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lunes, abril 06, 2015

Comentario amargo y dolorido a un Manual de Historia de España

Gran parte de nuestros problemas (ya se ha repetido en muchas ocasiones y es el Húsar bien consciente de ello) es la manipulación de nuestro pasado; manipulación de la que hemos sido víctimas, prácticamente, desde las primeras historias de España escritas ya en la Edad Media. En concreto, y por no citar más que una de las más devastadoras, la del ínclito Rodrigo Jiménez de Rada, Arzobispo de Toledo e incensador oficial de un Alfonso a quien vienen denominando el VIII cuando, en realidad, debieran hablar de Alfonso I de Castilla o, si hubiéramos de ser magnánimos en la interpretación, como mucho el tercero (eso sí, considerando que Alfonso VI de León fue Alfonso I de Castilla y el VII de León fuera el II de Castilla, aunque ninguno de los dos mencionaran a Castilla en su documentación). Pero vayamos a los hechos; hoy traigo a conocimiento de aquellos a quienes interesen estos temas unas breves frases / afirmaciones que se califican por ellas mismas, extractadas de un breve “Manual de la Historia de España” publicado (eso sí, sin nombre de autor) justo en los finales de la Guerra “incivil”, en 1939. Sin embargo, curiosamente, ese tipo de afirmaciones se han venido manteniendo tanto en las famosas enciclopedias por las que se estudió en España hasta hace unos 40 años, más o menos, como en los manuales posteriores o en los más recientes, convenientemente filtrados y adobados con los intereses de la autonomía que a cada uno le tocó en suerte, como ha sido nuestra particular situación, y ello debido (para que no se olvide) a unos, todavía inexplicados, “intereses de Estado”. ¡Mira que somos importantes!

No caben sorpresas, entonces; leyendo lo que se lee, uno no puede por menos de hasta comprender que, cuando un leonés informado, afirma algo en contrario, los demás le miran entre incrédulos y sospechosos… ¿Cómo se atreve este a contradecir lo que hemos estudiado todos y así se recoge incluso en todos los libros que conocemos?, se dicen. Eso cuando no te califican inmediatamente de “nacionalista, separatista y hasta de terrorista”. A muchos nos suenan este tipo de situaciones, incluso personales, ¿verdad?

De la época romana, por ejemplo, nada pareció ocurrir en los límites de lo que luego será León o la Región Leonesa; y ello a pesar de haber sido la capital militar del Limes occidental del Imperio, estar situada aquí la mina de oro más importante explotada por Roma o haber opuesto una feroz resistencia al invasor (fue Lancia y no Sagunto o Numancia, la que más tiempo resistió al romano invasor)…, entre otras consideraciones no menores.

Los visigodos y otros pueblos “bárbaros” tampoco parecen haber descubierto esta parte del territorio; olvidan (¡cómo no!) que al lado del Órbigo, por ejemplo, tuvo lugar la batalla que supuso la conquista del Reino Suevo por parte de Leovigildo y, por ende, la unión de la Península bajo el dominio de éste último.

 La batalla de Covadonga, como otras tantas cosas, es más que un relato histórico una bonita leyenda; algo esperable ya que aunque “los moros eran numerosísimos, el valeroso Don Pelayo y los suyos combatieron desde las alturas con tal ardimiento que los derrotaron”. Pero lo que sorprende es que “también por entonces se constituyó el reino de Navarra y se formó otro núcleo de resistencia cristiana por tierras de Aragón, en San Juan de la Peña, que es un santuario como Covadonga.” Reduccionismo tan absurdo sería digno de mejor suerte. En esos lugares la reconquista ni comenzó entonces ni se desarrolló de ese modo; pero qué bonitas son las leyendas y qué necesarias son para subir la autoestima de algunos pueblos…

La primera vez que aparecemos en ese manual de historia merece ser copiada enteramente: “Entre tanto, los cristianos habían ido bajando de las montañas, y en continua guerra con los moros procuraban ensanchar sus pequeños estados. Eran éstos el reino de Asturias, que había trasladado su capital a León y se empezó a llamar reino de León; el reino de Navarra y los condados de Castilla y de Barcelona, que se habían formado en esos años de lucha.” Ilustrativo ¿no? sobre todo si tenemos en cuenta que el reino nunca se llamó "de Asturias", sino "de los astures" primero y de Oviedo después.

Otra significada metedura de pata que los recientes historiadores han desenmascarado, pero que ha hecho fortuna y que no hay manera de sacar de la mollera de mucha gente… como tantas otras: “La vida en Córdoba era brillante y suntuosa, contrastando su magnificencia con la vida ruda y austera de los reinos cristianos, cuyas capitales eran poblaciones pequeñas, sin el menor lujo.”

Por el contrario, lean y sorpréndanse: “Los cristianos hacían una vida sencilla, dedicados solo a la guerra que se llama de la Reconquista, porque su afán era conquistar de nuevo los territorios nacionales que les habían arrebatado los árabes”. Y sigue: “Abderramán III, primer Califa de Córdoba, gobernó cincuenta años y venció muchas veces a los cristianos”. Un enorme olvido, aquí también: no cita ni al gran Ordoño II que le venció en Castromoros (actual San Esteban de Gormaz) ni a su hijo Ramiro II que destrozó su ejército en Simancas, en 969. Según muchos historiadores europeos fue la más importante de las batallas de la Edad Media… ¿Qué se pretende, entonces, ocultando estos gloriosos hechos llevados a cabo desde y por el reino de León? No busquen la respuesta; no tiene ningún sentido salvo que si se nombra a León puede que la importancia de Castilla disminuya en la misma medida que debe crecer la importancia del padre que le dio vida…

En la época de Almanzor ya se vislumbra el carácter que terminaron atribuyendo a los reyes de León, hasta en los comics de la Fundación Villalar: unos timoratos, cobardones y acomplejados. “Ante el impulso arrollador de los ejércitos de Almanzor, los Reyes y Condes cristianos se desconcertaron y el Rey de León huyó a sus montañas de Asturias.”

Pero, como no hay mal que cien años dure, muerto Almanzor, “el rey de Navarra, Sancho el Mayor, conquistó parte del reino de León y dominó además en Aragón y en Castilla. Pero al morir, repartió sus Estados entre sus hijos. Dejó Navarra a Don García, y convirtió en reinos el condado de Castilla, que dio a Don Fernando y el de Aragón que legó a Don Ramiro. En León reinaba por entonces Alfonso el Noble”. Semejante colección de bobadas es difícil leerlas en un párrafo tan minúsculo… Ni coinciden los hechos ni los tiempos; pero todo sea a mayor gloria de Castilla a quien han convertido en un reino algo que, ni siquiera Fernando haría hasta su muerte; pero ya está asentado el mito y ahora ¿quién lo desmonta? Años llevamos en el intento…

Pero insisten; “En esta época, es decir, hacia el año 1000, había por tanto en España los cuatro reinos cristianos de León, Navarra, Castilla y Aragón…” (…) “Fernando I de Castilla (¡qué ironía!, puesto que solo era un conde) se casó con una hija de Alfonso el Noble de León, la que heredó la corona leonesa (curiosa forma de explicar estos hechos incluso sin nombrar la muerte de su hermano Bermudo), de modo que Fernando I gobernó en León y en Castilla”. Evidente, pero es porque Castilla era solo un condado de León. De cualquier modo, nada sobre San Isidoro ni sobre el Panteón de Reyes, ni indicación alguna que venga a demostrar el poder del Reino más importante de esa época en toda la Península…

Dividida la herencia entre sus hijos (ahí sí que nace el reino de Castilla que durará únicamente 7 años escasos), “Sancho el Fuerte (más bien el Fanfarrón, diríamos algunos) puso sitio a la ciudad de Zamora, donde el traidor Bellido Dolfos lo mató por la espalda”. ¡Viva la parcialidad! ¿Traidor el que libera su ciudad matando al rey que la sitia y en la que comienza la población a morir de hambre? Valiente, más bien; héroe, como ha determinado ya hasta el Ayuntamiento de Zamora, cambiando el famoso “Portillo de la Traición” por el honroso “Puerta de la Lealtad”. Mas, ¿cómo lavamos después de casi mil años el honor de este valiente leonés a quien la historia ha tratado no solo de traidor, sino de paradigma de traidores?

Excuso al lector, por conocido, el relato de la Jura de Santa Gadea que, en opinión de los historiadores actuales, es una pura patraña; pero ¿qué se puede hacer para desmontar el mito? Lo que queda, además, es que frente a la valentía del Cid (que ni siquiera es considerado ya castellano), a la honestidad de este héroe (“qué buen vasallo si hubiese buen señor”), a la fidelidad del paradigma de caballero medieval (aunque se “olvidan” mencionar que dicho “modelo de caballero” alquilaba su espada y sus hombres a quien le pagaba, fuera cristiano o musulmán, en una versión medieval del auténtico mercenario, mucho menos heróico de lo que quieren hacernos creer), se nos opone a un rey, Alfonso, a quien hasta se describe, en determinadas publicaciones de la Junta que nos mantiene atados al redil, como un pusilánime, mujeriego, cobardica, timorato y hasta ñoño, a pesar de que la historia le denomina el Bravo, conquistó Toledo y se encontró con el marrón de tener que enfrentarse a los almorávides. Así se escriben las leyendas y se menosprecia la historia.

Curiosamente, sin embargo, un par de páginas más adelante, Alfonso VI de León ha transmutado en Alfonso VI de Castilla. A partir de ahí ya no vuelve a aparecer el reino de León hasta el reparto de la herencia de Alfonso VII, también según este panfleto infecto, Alfonso de Castilla. Incluso Urraca I, hija de Alfonso VI de León, condesa de Galicia antes de ser coronada como reina de León, que pidió ser enterrada en el Panteón de San Isidoro y que demostró fehacientemente su implicación con el reino de sus antepasados, es siempre nombrada Urraca de Castilla. ¡Viva la parcialidad!

Otro tanto ocurre con Alfonso VII a quien, como decimos, nombran siempre de Castilla, a pesar de que, al parecer ello podría venir a glorificar el siempre recurrente deseo de imperio español, pues no pueden ocultar que “se coronó en la ciudad de León con mucha solemnidad, titulándose emperador”. Cualquiera, medianamente curioso, se haría la pregunta por más obvia: ¿por qué vino a “coronarse” en León siendo, como afirman, rey de Castilla? ¿Y qué ocurrió realmente; se coronó solo? Ni se responde ni interesa la respuesta, naturalmente.

Es como en el famoso mosaico que representa a León en la Plaza de España de Sevilla, producto de aquella primera Exposición Universal. En el mismo aparece la siguiente leyenda “Alfonso VII de Castilla proclamado Emperador”. El pie de foto que hemos encontrado en una página de internet (algún preclaro historiadorcillo, sin duda) tampoco lo arregla: “REPRESENTACION DE LEON - CORONACION DE ALFONSO VII COMO REY DE CASTILLA EN EL AÑO 1135 - MOSAICO DE AZULEJOS DE LA PLAZA DE ESPAÑA DE SEVILLA”. ¿Cuándo estaremos en situación de elegir que se reparen estos errores que son más bien horrores?

Lo cierto es que, a la muerte del Emperador, los territorios se reparten de nuevo y a Don Fernando, el segundogénito, le corresponde León. Tampoco se dice ni una sola palabra de este rey que, en su haber tiene, sin embargo, nada menos que el encargo, al Maestro Mateo, del Pórtico de la Gloria de la Catedral compostelana. Eso sí, el anónimo autor no olvida decir que “mientras tanto, Portugal se había convertido en reino, con aprobación del Papa, siendo su primer Rey Alfonso Enríquez”.
Hay también una curiosa explicación sobre los ordinales de los Alfonsos porque, según dice, los hay “en León, en Castilla, en Aragón y en Portugal, y se les da la numeración sucesiva que les corresponde en cada uno de estos países”. Curioso que se atreva a calificar a León de “país”, algo que le valdría hoy todo tipo de insultos y hasta maldiciones, y sorprende que, conociendo esto, hable de inmediato de ese Alfonso VIII de Castilla motivo de tanta alabanza, a todas luces exagerada.

Seguimos con el entrecomillado: “Por lo tanto, Alfonso VIII de Castilla y Alfonso IX de León eran primos hermanos. De los dos primos, el que más valía era el de Castilla, como Rey y como guerrero, deseoso siempre de pelear con los musulmanes. En cambio, Alfonso IX de León tuvo mezquinas ambiciones políticas y guerreó con su primo Alfonso VIII.” ¡Qué mala persona este Alfonso de León que además fue capaz de dar voz a los hombres del común…! Si a eso añadimos que tampoco se quedó atrás en su labor conquistadora (Extremadura y parte de Huelva), que comenzó la Catedral de León, que creó un Studium en Salamanca, origen de la primera institución con estatuto de universidad, que dio fueros a muchas ciudades de su reino para favorecer la creación de esta nueva clase social, etc. ¿alguien se atrevería a seguir diciendo que “valía menos que su primo” o que tuvo “mezquinas ambiciones”? Salvo para los historiadores a sueldo o para los manipuladores, debería, más bien, ser considerado uno de los grandes reyes de la Historia de la Península. Pero ahí están los resultados… al menos hasta ahora, pues ya no queda otro remedio que reconocer, tras el pronunciamiento de la UNESCO, que fue el primero que convocó unas Cortes con representación popular, lo que las convierte en el antecedente más antiguo del parlamentarismo moderno, sin olvidar que los Decreta de dichas Cortes Leonesas de 1188 han sido incluidos en la Memoria de la Humanidad por su valor para la implantación de la democracia. Además de manipuladores, hay mucho envidioso…

Volviendo al “bueno y valiente” Alfonso VIII de Castilla, la explicación que se hace en este libelo sobre la derrota de Alarcos es digna de mejor causa. El pobre Alfonso, “y aunque los cristianos se batieron valientemente”, perdió la batalla porque “El ejército moro era numerosísimo. Miles y miles de hombres cubrieron las llanuras inmensas de la Mancha…” Un poco exagerado, ¿no? Para cubrir las inmensas llanuras de la Mancha, seguro que importaron varios millones de chinos de un todo a cien que, a poco que se esfuercen, nos convencerán de que ya existía en alguna parte de Al-Andalus..., puede que hubiera alguno hasta en Castilla.

Entenderán que ello viene a agrandar la posterior victoria de las Navas de Tolosa, algo que ni siquiera comento por evidente. No va a cometer el Húsar la torpeza de hacerles además propaganda. A pesar de todo no puedo dejar de señalar que en el haber de este rey sí cita que “fundó en Palencia una Universidad, que fue la primera que hubo en España”. Otra media verdad y otra manipulación puesto que el Studium de Palencia NUNCA alcanzó el reconocimiento como Universidad. Sobre la fundación de su primo en Salamanca, ominoso silencio, una vez más.

Llegamos a la retirada, según ellos, y por la puerta falsa, del Reino de León. Así se cuenta: “Doña Berenguela, mujer de gran talento y discreción, renunció a la Corona de Castilla en favor de Don Fernando, hijo suyo y de Alfonso IX. Luego murió Alfonso IX, y Don Fernando, príncipe devoto y santo, heredaba de su padre el reino leonés. De este modo volvían a unirse León y Castilla, y esta vez, ya para no separarse más. (Claro, en la época no estaba legalizado el divorcio…) En realidad, León se fundió con Castilla, y al Estado formado con los reinos juntos se le siguió llamando Castilla.” Toda una sinvergonzada histórica, esta afirmación que no obedece, en absoluto a lo acontecido; pero que es, curiosamente, lo que ha quedado en el imaginario colectivo y que ha derivado en la situación que padecemos, puesto que algunos enaltecen el momento hasta convertirlo en “el origen de nuestra región”. ¡Fantástico! Realmente vergonzoso que se omita el hecho de que Fernando III de León y I de Castilla, se apropió del Reino de León, legado en testamento por su padre a sus dos medias hermanas mayores, las infantas Sancha y Dulce y vergonzoso, asimismo, que se diga que "León se fundió con Castilla" desapareciendo cuando ambos reinos siguieron reuniendo durante muchos años Cortes separadas y cuando entre 1296 y 1300, Juan I, cuarto hijo varón de Alfonso El Sabio, fue ungido rey de León, reino que incluía además del territorio nuclear del Reino, los territorios de Galicia, Asturias, Extremadura y Sevilla.

Como puede fácilmente colegirse de esta última aseveración, el Reino de León no volverá a aparecer en este Manual de Historia de España, escrito, por lo que incluso leemos en el mismo, a mayor gloria de determinados intereses. No ofrece ninguna duda la frase con la que se nos regala tras el enlace de los Reyes Católicos: “En este momento de la Historia nacía la España grande”. Faltaba aún encontrar aquello otro tan conocido de “una y libre”. ¿Será que ese último adjetivo algunos seguimos aún sin conocerlo, a pesar de los vientos contrarios que soplan en estos últimos tiempos? Ingratitud se llama esto, puesto que, a poco que se investigue en aquellos años de la Edad Media en la que Hispania se jugó el futuro de ser cristiana o musulmana, seguir perteneciendo a la cultura judeo-cristiana-occidental o pasar a formar parte de otra concepción de vida y profesar otros valores, el Reino de León apostó esfuerzos, sangre, hombres y cultura, algo que debiera ser conocido y serle reconocido, por derecho y hasta por obligación.

Pero no se lo cuenten a nadie; les tomarán por locos, por egoístas, por insolidarios, por cavernícolas, por… Así se escriben algunas historias.

sábado, marzo 17, 2007

Manipula que algo queda (3ª entrega) o el engaño de las cifras

Perdidos en la maraña de las cifras oficiales u oficiosas (es un bosque tan intricado), apenas somos capaces de ver el arbol de la realidad, de la triste realidad de la Región Leonesa.

El pasado día 3 de los corrientes (marzo, para más señas), la prensa "regional" comentaba los "buenos" datos del empleo, referidos estos al pasado mes de enero.

Naturalmente, la hojarasca de las opiniones manipuladas y las estadísticas siempre engañosas apenas dejan vislumbrar la única verdad que no es otra que, de nuevo, Zamora, Salamanca y León siguen, por ese orden, ocupando los "honrosos" puestos de cabeza en tasa de paro. ¡Como para estar satisfechos!

Y ello sin tener en cuenta otra variable que nadie quiere considerar. Si a este fracaso palmario añadimos el hecho de la ya casi descontrolada despoblación de nuestra tierra leonesa, los signos de declive económico son aún más evidentes. Naturalmente, como los jóvenes se van en busca de alguna oportunidad fuera de su tierra, son otros tantos números que no crecen en las listas de los demandantes de empleo... ¿En qué porcentaje nos encontraríamos, si esta sangría no se diera?

¿Qué regiones españolas pueden exhibir, como la Región Leonesa, más de un 12%, en media, de tasa de paro? Con los dedos de una mano y me sobran, oiga. Naturalmente, si repartimos el pollo, la ración será de otro modo muy diferente. ¡Ay, estas estadísticas! Parece, como solemos decir de las armas, que las carga el diablo...

¿La reacción de los responsables? Pues están que no caben en sí de gozo...: "La Junta se felicita por el avance del mercado laboral en la comunidad". ¡Y aún hay algunos que les jalean...! ¿A qué precio? La primogenitura y las lentejas es algo que, por principio, parece tan incompatible como la honradez y el buen sentido en la cabeza de muchos políticos.

domingo, febrero 25, 2007

MANIPULA QUE ALGO QUEDA (2ª entrega) o MODELOS DE DESINFORMACIÓN

A este apartado, que ya inauguramos el 1 de Mayo de 2006, le añadimos a partir de ahora el subtítulo "Modelos de desinformación" que creemos lo complementa perfectamente.

El Húsar cree que este epígrafe podría (y debería) tener una continuidad si, de alguna manera, una serie de miembros comprometidos con la causa leonesa, nos decidiéramos, de una vez por todas, a echar a andar un proyecto de Diario Digital Leonés.

No pretendemos, en modo alguno, que esta página del Húsar, pueda ser ni el modelo ni el embrión de nada; estamos hartos ya de ver proyectos abandonados en el camino por mor de un nada deseable empeño, incluso entre nosotros, de aparecer como los primeros, los mejores, los más representativos y los más de lo más.

Evidentemente, a esta loca carrera de despropósitos nunca ha pretendido apuntarse el Húsar, pero sí es consciente de la necesidad de “hacer algo” que podría, simplemente, pasar por juntar voluntades, sumar esfuerzos, coordinar escritos y lanzarse a esta aventura necesaria YA, ante tanto despropósito, tanto ataque, tanto ninguneo, tanta agresión, tanto insulto, tanto/a/os/as etc., etc., como los que padecemos, sin olvidar la desinformación o la manipulación informativa que aquí y ahora criticamos. Como muy bien sabemos, hay ejemplos todos los días y, en la medida de lo posible, se los traeremos y comentaremos; los hay verdaderamente jugosos

Ejemplo:

Diario de León sábado 10 de febrero de 2007 en su portada anuncia:

“Consejo de Ministros. Sale a licitación el primer tramo de la autovía de León a Valladolid por 52 millones”

Remitidos a la página 28, con la esperanza de encontrar algo y el corazón saltando de gozo, leemos la información siguiente (sí, frótense los ojos):

“El gobierno licita el tramo entre Valladolid y Villanubla de la A-60”. ¿En qué quedamos, Romera; en la burra o en los 30 reales? ¡Pasmao que me he quedao…!

En el detalle, y ya sin ningún rubor se explica que: “el primer tramo será de carácter periurbano constituido por la travesía de Zaratan, mientras que el segundo estará más alejado del núcleo urbano y cumplirá con la función de la variante de Villanubla y acceso al aeropuerto y la transición entre el acceso a Valladolid y la FUTURA A-60” (segunda gragea, pues ahora se nos habla de un futuro, quien sabe si un futurible).

Para más claridad aún (tercera taza del mismo caldo): “la obra consiste en una autovía de entorno urbano de una longitud aproximada de 16’6 kilómetros y con este tramo se inicia la autovía A-60 Valladolid-León, en el enlace de León de la A-62 (autovía de Castilla)…”, que para mayor gloria del poder es la que va a Salamanca… ¡toma del frasco informativo!

Inocente pregunta: ¿qué tiene, entonces, esto que ver con lo anunciado en la portada si aún queda una cuarto comprimido, este en forma de supositorio… ya me entienden.

“Las obras tienen por objeto la separación del trafico de transito local y de largo recorrido, suprimiendo para estos la travesía de la N-621 a su paso por los núcleos de población existentes”. ¿Pero tiene esto algo que ver con lo anunciado en la portada? Otra tomadura de pelo que sumar a esa ya larga lista de agravios que algunos coleccionamos. Otra razón más para seguir adorando a este becerro centralista-fascista y colonialista, puesto que, después de todo, ¿no es esta una parte más del tributo a pagar por el gran favor de habernos hecho castellanos?

¡Unos insolidarios! ¡eso es lo que somos…! ¿o no nos hemos dado cuenta de que hay que desarrollar Valladolid para mayor gloria de estos sueños imperiales de “reserva espiritual de occidente”?

Además, ¿de qué nos quejamos si "estos demócratas de toda la vida" lo que quieren es rejuvenecernos? Porque, no sé Uds. queridos lectores, pero al menos el Húsar siente que le quitan unos 40 años de encima y cree volver a estar en aquellos tiempos de "por el imperio hacia Dios", "Unidad de destino en lo universal" y "todo está atado y bien atado".

lunes, mayo 01, 2006

MANIPULA QUE ALGO QUEDA (1ª entrega)

De manera reiterada, aparecen en publicaciones más o menos cercanas a vivencias y sentires leonesistas o en aquellas otras que, de vez en cuando siguen aceptando divulgar algún artículo de opinión (quizás para seguir imaginándose plurales), artículos o manifestaciones que recogen el lamento de la manipulación histórica, geográfica y cultural en cuestiones que afectan directamente a la identidad leonesa.

Nuestra reflexión comienza por toda una serie de opiniones (prensa, radio, TV), vertidas por los más prestigiosos especialistas en las disciplinas históricas, sobre el reiterado “falseamiento” de determinados acontecimientos del pasado. Lo que oímos o leemos determina, de forma bastante clara, el posicionamiento de la mayoría.

Aquí, (en el sentido geográfico) seguramente, esa supuesta “mayoría silenciosa” sigue pensando (¡ingenuos ellos!) que no es posible que alguien manipule, “de forma premeditada”, unos hechos que, solamente, “pueden ser interpretados de maneras diversas” o, algunas veces, incluso son “simples errores tipográficos”. ¿Se necesitan más argumentos de los aportados reiteradamente, para convencer aún a los que siguen empecinados en el error? ¿Qué consideraciones se deben hacer o qué actuaciones emprender para desenmascarar a los autores de esas reiteradas faltas de rigor intelectual y de respeto a la opinión de los demás? (Véase, como ejemplo, recientes programas de televisión en los que se insiste sobre la castellanía de determinados territorios o aconteceres claramente leoneses...)

Afirmemos, de una vez y sin miedos estúpidos (ya que la razón nos asiste), que la reivindicación de un determinado acontecimiento histórico o la corrección que se pretende aportar a un supuesto “desliz editorial” (?) no son ni diversiones bizantinas de gentes intelectualmente desocupadas ni mimetismos estúpidos y pueblerinos sobre lo que acontece en otros territorios ni cosas de fanáticos (lunáticos) leonesistas. Ese es el peligro real y la trampa tendida en la que muchos, por desgracia, parecen haber caído ya.

¿Habría que llegar a la conclusión de que no sólo son las referidas autonomías o los autores de ciertos libros los que manipulan sino los propios partidos políticos que marcan unas líneas de pensamiento ortodoxo a sus afiliados y/o simpatizantes? ¿Acaso no es posible ser militante, simpatizante o simplemente votante del PP, del PSOE o de IU sin tener que abjurar de la realidad histórica, geográfica y cultural de la Región que nos vio nacer o que nos alimenta? ¿No sería preferible enarbolar la bandera de la heterodoxia resucitando el eterno “vale más morir de pie que vivir de rodillas”? ¿O es que el rugir de los estómagos ha terminado por anular el bullir de las ideas, anulando toda capacidad de libertad de pensamiento y de logro de objetivos utópicos? De este modo, más que manipular unos hechos lo que estamos es claramente ante una manipulación de las conciencias. ¿No es aún mucho más grave?

Por cierto que lo que afirmamos sólo parece ser de obligado cumplimiento en la comunidad autónoma que tan "amorosamente" nos acoge, nos guía, nos instruye, nos ilustra, nos alecciona y nos catequiza. Cuando un leonés, harto ya de ver impresas (o de oír) tan reiteradas mentiras y tales desmanes históricos, geográficos o culturales en referencia a su tierra, escribe a alguno de los autores o de los medios, apenas podrá lograr otra satisfacción que el hecho de ver publicada su queja, y no siempre... Pero ¿cuándo alguien se ha desdicho alguna vez de lo afirmado previamente aunque ello fuera palmariamente inexacto? ¿Cuándo alguien ha pedido perdón o, al menos, disculpas por este hecho?

¿Cómo es posible que se continúe hablando de "la sobria capital castellana" para referirse a León o de la "Semana Santa castellana de Salamanca" o de las "Murallas castellanas de Zamora"?. No puede presumirse un error o confusión involuntarios motivados por el nombre de este "Engendro bicéfalo" puesto que nunca nadie se confunde llamando "leonesas a las provincias, catedrales o fiestas castellanas. Nadie puede negarnos que se trata de un programado intento de eliminar todo lo que suene a leonés. Nadie debe olvidar que una mentira repetida un millón de veces sigue siendo una mentira pero puede engañar a mucha gente no avisada.

La utilización de los fondos públicos para publicitar, a modo de martillo pilón, lo "castellanoleonés", o simplemente lo "castellano" está bordeando ya los límites del ridículo más despectivo.

A propósito, una cuestión (peregrina) para nuestros representantes en Fuensaldaña: ¿Cuánto se gastan las diferentes administraciones en capítulo semejante? ¿No hay mejor destino para estos fondos nuestros que gestionan (por delegación, hay que recordarlo una vez más) los políticos? Cabe preguntarse, también, por ejemplo: ¿es que ya no hay respeto ni por el hecho religioso? ¿Quién se atrevió a protestar, por lo que supuso de irreverente y ofensivo para muchas personas, el hecho de un cartel publicitario de la Junta en el altar mayor de la Basílica de San Isidoro? ¿No basta con la publicidad del exterior para justificar una “inversión”, una atención restauradora, justa y necesaria, por otro lado? Comentaba, jocosamente, un amigo, al hacer mención al hecho, que, de ahí a colocar publicidad institucional en la casulla del celebrante, no había más que un mínimo paso; (que conste que no queremos dar ideas...).


Esas colecciones de fascículos que se "regalan” con los diferentes periódicos locales, trufadas de afirmaciones altisonantes y de estupideces seudonacionalistas del "castellanoleonesismo" imperante ¿cuándo van a dejar de imprimirse sin que nadie se sonroje o se le exijan responsabilidades por el hecho? ¿Quién puede afirmar impunemente algo como “la búsqueda interior en la meseta castellana”, refiriéndose a los hospitaleros de Santibañez de Valdeiglesias, pueblo situado cerca de Hospital de Órbigo? ¿Qué es eso de que “la vida y la historia de nuestra región fluyen al ritmo de las aguas del Padre Duero”? ¿Otra vez con el mismo cuento?

Y en este sentido, ¿cuándo vamos a empezar a ver, “regaladas” también, publicaciones que afirmen otro tanto del Padre Esla, por ejemplo? Y no nos vengan, una vez más, con cantinelas estúpidas; en los pueblos de León se sigue afirmando que “el que dice la verdad ni peca ni miente”, que traducido al “román paladino” querría decir otro tanto como: “el que defiende el hecho diferencial leonés ni atenta contra los cimientos del Estado ni es un hereje al que hay que perseguir hasta la hoguera”; es, simplemente, alguien que no se resigna a ser testigo de la larga agonía de una tierra y unas gentes que, habiendo entregado todo en aras de la construcción de una unidad superior (España), se sienten ahora muy poco valoradas por este hecho y quieren seguir recordando una historia y una cultura que no es mejor ni peor que la de los demás pero que es la suya, la que han heredado y, por lo tanto, tienen la obligación moral de transmitir a los que les sucedan.

Lo otro sería una simple dejación o bajada de pantalones. ¡No esperen eso del Húsar!