemar toda la tirada e imprimir otro número sin el parte de León. El crimen siempre deja huellas; hoy, en la Biblioteca Nacional, en el número 43 correspondiente a ese día de 25 de abril de 1808 se puede seguir leyendo la noticia del levantamiento de León.

“Fuera el invasor” gritaron, sin duda, aquellos 8.000 jóvenes leoneses que, según las crónicas, participaron ya en los enfrentamientos armados del 12 de junio en Cabezón y el 14 de julio en Rioseco, retirándose a la montaña, tras el descalabro sufrido en esta batalla. Pero, a la par que la guerra, también se trataba de reconstruir un país; por eso, de la forma más rápida que las circunstancias lo permitieron, comenzarán a constituirse las llamadas Juntas Provinciales, interpretadas por algunos historiadores como “una manifestación del ‘federalismo instintivo y tradicional’ del pueblo español que surge en circunstancias de gran peligro”.

Tampoco León podía quedarse atrás; en concreto, en esta ciudad, y en fecha relativamente temprana, se formó la Junta Suprema del Reino de León, el 30 de mayo de 1808, y el 10 de agosto se redactó y ratificó un Tratado de unión entre los reinos de León, de Galicia y de Castilla, como inicio de la formación de un gobierno de todos los reinos y provincias de la monarquía española.

No creo deber, sin embargo, hacer una enumeración pormenorizada de los hechos sino que he sido elegido, para glosarlos, como representante de la Asociación de vecinos de este barrio que muestra, a jirones de piel, la historia pegada a sus viejos edificios. Puesto que fueron ellos, sí, los vecinos de esta ciudad los que, de manera anónima, pero a una sola voz, lanzaron aquel grito de libertad que hoy recordamos con emoción y tal vez con nostalgia; con la nostalgia que produce el sentimiento de no haber sabido, quizás, honrar su memoria y sobre todo seguir su ejemplo.

“Fuera los traidores” en la madrugada del 7 de junio de 1810 y apoyados por algunos leales, una partida de 60 patriotas leoneses, entrando por la puerta del Malvar, iba a consumar el sacrificio supremo de su vida tratando de liberar la ciudad de la guarnición francesa que, en número muy superior, custodiaba la misma. Tras varias horas de duros y encarnizados combates, los últimos valientes fueron abatidos en este corral de San Guisán, entrando, por la puerta grande, en la historia leonesa, a pesar de las opiniones ¿sesgadas también quizás? de algunos que se han atrevido a calificar el hecho como “la algarada del corral de San Guisán (...) que el patrioterismo romántico local se ha encargado de propagar”. ¿Acaso tampoco tenemos derecho a reivindicar la cuota de heroísmo de nuestros antepasados? Cuando no se dispone de un Goya para pintar unos fusilamientos, no se puede inferir por ello que los mismos no existieron; peor aún, cuando se pierden o no se saben ganar las incruentas batallas de la vida de todos los días, otros parecen encontrar el derecho para reescribir o reinterpretar, a los dictados del poder, la historia de las mismas.

Gloria, honor y recuerdo, pues, a los leoneses que lanzaron el primer grito de libertad contra el invasor, dignos descendientes, sin duda, de aquellos que 620 años antes, en aquel recordado 1188, y no muy lejos de este lugar, habían comenzado a poner la primera piedra del edificio de una democracia parlamentaria que hoy disfrutamos.

Hoy no me atreveré a pediros, como D. Luis de Sosa, que repitáis el grito que aún renuevan los ecos de este corral; para terminar, únicamente solicito de vosotros que coreéis conmigo y con todo el sentimiento de vuestros corazones, ¡VIVA LEÓN!