PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE CARLOS SANTOS DE LA MOTA
Club de Prensa del Diario de León, 30 de marzo de 2008
Intervención de Hermenegildo López González
Les confieso que, en un principio, había previsto comenzar de un modo diferente al que voy a emplear en la presentación de esta obra; entre otras razones porque los que estamos hoy aquí tenemos un componente grande de heterodoxia y porque lo que estamos haciendo hoy aquí tiene un mucho de acto de rebeldía, contra la situación que nos ahoga, contra los tiempos, contra las circunstancias e incluso contra un supuesto destino malvado que nos ha elegido, al parecer, para cebarse, inmisericorde contra nosotros y contra lo que significamos y significó en la historia el Reino de León.
Sin embargo, por respeto al acto, a ustedes, al autor y, en último caso, a la obra que me corresponde presentar en sociedad, creo que, al menos en apariencia, debo mantener una cierta formalidad puesto que todo acto ritual tiene, necesariamente, una determinada liturgia y por ello no pretenderíamos, en modo alguno, tampoco saltarnos estas reglas ya consagradas.
A pesar de todo, y ya que hablamos de liturgia, no esperen de mí que adopte la figura de un oficiante al uso, de un chamán de un lama o de un rabino; si acaso la de un humilde monaguillo, que agradece sinceramente haber sido elegido para este cometido, en una ceremonia que debería ser, según yo entiendo, absolutamente catártica. En efecto, una catarsis es lo que este amodorrado y amordazado pueblo leonés necesita y, en este sentido, estoy seguro de que esta obra vendrá a marcar un antes y un después en el devenir de la reivindicación leonesa de León, en su conocimiento, su aprecio, su valoración y en el respeto que le es debido.
Gracias, entonces, a todos ustedes, por el primer paso que supone el hecho de estar aquí, a los unos por haber dejado aparcados los múltiples quehaceres a los que nos obliga lo que hemos dado en llamar pomposa y huecamente la vida moderna, a los otros por haber sabido prescindir de un siempre necesario rato de descanso, quizás al calor de ese pueblín que todos llevamos agarrado a la piel, que nos ha conformado como somos y que representa el marco de una gran parte de nuestros recuerdos.
Pero tal vez me esté desviando de lo que debería constituir mi obligación primera y que no es otra que la de hablaros del libro de Carlos Santos de la Mota aquí a mi lado. ¿Qué es, entonces, “León, Historia y Herencia”? El propio título, en si mismo y a pesar de su descarnada cortedad es bastante indicativo de lo que el autor pretende. Mas, si esto no fuera suficiente y echan, aunque sólo sea, un rápido vistazo a la portada, encontrarán claves suficientes no sólo para una necesaria comprensión sino para despedazar alguno de los equívocos con los que el enemigo suele intentar zaherirnos: el eterno dilema del provincianismo leonés. Necesaria importancia acordaremos también (y esto sería más bien asunto del editor) el hecho de haber elegido una foto del Panteón Real, corazón del viejo reino y resumen perfecto de lo que supuso, en la Edad Media, la conjunción del Trono y el Altar, lugar siempre sagrado para los leoneses y en el que no sólo se palpa la historia sino que se nos hace presente esa herencia de nuestros antepasados, bienes tangibles pero también intangibles, signos que nos aproximan los unos a los otros, que nos reconfortan; eso que, una y otra vez, machacona e incansablemente, nos refresca el escritor: “esa forma de sensibilidad maravillosa, genial, mágica que debería estar más presente en el alma y en el espíritu de las gentes”; la identidad, en suma. Y, cuando algunos parecen burlarse de los sentimientos, de la identidad, Carlos, sin embargo, la invoca una y otra vez, como la idea motriz de toda su reflexión; así, de entrada, la define, como “un motor vigoroso e imprescindible para la vitalidad y el entramado de una comunidad sintónica que ramificará todo su potencial en sus múltiples formas” o, según insiste más adelante y de manera harto concreta: “esto es la identidad, un sentimiento noble y maravilloso, y una necesidad si se lleva bien entendida, vital y básica que ordena, reagrupa, vertebra, vivifica, desde la afinidad, la fuerza de un motor social que se propulsa a sí mismo y que robustece con generosidad su área de influencia e incluso llega más allá”.
Así pareció entenderlo, por muchos de nosotros, en su día, Jordi Pujol, durante una visita institucional a nuestra ciudad, pues, después de haber admirado esto que se ha dado en calificar como la Capilla Sixtina del arte románico, exclamó, “ahora comprendo la reivindicación leonesa”. Más cerca, por desgracia, tenemos a muchos otros que, a pesar de las evidencias, siguen con sus entendimientos embotados, con sus neuronas oxidadas y su capacidad de raciocinio completamente extraviada. Bien lo saben también nuestros enemigos puesto que su objetivo más evidente es, en palabras de Carlos, el de “cortar el conducto que nos mantiene ligados a nuestra propia vida y a nuestra propia esencia”.
Pero sigo quizá sin responder del todo a la pregunta que yo mismo me formulaba más arriba. ¿Qué es en realidad “León, Historia y Herencia”? No se equivoquen, no es un libro de historia al uso, aunque nos hable ineludiblemente de nuestra historia, es un aldabonazo en el portón atorado de nuestro subconsciente colectivo, es un toque a rebato desde el más alto de los campanarios de nuestra conciencia adormilada, quizás uno de esos toques que hacían levantarse al unísono a nuestros pueblos para acudir en auxilio de uno de los vecinos ante un grave y urgente problema. Esperemos, después de todo, que estas campanas, que aquí evocamos, no doblen lastimeras a muerto, pues, si se suele decir que cuando un solo hombre muere se empobrece la humanidad, ¿qué podríamos decir al respecto de la muerte de un pueblo, de su cultura, de su historia, de su legado y de su forma de relacionarse?
Por todo ello, este libro es también, un puñetazo sobre una mesa en la que algunos están, desde hace ya demasiado tiempo, jugando una macabra partida, incluso con las cartas marcadas, para nuestra absoluta y constatable desgracia.
Os lo aseguro, con la seguridad de quien ha devorado literalmente estas más de quinientas páginas, de apretada letra, cumplida y veraz información, inequívocos mensajes y convicciones profundas.
Nunca, podréis comprobarlo, se había escrito nada igual en León, al menos, probablemente, desde aquel clásico “Ensayo sobre las pugnas, heridas, capturas, expolios y desolaciones del viejo reino en el se apunta la Reivindicación Leonesa de León”, de Juan Pedro Aparicio y publicado por Celarayn en 1981. ¡Qué lejos parecen ya aquellos días de sarpullidos reivindicativos, de intelectuales comprometidos, de recogida de firmas, de engañifas, de amenazas y de promesas preñadas de veneno! Me atreveré, entonces, a calificar a este infante, al que hoy empujamos, confiados, hacia el mundo real, no solo como un libro necesario, sino imprescindible; un referente en el pensamiento, en la reflexión y la defensa de lo leonés. Diría aun más ¿por qué ha tardado tanto en aparecer entre nosotros?
Es una obra escrita en libertad; con la libertad que da el hecho de no depender de financiaciones bastardas ni tener que pagar favores pasados y aun futuros. Carlos ha desplegado confiada y orgullosamente las alas de su libertad y surca los aires de la historia, del presente y del futuro de esta vieja tierra empujado por el viento favorable que siempre nos concede la independencia de criterio y la necesaria insumisión ante un hecho injusto. Por eso puedo también hablar aquí de valentía, incluso, a veces, de verdadera temeridad en los calificativos y apreciaciones, absolutamente suscribibles, por otra parte.
No creo deber recordar a ustedes “el mito de la caverna” de Platón, pero sí afirmar solemnemente que esta obra representa el mensaje claro de quien ha podido romper las cadenas y ha conseguido ver, de forma meridiana, la verdadera realidad. Claro que no es fácil, ¿y quién dice que lo sea? Mas, ¿cómo ha llegado Carlos Santos a esta luz, a esta verdad que ahora trata de comunicarnos? Como otros tantos leoneses, ¿acaso más de 250.000? ¿100.000 ya, sólo en los últimos años?, Carlos es hijo de la diáspora, y los que tenemos alguna experiencia en esto de la expatriación sabemos cuánto se echa en falta “la tierrina”, cuando nos encontramos lejos. El extrañamiento conduce, sin embargo, a la reflexión, a la interpretación del mundo del otro y ¡cómo tiran, entonces, las raíces! Algunos lo han definido hasta como una necesidad física y Carlos ha vivido en un ambiente en el que el hecho de defender lo propio, de reclamar lo propio, de querer lo propio, de luchar por lo propio, no solo no está mal visto sino que es algo innato con la persona, es algo que se valora, se premia, da lustre y hasta prestigio social.
Aquí, por el contrario, a algunos ya no parece quedarnos más que, con el poeta, elevar al rango de queja institucional el grito desgarrado de una más que triste constatación
“Que dicen que ya no soy
ciudadano de mi tierra,
y la luna, que aún es blanca,
se me está yendo en la niebla”.
Y todo ello, puesto que, como es fácil deducir, no hay peor extrañamiento que el de sentirse extranjero entre los más allegados; nublado el recuerdo, malbaratada la herencia, dilapidado el caudal de los sentimientos, estamos ya maduros para la manipulación y el entreguismo. ¡Qué fácil es ejercer así de “intelectual comprometido”… ¿comprometido? ¿con qué o con quién? ¿comprometido con el poder y escribiendo, en la mayor parte de los casos, al dictado del mismo? ¿Pero cómo se puede retorcer hasta ese punto el significado de las palabras?
¡Comprometido! Si podemos calificar a alguien de comprometido ese sería, sin ningún género de duda, el autor de este libro aquí a mi lado.
Un compromiso asumido en plena reflexión, con pleno conocimiento y sabedor de las inquietudes, sufrimientos y pesadumbres que todo ello le supondría; de las horas de trabajo intelectual robadas al sueño, al ocio y a la familia. Precisamente también hacia su familia va hoy este pequeño homenaje mío y este recuerdo.
El propio autor me confesó, no hace mucho, que, si había asumido el reto de echarse a las espaldas el proyecto, sin cuantificar esfuerzos ni computar avaramente el tiempo, fue precisamente por su hija y, probablemente, con ella y por extensión toda una nueva generación de leoneses, víctimas inocentes de esta situación que nos vendieron un día una tropa de chamarileros y mercachifles, en feria de rebajas de todo a cien, como una descentralización administrativa y que ha venido en derivar hacia un estrangulamiento de las oportunidades del presente, una onerosa hipoteca sobre el futuro y una bochornosa manipulación del pasado. En el libro no se escatiman las referencias ni a al uno ni a las otras. ¿Quieren algún ejemplo? Vean entonces la larga reflexión sobre el personaje de Vellido Dolfos o la explicación que aparece ante el paisaje que se contempla en Toro; claro que, como se nos recuerda una vez más “los que escribieron la historia coinciden, curiosamente, con los mismos que ganaron”.
Precisamente por eso, Carlos ha querido comenzar por la explicación pormenorizada de los hecho más significativos, siguiendo cronológicamente las figuras de nuestros reyes, la historia de lo que fuera un reino, y no precisamente de importancia menor, para que quedara, meridianamente claro, de dónde venimos; y así, fijado el punto de partida, con los pies asentados convencidamente sobre la tierra de nuestros mayores, poder encarar, con confianza, el camino hacia un deseable punto de llegada. O, dicho de otro modo, y utilizando ahora las palabras del propio autor: “apostando con firmeza sobre su conciencia libre, convencido de su dignidad, seguro de sus creencias y recto en su proceder supo plantar cara a la invasión y a la aniquilación de León como país”.
Pero no sólo de historias vive el hombre ni se nutre esta obra que hoy les presentamos; en ella encontrarán, entre otros muchos temas, aspectos tales como: un cumplido argumentario para contrarrestar los insulsos razonamientos del enemigo o una disección pormenorizada del malhadado proceso autonómico que nos atribuyó, sin merecerlo, el papel de comparsa que ahora ocupamos; hay, al propio tiempo, una verdadera colección de documentos impagables, entre los cuales los decretos del Fuero de León, de Alfonso V, una moción de la Diputación desdiciéndose de su adscripción primera al ente preautonómico, cartas del mayor interés o manifiestos regionalistas perdidos en el recuerdo de los mayores y totalmente desconocidos para los jóvenes; no falta tampoco un examen lúcido de las causas y las consecuencias de la situación de abatimiento de la Región Leonesa o una línea argumental impecable que viene a demostrar la gradación perfecta que lleva desde la identidad a la riqueza económica, incluso al enriquecimiento global del país, ya que, como atinadamente se observa “si el resultado final es que no somos nada, tampoco podremos aportar nada”.
Mas no vayan a pensar, siquiera por un momento que nos encontramos ante puras elucubraciones, producto de un enamorado de León, que también. No faltan, es más, yo les diría que abundan, los argumentos de autoridad y así vemos desfilar a lo largo de las páginas, además de atinadas citas de múltiples e importantes personajes, opiniones bien fundadas de Menéndez Pidal, Unamuno, Caro Baroja, Ramón Carnicer, Anselmo Carretero o el geógrafo francés Paul Vidal de la Blache, autor de la teoría sobre el binomio geografía-historia en la conformación de los diferentes pueblos.
No puedo dejar de señalarles que, incluso el propio lenguaje ha sido para mí todo un descubrimiento: cuidado, elegante, sincero, ágil y lleno de imágenes y metáforas bellas y atrevidas.
Disfrutarán, seguramente, conmigo de algunas de sus frases que me atrevería a calificar de lapidarias; sirvan, como ejemplo, tan solo alguna de ellas: “No hay peor miedo que el miedo al propio miedo” o “el pánico del más les ata firmes al menos” o aún “añadiendo tierra y tierra, vacía y vacía, como si el desierto fuese más llamativo que el oasis” o esta otra, para terminar un más que exiguo muestrario “Y queriendo ser más grandes, a la fuerza, nos hicimos más pequeños por necesidad”. Mas, no se pierdan, por favor, (pp. 481 y siguientes) el repertorio de sus peticiones al pueblo de la Región Leonesa; todo un rosario de intenciones y deseos al que cualquier buen leonés se sumaría y que nosotros entendemos, al propio tiempo como un magnífico resumen de la mayor parte de las ideas expuestas a lo largo del libro; o aun el ramillete de quejas que comienzan con un sentido “¡Ay León…!” y que encontrarán en la página 499.
¿Debería, después de lo dicho, animarles a que adquieran el libro? Creo que ya no es necesario, pero permítanme que les diga sin rodeos: cómprenlo, léanlo y regálenlo a sus amigos e incluso a sus enemigos, “políticos”, naturalmente; ya hemos afirmado más arriba que es un perfecto argumentario ante tanto razonamiento palurdo, bobo y lelo. Y háganlo pronto, no sólo antes de que se agote, sino antes incluso de que intervenga alguna mano negra, como en el caso del libro de Carlos Cabañas (otro Carlos) “Esto es el País Leonés” que fue retirado de muchas librerías con veladas amenazas y chantajes apenas disimulados. Así, algún día podrán presumir de tener entre sus libros de cabecera este “León Historia y Herencia”, un hito, sin duda, en nuestra legítima y más que justificada reivindicación.
Llegados a este momento, he de confesarles también (juego con ventaja, naturalmente), he de confesarles digo que, según manifestaciones del autor, y en lo que se refiere a la propia gestación de la obra, estaríamos ante una especie de proceso similar al que se cuenta de Cervantes, en el nacimiento del Quijote; el personaje le pudo. Así también, al menos para quien les habla, es el caso de Carlos pues, al parecer, lo que el intentó, en un principio, era solamente escribir uno o dos artículos, mas ¿sabéis lo que esto me sugiere personalmente? Que el libro era tan necesario, tan imprescindible que si Carlos no se hubiera decidido, probablemente se hubiera escrito solo, puesto que lo que en él nos encontramos es, ni más ni menos, que el subconsciente colectivo de un pueblo que se resiste a morir, al menos sin dar la última batalla, pues, en efecto, según hemos oído tantas veces “la única batalla que se pierde es la que se abandona” y, aunque también se dice que “la manera más rápida de terminar una guerra es perderla”, ¿no consiste la cobardía en rehuir, precisamente, la lucha; es decir, en darse de antemano por vencido? Cierto es también que en esta incruenta guerra se pueden perder vida y haciendas, dejarse en el camino distinciones y amigos, ganar únicamente en desazón intelectual y pesadumbres varias, a la par que opositar, con plenas garantías, a sujeto paciente de alguna que otra úlcera de estómago; pero acaso ¿vivir sin honor no es morir un poco cada día?
Si hemos de juzgar por los resultados, León, como mastín somnoliento, en tarde de verano, no ha comenzado siquiera a esbozar el gesto de levantarse. “Levántate y anda” se oyó una vez ante una tumba de Betania; “levántate y lucha”, nos gritan ahora, desde las páginas de este libro, el recuerdo de nuestro pasado y el legado de nuestros mayores; unas páginas escritas desde la rabia que provoca la injusticia y con la sangre de un corazón que chorrea, morido por su tierra; unas páginas redactadas con la cabeza y tras una necesaria lenta y meditada reflexión, pero en las que hay aun un mayor componente visceral, empleando en ello tripas y corazón; unas páginas en las que no ha lugar para resignación alguna; puesto que, como tantas veces hemos ya señalado: “conformarse es aceptar y aceptar es claudicar”.
De todas formas, y, como afirma, atinadamente, Carlos, “a ninguna semilla se le puede obligar a que no germine”, y desde la confianza en el futuro, más que con la mirada fija en un pasado reciente lleno de oprobio y negrura, quisiera terminar estas breves palabras con un mensaje de ánimo; unos versos de Pedro Bonifacio Palacios, poeta argentino, conocido bajo el seudónimo de Almafuerte y que escribiera allá por los primeros años del pasado siglo XX. Lo tituló
PIU AVANTI !
No te des por vencido, ni aún vencido,
no te sientas esclavo, ni aún esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y acomete feroz, ya mal herido.
Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
no la cobarde estupidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.
Gracias a todos, de nuevo, y que tengan una buena, saludable y provechosa lectura.
Hermenegildo López González
viernes, junio 20, 2008
jueves, junio 19, 2008
Nosotros sí estuvimos allí: Presentación de "León, Historia y Herencia" (1ª entrega)
Presentación del libro “León, Historia y Herencia”
Está visto que no podemos llegar a todo… Que nos perdonen, entonces, nuestros amables lectores si hemos tardado tanto tiempo en darles cuenta de lo que ocurrió, con más silencios de los debidos (ya nos lo temíamos, a pesar de todo, e incluso lo habíamos vaticinado…), el pasado día 30 de mayo, a las 20 horas y en el Club de Prensa del Diario de León.
En efecto, ese día se presentaba el libro del leonés Carlos Santos de la Mota, “LEÓN, HISTORIA Y HERENCIA”, publicado por la Editorial Europa Viva que dirige, en Madrid, el también leonés Ángel Pajín Álvarez.
Oficiaba de introductor de los diferentes intervinientes el Director del Diario, Fernando Aller González, presentaba al autor el Editor y hacía los oficios de primer comentarista de la obra Hermenegildo López González, catedrático de Filología Moderna.
En una sala completamente abarrotada, y tras las intervenciones de los arriba nombrados y de la del propio autor, surgió de nuevo ese entusiasmo que, en situaciones similares hemos respirado: ese fervor por la tierra, esa catarsis en el deseo arrebatado de la defensa de la misma, tan alevosamente maltratada, tan indignamente defendida por aquellos para los que esto debería constituir su obligación primera, tan rastreramente despreciada y tan sistemáticamente vilipendiada. ¡Qué poco dura la alegría en casa de los pobres…!
Las reseñas de los periódicos fueron escasas o, incluso, nulas, y desconocemos, a día de hoy, si muchos leoneses se habrán enterado siquiera de la publicación de un libro que, en el decir de quien oficiara como presentador del mismo “no solo es un libro necesario, sino imprescindible; un referente en el pensamiento, en la reflexión y la defensa de lo leonés”. ¿Qué esperábamos? ¿Acaso no conocemos ya las mañas de algunos y que “quien hace un cesto hace ciento…”?
Desde estas breves líneas, a las que añadiremos, en breve, las intervenciones del autor y del presentador de la obra (con los respectivos permisos y nuestro sincero agradecimiento por ello), les invitamos, sinceramente, a comprar el libro, a divulgar su existencia y a tomar conciencia de lo que en él se afirma. Es, realmente, una reflexión valiente, necesaria y “un aldabonazo en el portón atorado de nuestro subconsciente colectivo, (es) un toque a rebato desde el más alto de los campanarios de nuestra conciencia adormilada”.
Está visto que no podemos llegar a todo… Que nos perdonen, entonces, nuestros amables lectores si hemos tardado tanto tiempo en darles cuenta de lo que ocurrió, con más silencios de los debidos (ya nos lo temíamos, a pesar de todo, e incluso lo habíamos vaticinado…), el pasado día 30 de mayo, a las 20 horas y en el Club de Prensa del Diario de León.
En efecto, ese día se presentaba el libro del leonés Carlos Santos de la Mota, “LEÓN, HISTORIA Y HERENCIA”, publicado por la Editorial Europa Viva que dirige, en Madrid, el también leonés Ángel Pajín Álvarez.
Oficiaba de introductor de los diferentes intervinientes el Director del Diario, Fernando Aller González, presentaba al autor el Editor y hacía los oficios de primer comentarista de la obra Hermenegildo López González, catedrático de Filología Moderna.
En una sala completamente abarrotada, y tras las intervenciones de los arriba nombrados y de la del propio autor, surgió de nuevo ese entusiasmo que, en situaciones similares hemos respirado: ese fervor por la tierra, esa catarsis en el deseo arrebatado de la defensa de la misma, tan alevosamente maltratada, tan indignamente defendida por aquellos para los que esto debería constituir su obligación primera, tan rastreramente despreciada y tan sistemáticamente vilipendiada. ¡Qué poco dura la alegría en casa de los pobres…!
Las reseñas de los periódicos fueron escasas o, incluso, nulas, y desconocemos, a día de hoy, si muchos leoneses se habrán enterado siquiera de la publicación de un libro que, en el decir de quien oficiara como presentador del mismo “no solo es un libro necesario, sino imprescindible; un referente en el pensamiento, en la reflexión y la defensa de lo leonés”. ¿Qué esperábamos? ¿Acaso no conocemos ya las mañas de algunos y que “quien hace un cesto hace ciento…”?
Desde estas breves líneas, a las que añadiremos, en breve, las intervenciones del autor y del presentador de la obra (con los respectivos permisos y nuestro sincero agradecimiento por ello), les invitamos, sinceramente, a comprar el libro, a divulgar su existencia y a tomar conciencia de lo que en él se afirma. Es, realmente, una reflexión valiente, necesaria y “un aldabonazo en el portón atorado de nuestro subconsciente colectivo, (es) un toque a rebato desde el más alto de los campanarios de nuestra conciencia adormilada”.
viernes, junio 13, 2008
Proverbios, refranes, adagios y aforismos (10ª entrega)
¡Hasta los gatos quieren zapatos!
Este es el refrán que nos ha venido, de inmediato, a la memoria, leyendo El Mundo (12/06/2008; p. 18, de ese lamentable añadido que se dice “de León”), puesto que, según la explicación más plausible, describe la situación de aquellos que se atribuyen méritos que no merecen o pretenden algo que está muy por encima de sus posibilidades o condición.
Exactamente lo mismo que le ocurre al zamorano Demetrio, y conste que no nos referimos, para nada, a aquel burro zamorano-leonés que alguien paseara en ya lejano carnaval preautonómico por las calles de esta corte de reyes… Pero, como a día de hoy, cualquiera parece sentirse inspirado por alguna, sin duda, más que ociosa e indolente musa, ese mismo se cree en el derecho o la obligación de obsequiarnos con sus elucubraciones (veremos a quienes pueden éstas interesar…), en forma de libro; pero ¿qué culpa tienen los pobres árboles de la megalomanía de nuestros distantes (de la realidad) y ya más que repelentes próceres autonómicos?
Claro que, como bien adivinarán nuestros sufridos lectores, todos estos, sin duda, denodados esfuerzos intelectuales, incluso de algunos que pueden no saber “hacer la o con un canuto”, este exagerado y enfermizo cultivo del ego y este desmedido afán de no abandonar las fotos de una prensa servil, pacata, manipulada y manipuladora van a ser pagados con dinero del pobre contribuyente, al cual, si se le pidiera opinión, seguro que se acordaría de los antepasados de más de uno… El problema se agrava, además, cuando nos informan de que esto no va a parar aquí, puesto que “la publicación (es) la primera de una serie que está por venir…” ¡Dios, qué cruz…!
Y puesto que, en el encabezado de nuestra reflexión de hoy, hacemos referencia a este bravo felino, vamos a permitirnos la licencia poética de engarzar algún que otro refrán cuyo protagonista es el mismo animal; que conste que tampoco apuntamos hacia nadie en concreto, aunque quizá lo parezca, pero ¿a que serviría también, para la ocasión, aquel otro que nos previene: “ni gato ni perro de color bermejo”? Claro que ya era este un color de mal fario hasta para los egipcios…¡y mira tú que eran listos los tíos!
No me negarán tampoco que nos viene como anillo al dedo aquel otro que parece incidir en nuestra apreciación primera; confiesen con nosotros que la cosa tiene su miga y que escribir un libro no deja de ser “mucha carne para tan poco gato”. Aunque, quizás, alguno deba también preocuparse de que, en más de una ocasión, “la curiosidad mató al gato”.
No obstante hay algo que no deja de sorprendernos y no es otra cosa que los arrumacos y el compadreo que se traen, en estos últimos tiempos, el Juanvi y el Demetrio, con tanto jiji y tanto jaja; ¿no será que, en todo esto “hay gato encerrado” y que, a fin de cuentas, “yo mando a mi gato y mi gato manda a su rabo”, que no es otra cosa que la explicación de un deseo común a casi todo el mundo: el de tener a alguien por debajo a quien mandar o de quien servirse, incluyendo el hecho de utilizarlo como bufón? ¡Los hay tarugos…!
Bien sabemos todos que, a pesar de sus esfuerzos traducidos en inversiones millonarias, “para crear conciencia regional”, incluso ellos siguen convencidos de que leoneses y castellanos nos llevamos “como el perro y el gato” y que “jamás en el mismo plato comen el ratón y el gato”; mas, persuadidos como están de su superioridad, ese mismo convencimiento les da derechos que de ningún modo deben compartir con los demás. ¡Ellos nunca se equivocan!
Nos tememos, sin embargo, que, de nuevo “¡qué más quisiera el gato, que lamer el plato!”; y, habiendo escarmentado en cabeza propia, no ignoramos que “sardina que lleva el gato, tarde o nunca vuelve al plato”, y ¿acaso cabe alguna duda ya de que eso es lo que vienen persiguiendo y logrando para nuestra desgracia…?
¿No es para pensar mal, incluso, el hecho de que el ínclito ese que otea distraído y despreocupado desde su particular Otero haya llegado a votar una ley de “ordenación del territorio” con los mismos que nos roban, nos vejan, nos insultan, nos niegan y cercenan, sistemáticamente, cualesquiera de nuestras posibilidad de futuro? Naturalmente que no solo “los gatos quieren zapatos (pues también) [y] los ratones calzones”. ¡Al tiempo…!; mas, en esta tesitura y habiendo metido la patita hasta el corvejón (ya lo habíamos advertido), “¿quién le pone el cascabel al gato?”
Este es el refrán que nos ha venido, de inmediato, a la memoria, leyendo El Mundo (12/06/2008; p. 18, de ese lamentable añadido que se dice “de León”), puesto que, según la explicación más plausible, describe la situación de aquellos que se atribuyen méritos que no merecen o pretenden algo que está muy por encima de sus posibilidades o condición.
Exactamente lo mismo que le ocurre al zamorano Demetrio, y conste que no nos referimos, para nada, a aquel burro zamorano-leonés que alguien paseara en ya lejano carnaval preautonómico por las calles de esta corte de reyes… Pero, como a día de hoy, cualquiera parece sentirse inspirado por alguna, sin duda, más que ociosa e indolente musa, ese mismo se cree en el derecho o la obligación de obsequiarnos con sus elucubraciones (veremos a quienes pueden éstas interesar…), en forma de libro; pero ¿qué culpa tienen los pobres árboles de la megalomanía de nuestros distantes (de la realidad) y ya más que repelentes próceres autonómicos?
Claro que, como bien adivinarán nuestros sufridos lectores, todos estos, sin duda, denodados esfuerzos intelectuales, incluso de algunos que pueden no saber “hacer la o con un canuto”, este exagerado y enfermizo cultivo del ego y este desmedido afán de no abandonar las fotos de una prensa servil, pacata, manipulada y manipuladora van a ser pagados con dinero del pobre contribuyente, al cual, si se le pidiera opinión, seguro que se acordaría de los antepasados de más de uno… El problema se agrava, además, cuando nos informan de que esto no va a parar aquí, puesto que “la publicación (es) la primera de una serie que está por venir…” ¡Dios, qué cruz…!
Y puesto que, en el encabezado de nuestra reflexión de hoy, hacemos referencia a este bravo felino, vamos a permitirnos la licencia poética de engarzar algún que otro refrán cuyo protagonista es el mismo animal; que conste que tampoco apuntamos hacia nadie en concreto, aunque quizá lo parezca, pero ¿a que serviría también, para la ocasión, aquel otro que nos previene: “ni gato ni perro de color bermejo”? Claro que ya era este un color de mal fario hasta para los egipcios…¡y mira tú que eran listos los tíos!
No me negarán tampoco que nos viene como anillo al dedo aquel otro que parece incidir en nuestra apreciación primera; confiesen con nosotros que la cosa tiene su miga y que escribir un libro no deja de ser “mucha carne para tan poco gato”. Aunque, quizás, alguno deba también preocuparse de que, en más de una ocasión, “la curiosidad mató al gato”.
No obstante hay algo que no deja de sorprendernos y no es otra cosa que los arrumacos y el compadreo que se traen, en estos últimos tiempos, el Juanvi y el Demetrio, con tanto jiji y tanto jaja; ¿no será que, en todo esto “hay gato encerrado” y que, a fin de cuentas, “yo mando a mi gato y mi gato manda a su rabo”, que no es otra cosa que la explicación de un deseo común a casi todo el mundo: el de tener a alguien por debajo a quien mandar o de quien servirse, incluyendo el hecho de utilizarlo como bufón? ¡Los hay tarugos…!
Bien sabemos todos que, a pesar de sus esfuerzos traducidos en inversiones millonarias, “para crear conciencia regional”, incluso ellos siguen convencidos de que leoneses y castellanos nos llevamos “como el perro y el gato” y que “jamás en el mismo plato comen el ratón y el gato”; mas, persuadidos como están de su superioridad, ese mismo convencimiento les da derechos que de ningún modo deben compartir con los demás. ¡Ellos nunca se equivocan!
Nos tememos, sin embargo, que, de nuevo “¡qué más quisiera el gato, que lamer el plato!”; y, habiendo escarmentado en cabeza propia, no ignoramos que “sardina que lleva el gato, tarde o nunca vuelve al plato”, y ¿acaso cabe alguna duda ya de que eso es lo que vienen persiguiendo y logrando para nuestra desgracia…?
¿No es para pensar mal, incluso, el hecho de que el ínclito ese que otea distraído y despreocupado desde su particular Otero haya llegado a votar una ley de “ordenación del territorio” con los mismos que nos roban, nos vejan, nos insultan, nos niegan y cercenan, sistemáticamente, cualesquiera de nuestras posibilidad de futuro? Naturalmente que no solo “los gatos quieren zapatos (pues también) [y] los ratones calzones”. ¡Al tiempo…!; mas, en esta tesitura y habiendo metido la patita hasta el corvejón (ya lo habíamos advertido), “¿quién le pone el cascabel al gato?”
martes, junio 03, 2008
Las declaraciones de Fernández Santiago o la Ley del Embudo
Como suponemos que todos sabéis, la Ley del Embudo dice que "lo ancho para mí y lo estrecho para el resto" y siguiendo esta máxima, Fernández-Santiago, hace unas declaraciones de "juzgado de guardia" que podéis leer en el siguiente enlace:
http://actualidad.terra.es/provincias/soria/articulo/fernandez-santiago-uso-principio-solidaridad-2520263.htm
Sí queridos lectores, estais leyendo bien, Fernández Santiago habla de "solidaridad" como "complemento a la autonomía" y lo hace desde su posición de presidente de las Cortes de Castilla y León, la comunidad autónoma más insolidaria y centralista y, por lo tanto, menos autonomista.
La anti-comunidad que padecemos en la que desde hace 25 años, la Junta que nos (mal)gobierna potencia lo "castellano" y silencia lo "leonés", explota los recursos leoneses para beneficio de los castellanos (agua de Riaño, recursos paisajísticos, líneas de alta tensión, nieve, acontecimientos históricos, etc.) habiendo utilizado, para mayor vejación, los menores niveles de renta de las provincias leonesas como coartada para conseguir fondos europeos que invertía casi exclusivamente en las provincias castellanas.
El último episodio de "justicia y equidad" ha sido declarar a Valladolid "zona Miner" para que pueda beneficiarse de fondos que debieran destinarse a las zonas mineras que mayoritariamente se encuentran en la provincia de León. ¿Pero dónde han visto ellos minas en esos páramos del sur? ¿Será que las tienen alojadas en sus huecas cabezas?
Se atreve a decir este señor, hablando de este engendro, que "se ha pasado de una sociedad localista a estar integrada en el euro, y, de tener rentas en un 76% del Producto Interior Bruto europeo a casi alcanzar el 100% de convergencia"; por supuesto sin mover una pestaña (ya se sabe que algunos hablan sin mover el bigote..., todo se hereda) y sin explicar que las diferencias de renta entre Burgos y Valladolid, por un lado, con niveles de renta iguales a la provincia de Barcelona y superiores a las otras tres provincias catalanas, y Zamora por el otro, son del 36%. ¿Es esto lo que el buen señor denomina "solidaridad", "convergencia" e "igualdad de oportunidades"? ¡Ah!, ya comprendo; debe tener una nueva edición de diccionario, no apta para ciudadanos normales; quizás haya que denominar santiagués esta curiosa variante lingüística.
Insistió también en que la nueva financiación debe abordar la mejora en la prestación de servicios a los ciudadanos, afirmando que «hay que tener en cuenta que tenemos una población envejecida, y que es necesario ponderar los costes», añadiendo que se debe respetar que «todos tengamos las mismas oportunidades».
¡Cómo se puede ser tan cínico, cuando la provincia de León, la más extensa de la Comunidad y montañosa en un 75% de su territorio, con una población de 497.000 habitantes de los que 141.000 son pensionistas tiene 800 médicos menos que la provincia de Valladolid, llana y mucho menor en extensión y que cuenta con 521.000 habitantes! ¿En nombre de qué solidaridad y servicio al ciudadano se mantienen estos agravios comparativos? ¡Como el cemento, oiga...!
Y para rematar la jugada, "esta mente preclara" nos deja su opinión sobre "la existencia de una conciencia regional entre los castellanos y leoneses" diciendo que, según las encuestas, «hemos crecido en este sentimiento pero todavía no iguala al que tenemos por nuestras provincias» .
El Húsar está interesadísimo en conocer las encuestas que maneja este sujeto porque según las repetidas oleadas llevadas a cabo por el BAROCYL (¡anda que el nombrecito también se las trae...!), poco sospechoso de "cocinar" en contra de los deseos de la Junta, el "sentimiento regional castellano y leonés" es prácticamente inexistente en toda la comunidad. Pero ¿qué más les da? Ellos siguen "a su bola" y "el que venga detrás que arree".
¿Cuando aprenderán todos estos politiquillos de medio pelo (Herreras, Villalbas, Santiagos, Lópeces, etc.) que una cosa son sus deseos, convenientemente avivados por sus sustanciosos sueldos y otra muy distinta los sentimientos de los pueblos que, mal que les pese, no pueden cambiarse por decreto-ley?
http://actualidad.terra.es/provincias/soria/articulo/fernandez-santiago-uso-principio-solidaridad-2520263.htm
Sí queridos lectores, estais leyendo bien, Fernández Santiago habla de "solidaridad" como "complemento a la autonomía" y lo hace desde su posición de presidente de las Cortes de Castilla y León, la comunidad autónoma más insolidaria y centralista y, por lo tanto, menos autonomista.
La anti-comunidad que padecemos en la que desde hace 25 años, la Junta que nos (mal)gobierna potencia lo "castellano" y silencia lo "leonés", explota los recursos leoneses para beneficio de los castellanos (agua de Riaño, recursos paisajísticos, líneas de alta tensión, nieve, acontecimientos históricos, etc.) habiendo utilizado, para mayor vejación, los menores niveles de renta de las provincias leonesas como coartada para conseguir fondos europeos que invertía casi exclusivamente en las provincias castellanas.
El último episodio de "justicia y equidad" ha sido declarar a Valladolid "zona Miner" para que pueda beneficiarse de fondos que debieran destinarse a las zonas mineras que mayoritariamente se encuentran en la provincia de León. ¿Pero dónde han visto ellos minas en esos páramos del sur? ¿Será que las tienen alojadas en sus huecas cabezas?
Se atreve a decir este señor, hablando de este engendro, que "se ha pasado de una sociedad localista a estar integrada en el euro, y, de tener rentas en un 76% del Producto Interior Bruto europeo a casi alcanzar el 100% de convergencia"; por supuesto sin mover una pestaña (ya se sabe que algunos hablan sin mover el bigote..., todo se hereda) y sin explicar que las diferencias de renta entre Burgos y Valladolid, por un lado, con niveles de renta iguales a la provincia de Barcelona y superiores a las otras tres provincias catalanas, y Zamora por el otro, son del 36%. ¿Es esto lo que el buen señor denomina "solidaridad", "convergencia" e "igualdad de oportunidades"? ¡Ah!, ya comprendo; debe tener una nueva edición de diccionario, no apta para ciudadanos normales; quizás haya que denominar santiagués esta curiosa variante lingüística.
Insistió también en que la nueva financiación debe abordar la mejora en la prestación de servicios a los ciudadanos, afirmando que «hay que tener en cuenta que tenemos una población envejecida, y que es necesario ponderar los costes», añadiendo que se debe respetar que «todos tengamos las mismas oportunidades».
¡Cómo se puede ser tan cínico, cuando la provincia de León, la más extensa de la Comunidad y montañosa en un 75% de su territorio, con una población de 497.000 habitantes de los que 141.000 son pensionistas tiene 800 médicos menos que la provincia de Valladolid, llana y mucho menor en extensión y que cuenta con 521.000 habitantes! ¿En nombre de qué solidaridad y servicio al ciudadano se mantienen estos agravios comparativos? ¡Como el cemento, oiga...!
Y para rematar la jugada, "esta mente preclara" nos deja su opinión sobre "la existencia de una conciencia regional entre los castellanos y leoneses" diciendo que, según las encuestas, «hemos crecido en este sentimiento pero todavía no iguala al que tenemos por nuestras provincias» .
El Húsar está interesadísimo en conocer las encuestas que maneja este sujeto porque según las repetidas oleadas llevadas a cabo por el BAROCYL (¡anda que el nombrecito también se las trae...!), poco sospechoso de "cocinar" en contra de los deseos de la Junta, el "sentimiento regional castellano y leonés" es prácticamente inexistente en toda la comunidad. Pero ¿qué más les da? Ellos siguen "a su bola" y "el que venga detrás que arree".
¿Cuando aprenderán todos estos politiquillos de medio pelo (Herreras, Villalbas, Santiagos, Lópeces, etc.) que una cosa son sus deseos, convenientemente avivados por sus sustanciosos sueldos y otra muy distinta los sentimientos de los pueblos que, mal que les pese, no pueden cambiarse por decreto-ley?
sábado, mayo 31, 2008
Los leoneses se preguntan...
Un amigo que desea mantener el anonimato, nos remite la siguiente denuncia de un hecho que, personalmente, hemos constatado. La verdad es que el intento de ocultación de León y lo leonés y el empeño de Valladolid de, como decía aquella famosilla "ilustrada", "estar todo el día en el candelabro", llegan a extremos ridículos que, si no persiguieran la aniquilación de un pueblo y una identidad, resultarían jocosos.
¿Creeis que algún político de la Junta responderá a las preguntas que se hace nuestro amigo, acaso lo hará alguno de los políticos elegidos por León, Zamora o Salamanca, que no leoneses puesto que doblan la rodilla ante Castilla sin defender a quienes les eligieron?
Saliendo de Madrid por la A-6 te encuentras con varios indicativos de distancias kilométricas a otras tantas ciudades que están en dicha ruta y adyacentes; entre ellas León, trescientos y pico kilómetros. De momento todo normal pero, en adelante, no hay ningún indicativo para León hasta que se llega a Benavente.
La cuestión es ¿por qué Valladolid aparece en todos los cruces si no está en dicha carretera A-6? ¿Por qué aparecen Zamora y Salamanca, pero sólo en la zona de Tordesillas? Ni Valladolid, ni Zamora, ni Salamanca, ni León están en la propia A-6: ¿Por qué Valladolid aparece en toda la ruta y las demás no? ¿Otro tipo de discriminación? He intentado localizar a los responsables de este desaguisado pero no lo he conseguido.
¿Creeis que algún político de la Junta responderá a las preguntas que se hace nuestro amigo, acaso lo hará alguno de los políticos elegidos por León, Zamora o Salamanca, que no leoneses puesto que doblan la rodilla ante Castilla sin defender a quienes les eligieron?
Saliendo de Madrid por la A-6 te encuentras con varios indicativos de distancias kilométricas a otras tantas ciudades que están en dicha ruta y adyacentes; entre ellas León, trescientos y pico kilómetros. De momento todo normal pero, en adelante, no hay ningún indicativo para León hasta que se llega a Benavente.
La cuestión es ¿por qué Valladolid aparece en todos los cruces si no está en dicha carretera A-6? ¿Por qué aparecen Zamora y Salamanca, pero sólo en la zona de Tordesillas? Ni Valladolid, ni Zamora, ni Salamanca, ni León están en la propia A-6: ¿Por qué Valladolid aparece en toda la ruta y las demás no? ¿Otro tipo de discriminación? He intentado localizar a los responsables de este desaguisado pero no lo he conseguido.
lunes, mayo 26, 2008
Actos del Bicentenario: Proclama del 24 de Abril de 2008
En el siguiente enlace hallaréis el texto de la proclama del 24 de Abril de este año, efectuada desde el balcón del Consistorio de la Plaza Mayor por D. Máximo Cayón Diéguez.
http://comunidadleonesaes.blogspot.com/2008/05/proclama-del-24-de-abril-de-2008.html
http://comunidadleonesaes.blogspot.com/2008/05/proclama-del-24-de-abril-de-2008.html
jueves, mayo 22, 2008
Es necesario cambiar para que todo siga igual
Algo está pasando, sin duda, a este lado del Torío; y, si, a fecha de hoy, pudiéramos desplegar aún las alas del optimismo, quizá deberíamos, incluso, entonar a coro con Julieta Venegas un esperanzado “algo está cambiando”.
En efecto, al menos en apariencia, y tras las fervorosas reivindicaciones (“¿qué se ficieron?”) sobre el declive de León (y lo leonés) llevadas a cabo por las organizaciones sindicales, salpimentadas con otras, no menos comprometedoras (¿si?) del regidor mayor de esta vieja corte de reyes, ahora le ha tocado el turno (¿cómo podían faltar a la cita?) nada menos que a los de la FELE tutelados por sus correligionarios de CECALE (¡lagarto, lagarto!) ¡Prodigioso, inverosímil, absolutamente estrambótico!
Es fantástico que, después de haber renunciado, durante más de veinte años a cualquier tipo de protesta o exigencia, por pequeña que esta fuera, ante la Junta de los junteros de la cosa que nos arrejunta, los sesudos señorones del empresariado más vendido a los intereses bastardos de la tropa vallisoletana, vengan ahora a proclamar que “León ha sido excluida de inversiones públicas durante décadas”. ¿Acaso se les ha caído la venda antes de ayer? Pero han osado, incluso ir más lejos; en boca de su presidente, don Ignacio Tejera, reinante a la sazón; en efecto, este señor, en su mismidad y atacado, al parecer, de un brote primaveral de febril leonesidad, ha criticado que “León (…) ha sido postergada de los grandes proyectos (…) de los que sí se han beneficiado otras regiones”.
No se me pierdan en la cita y átenme esa mosca por el rabo; ¡así, como lo oyen y lo leen! Implícitamente, si no hemos perdido la capacidad de raciocinio ante lo que leemos, uno de los más significados jefazos de Agelco habla de León como región… ¿En qué estaría pensando el hombre, después de tanto desvarío regional por esas tierras resecas del Sur y del Este? ¿Habría, quizá, bajado con cierto mareo de alguno de sus divertimentos con Lagun Air? ¿O será sencillamente que de tanto dar vueltas alrededor de los grandes capos del invento este ha sufrido un pasajero desmayo?
Sin embargo, presa del síndrome del miedo que siempre les ha atenazado a estos neoconversos (no importa a qué…) y, probablemente para hacerse, de entrada, perdonar por este rajada inoportuna, “el representante de la patronal no quiso citar las provincias que han recibido «cantidades ingentes» de dinero procedente de las arcas institucionales, «aunque están en la mente de todos”. A buen entendedor, pocas palabras bastan.
Claro está que, en este juego insulso de “una de cal y otra de arena”, aunque “vio lícita la confrontación territorial para que cada demarcación provincial busque el máximo desarrollo económico”, de inmediato soltó ya la gran ... patada (obsérvese que, a pesar de ser más acertada, por respeto a quien lo lee, no hemos querido utilizar otra palabra que rima con lo mismo). Sin respirar siquiera, ya nos colocó, el hombre, aquello de que ese desarrollo debe ser “de manera conjunta y global”. ¿Acaso lo hacen? ¿Lo está siendo? ¿Entonces de qué se queja? ¿O tenemos que recordarle, una vez más, los números? ¿Pero no acaba de afirmar lo contrario? ¡Ay, señor mío que se me pierde...!
Su supuesto sostenedor, el capo de CECALE (¡vade retro…!), rápidamente se encargó de tirarle a usted de la oreja derecha negando, sin ambages, que exista “esa discriminación de la provincia de León en beneficio de Valladolid y aseguró (además) que la patronal que engloba al empresariado de la comunidad refrenda por igual las reivindicaciones de todas las provincias”. Otro que tuvo que salir de frente porque, de lado, pegaba con la nariz en el marco lateral de la puerta…
Nuestro ínclito representante de FELE debió captar, de inmediato, el mensaje y pasó, entonces, a explicar que “recientemente han llegado a León «proyectos públicos de gran envergadura, inversiones en infraestructuras, industriales, de formación, culturales y de telecomunicaciones, que contribuyen notablemente al dinamismo empresarial y, en definitiva, a mejorar la vida de los ciudadanos». ¡Y nosotros con estos pelos! ¡Y además sin enterarnos y sin parar de protestar…! ¡Qué insolidarios y cazurros…! Pero... si esto último es cierto ¿a qué vienen sus anteriores lamentos?
¡Pero hombre de Dios! ¿Quién le ha pedido meterse en el arroyo si no entraba en sus proyectos el hecho de salpicarse? ¿Acaso pretende usía coger peces subvencionados sin mojarse, siquiera un poco, la parte alta de la piernecita? Probablemente para eso hay que llamarse Villanueva y nacer en otra parte…, mire usted. Déjese ya de jugar a “conciliador” y, si observa las deficiencias que dice (¡hace falta estar ciego, sordo y completamente idiotizado para no haberse dado cuenta de ello en lustros…!) denúncielo con valentía, aunque tengan ustedes que perder esas subvenciones que les atan la lengua, les tapan los ojos, les nublan las entendederas y les hacen arrastrar su dignidad ante la opinión pública leonesa.
Que le digo a usted, por si no lo sabe, que la sociedad es algo bastante diferente de los corrillos y de los lobbys en los que hacen sus vidas y multiplican sus negocios. Claro que esto, sinceramente, les importa un pimiento morrón, o de Fresno, para ser aún más “rancio” e "insolidario". Seguro que, a pesar de todo y aunque le preocupe una higa, conoce aquello de que “vale más morir de pie que vivir de rodillas”.
No quiero ni entrar a comentar las reivindicaciones irrenunciables, “necesarias y urgentes” que apunta “para incrementar la competitividad y productividad”; algunas están bastante traídas por los pelos y otras, desconozco la razón (¿o sí?), se le han quedado en el tintero. ¿Será que no interesan al jefe? Sin embargo, le voy a recordar cuál es la más apremiante: que, de una vez, nos dejen en paz y podamos gestionar, nosotros mismos, nuestros propios recursos y determinar la prioridad de las acciones a llevar a cabo. ¿O alguien cree, todavía, que viviendo de las migajas que, con desprecio, algunos nos arrojan vamos a salir alguna vez de este miserable estado de postración?
Y un consejín, como siempre “de gratis”: cuídeseme esa salud, no se lleve estos sofocones y, sobre todo, no repita estos peligrosos juegos de ahora sí y luego no, para terminar diciendo lo contrario de ambas cosas; pueden conducir a la esquizofrenia…
Me temo, después de lo visto, que, como en el caso de aquel ser provinciano, descrito por Giuseppe Lampedusa, en “El Gatopardo”, la filosofía de muchos de ustedes se resuma en aquel conocido “es necesario cambiar para que todo siga igual” ¡Dan pena!
En efecto, al menos en apariencia, y tras las fervorosas reivindicaciones (“¿qué se ficieron?”) sobre el declive de León (y lo leonés) llevadas a cabo por las organizaciones sindicales, salpimentadas con otras, no menos comprometedoras (¿si?) del regidor mayor de esta vieja corte de reyes, ahora le ha tocado el turno (¿cómo podían faltar a la cita?) nada menos que a los de la FELE tutelados por sus correligionarios de CECALE (¡lagarto, lagarto!) ¡Prodigioso, inverosímil, absolutamente estrambótico!
Es fantástico que, después de haber renunciado, durante más de veinte años a cualquier tipo de protesta o exigencia, por pequeña que esta fuera, ante la Junta de los junteros de la cosa que nos arrejunta, los sesudos señorones del empresariado más vendido a los intereses bastardos de la tropa vallisoletana, vengan ahora a proclamar que “León ha sido excluida de inversiones públicas durante décadas”. ¿Acaso se les ha caído la venda antes de ayer? Pero han osado, incluso ir más lejos; en boca de su presidente, don Ignacio Tejera, reinante a la sazón; en efecto, este señor, en su mismidad y atacado, al parecer, de un brote primaveral de febril leonesidad, ha criticado que “León (…) ha sido postergada de los grandes proyectos (…) de los que sí se han beneficiado otras regiones”.
No se me pierdan en la cita y átenme esa mosca por el rabo; ¡así, como lo oyen y lo leen! Implícitamente, si no hemos perdido la capacidad de raciocinio ante lo que leemos, uno de los más significados jefazos de Agelco habla de León como región… ¿En qué estaría pensando el hombre, después de tanto desvarío regional por esas tierras resecas del Sur y del Este? ¿Habría, quizá, bajado con cierto mareo de alguno de sus divertimentos con Lagun Air? ¿O será sencillamente que de tanto dar vueltas alrededor de los grandes capos del invento este ha sufrido un pasajero desmayo?
Sin embargo, presa del síndrome del miedo que siempre les ha atenazado a estos neoconversos (no importa a qué…) y, probablemente para hacerse, de entrada, perdonar por este rajada inoportuna, “el representante de la patronal no quiso citar las provincias que han recibido «cantidades ingentes» de dinero procedente de las arcas institucionales, «aunque están en la mente de todos”. A buen entendedor, pocas palabras bastan.
Claro está que, en este juego insulso de “una de cal y otra de arena”, aunque “vio lícita la confrontación territorial para que cada demarcación provincial busque el máximo desarrollo económico”, de inmediato soltó ya la gran ... patada (obsérvese que, a pesar de ser más acertada, por respeto a quien lo lee, no hemos querido utilizar otra palabra que rima con lo mismo). Sin respirar siquiera, ya nos colocó, el hombre, aquello de que ese desarrollo debe ser “de manera conjunta y global”. ¿Acaso lo hacen? ¿Lo está siendo? ¿Entonces de qué se queja? ¿O tenemos que recordarle, una vez más, los números? ¿Pero no acaba de afirmar lo contrario? ¡Ay, señor mío que se me pierde...!
Su supuesto sostenedor, el capo de CECALE (¡vade retro…!), rápidamente se encargó de tirarle a usted de la oreja derecha negando, sin ambages, que exista “esa discriminación de la provincia de León en beneficio de Valladolid y aseguró (además) que la patronal que engloba al empresariado de la comunidad refrenda por igual las reivindicaciones de todas las provincias”. Otro que tuvo que salir de frente porque, de lado, pegaba con la nariz en el marco lateral de la puerta…
Nuestro ínclito representante de FELE debió captar, de inmediato, el mensaje y pasó, entonces, a explicar que “recientemente han llegado a León «proyectos públicos de gran envergadura, inversiones en infraestructuras, industriales, de formación, culturales y de telecomunicaciones, que contribuyen notablemente al dinamismo empresarial y, en definitiva, a mejorar la vida de los ciudadanos». ¡Y nosotros con estos pelos! ¡Y además sin enterarnos y sin parar de protestar…! ¡Qué insolidarios y cazurros…! Pero... si esto último es cierto ¿a qué vienen sus anteriores lamentos?
¡Pero hombre de Dios! ¿Quién le ha pedido meterse en el arroyo si no entraba en sus proyectos el hecho de salpicarse? ¿Acaso pretende usía coger peces subvencionados sin mojarse, siquiera un poco, la parte alta de la piernecita? Probablemente para eso hay que llamarse Villanueva y nacer en otra parte…, mire usted. Déjese ya de jugar a “conciliador” y, si observa las deficiencias que dice (¡hace falta estar ciego, sordo y completamente idiotizado para no haberse dado cuenta de ello en lustros…!) denúncielo con valentía, aunque tengan ustedes que perder esas subvenciones que les atan la lengua, les tapan los ojos, les nublan las entendederas y les hacen arrastrar su dignidad ante la opinión pública leonesa.
Que le digo a usted, por si no lo sabe, que la sociedad es algo bastante diferente de los corrillos y de los lobbys en los que hacen sus vidas y multiplican sus negocios. Claro que esto, sinceramente, les importa un pimiento morrón, o de Fresno, para ser aún más “rancio” e "insolidario". Seguro que, a pesar de todo y aunque le preocupe una higa, conoce aquello de que “vale más morir de pie que vivir de rodillas”.
No quiero ni entrar a comentar las reivindicaciones irrenunciables, “necesarias y urgentes” que apunta “para incrementar la competitividad y productividad”; algunas están bastante traídas por los pelos y otras, desconozco la razón (¿o sí?), se le han quedado en el tintero. ¿Será que no interesan al jefe? Sin embargo, le voy a recordar cuál es la más apremiante: que, de una vez, nos dejen en paz y podamos gestionar, nosotros mismos, nuestros propios recursos y determinar la prioridad de las acciones a llevar a cabo. ¿O alguien cree, todavía, que viviendo de las migajas que, con desprecio, algunos nos arrojan vamos a salir alguna vez de este miserable estado de postración?
Y un consejín, como siempre “de gratis”: cuídeseme esa salud, no se lleve estos sofocones y, sobre todo, no repita estos peligrosos juegos de ahora sí y luego no, para terminar diciendo lo contrario de ambas cosas; pueden conducir a la esquizofrenia…
Me temo, después de lo visto, que, como en el caso de aquel ser provinciano, descrito por Giuseppe Lampedusa, en “El Gatopardo”, la filosofía de muchos de ustedes se resuma en aquel conocido “es necesario cambiar para que todo siga igual” ¡Dan pena!
sábado, mayo 17, 2008
Proverbios, adagios, refranes y aforismos (9ª entrega)
A asno lerdo, arriero loco
Llevamos unos días que, por así decir, “estamos que lo tiramos”; o explicado de otro modo, no nos caben ya más insultos, críticas, burlas, injurias, ofensas, ultrajes y humillaciones en nuestra mochila de “provincianos” y “rancios” leoneses. Los señores más instruidos, conspicuos, notables y distinguidos de la cosa esa de la Junta esta, sí, esos que piensan “en clave de comunidad” (pero que, desde su avidez insolidaria y aldeana, no sólo arriman el ascua a su sardina sino que se quedan hasta con el pan, la lumbre, el agua para apagarla luego, por si las moscas, y la sombra que pueda producir, no sea que vayamos a pasar cerca de ella y nos alimente) han comenzado una auténtica cruzada y disparan contra todo lo que se menea en estas tierras del Oeste. ¡Anda que ya les vale!
Por estas y otras razones, y como tememos soltarnos la lengua y la melena, vamos a utilizar, en esta más que amable respuesta a tanta agresión, estúpida e injustificada, y para que vean que aún conservamos el buen humor, una breve pero jugosa colección de “refranes castellanos”; evitaremos, de este modo, quizá, que alguien pueda sentirse ofendido, puesto que no hacemos otra cosa que copiarlos, quizá sin demasiado criterio, uno detrás de otro y, por lo mismo, no invocaremos ni derechos de autor ni tememos responsabilidad sobre los mismos. Puesto que, si “de bien nacidos es ser agradecidos”, eso es lo que pretendemos, incluso a la hora de cruzar insultos… Ya saben “amor con amor se paga”.
El primero, el que encabeza la reflexión, por si los citados o su caterva de aduladores no lo conocen, algo que no dudamos pues, bien sabido es que, “no se hizo la miel para la boca del asno”, se refiere, pura y simplemente a “los tontos que no hacen lo que deben”, por lo que siempre es preferible dejarlos de lado y fingir que uno no se entera… Ya se sabe “ladran, luego cabalgamos”. Dicho de otro modo, es una especie de variante de aquel otro más conocido de “a palabras necias, oídos sordos”, que es, naturalmente, lo que a nosotros nos sugieren estos discursines patosos, palurdos e impertinentes; mas, no sé yo por qué prefiero el primero, el del pollino; ¿será que me cae simpático el animalillo ese…? ¿Será que en él los vemos reflejados? Puede que deba, sobre todo si es de raza zamorano-leonesa, incluso pedir sinceras disculpas al noble bruto por atreverme a compararle con un castellano-leonés de esos tan universalistas, tan fácilmente insultadores, tan ofensivos, con la lengua tan larga y tal y tal…
Si algún excelentísimo de esos se “fatiga” (no sé de qué, puesto que “no da palo al agua”), ¡fíjese usía cómo estaremos algunos! Más que fatigados, hartos; asqueados, ya que sus argumentos son, en sí mismos, repelentes y hasta vomitivos…
Pero vayamos con la colección anunciada, no se me vayan a contrariar: si bien es cierto que, con semejantes actitudes, confirmamos, una vez más que “el que se pica, ajos come” y que “cuando el río ruge, agua lleva”, no es menos verdad tampoco que “a buen entendedor pocas palabras bastan” y les aseguro que, para la mayoría de los leoneses, ya “se han pasado ustedes siete pueblos”. ¿Dónde han comprado la autorización para esparcir la porquería de sus ventiladores una, cien y hasta mil veces? ¿No tienen bastante territorio para llevar a cabo tan poco agradecida tarea (aunque solo sea por lo mal que huele) en su ancha, enorme y colosal Castilla? ¿No se dan cuenta de que, con esas actitudes, puede que la fiera se despierte algún día? (¡Dios lo quiera!).
Están tentando ustedes mucho al destino… No olviden, a este respecto, aquellos viejos y sabios consejos de que “quien siembra vientos recoge tempestades”, que “quien evita la ocasión, evita el peligro”, que “tanto va el cántaro a la fuente que al fin se rompe” o que “no hay que vender la piel del oso antes de haberlo matado; puesto que, como “Dios aprieta pero no ahoga”, que, por muy aparatoso, “un tropezón no es caída” y además “no hay mal que cien años dure”, algún día (esperemos que ya no muy lejano) los pocos “colaboracionistas” que les quedan por el Oeste de sus pecados, se darán cuanta, de una vez por todas, de que “más vale solo que mal acompañado”, que “nunca es tarde si la dicha es buena” y que “mientras hay vida hay esperanza”, por lo que acabarán olvidando y dándoles en las mismísimas narices con su “atado y bien atado".
Terminará, entonces, por tener razón aquello de que “muerto el perro se acabó la rabia”; lo que equivale a decir que si nos libramos de ustedes, se habrán acabado la mayor parte de nuestras desdichas. No hay peor cosa que constatar, como venimos haciendo ya durante 25 interminables años, con enorme tristeza, que “de fuera vendrá quien de tu casa te echará”, y eso no deberíamos haberlo aguantado nunca nadie, puesto que actitudes semejantes son tanto como “vivir de rodillas”, lo cual es más propio de un pueblo de esclavos que de los descendientes de quienes fueron capaces de poner, antes que nadie, a sus reyes por debajo de la ley y, por otro lado, “más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena”. Así que, “plieguen velas”, “váyanse con la música a otra parte” y “déjennos en paz”. Pero, seguramente, por estas actitudes suyas, repetidas, algún día habremos de gritar de alegría (recordando estos malos tiempos), que “no hay mal que por bien no venga”, pues, en determinadas circunstancias es preferible invocar lo de “a grandes males, grandes remedios”.
A pesar de todas las opiniones en contrario, ustedes siguen obscenamente cacareando desde lo alto de su muladar, que “ande yo caliente y ríase la gente”, que “teniendo una vecina boba, para qué quieren comprar escoba”, puesto que “lo mío es mío y lo de los demás a medias” y “a bebedor fino, primero agua y luego vino”; dicho “en cristiano” que se creen, “a pies juntillas”, y, por lo mismo, practican la política de “el que la sigue la consigue” o la no menos interesada de “Juan Palomo: yo me lo guiso y yo me lo como”, y, así, como “don erre que erre”, siguen vapuleando, inmisericordes, a quien protesta por verse esquilmado en sus recursos y en su identidad, y encima osa contradecir su recto ver y entender, su obsesiva exigencia de pensamiento único de “región más grande del mundo mundial” y ¡ar!.
¡Que no, oiga, que no! Que algún día “la avaricia rompe el saco” y les ocurrirá como al gallo de Morón o a ese otro que, según comentan, “fue por lana y salió trasquilado”; no deben dudar que, más pronto que tarde “a todo cerdo le llega su San Martín” (con mis respetos también al pobre gorrino, puerco o gocho, como decimos por aquí).
Naturalmente que aún seguimos contando algún pobre ciego “que no quiere ver”, pero la mayor parte de los leoneses se han convencido ya de que “vale más andar de a pie que con el recado al hombro”, que, a fin de cuentas, “ventajear al ventajero no es pecado para el infierno” (también conocido como “el que roba a un ladrón tiene cien años de perdón”) y que “a la mala costumbre, quebrarle la pierna” (es decir: las malas costumbres se han de abandonar pronto). Solo queda tomar la decisión y, como un solo hombre, olvidando los intereses partidistas que tanto daño han hecho a esta tierra, levantarse de las cenizas de esta modorra, de este abandono, de esta desidia y del desánimo y la conformidad que nos invade; como el poeta, diremos: “queda todavía camino por andar” y, precisamente, no vamos en la buena dirección, pues el precipicio ya casi se huele y estos agoreros , estos adivinadores, con su bola de todo a cien, buscan, incluso, que nos precipitemos confiados y contentos hacia la sima.
Sin embargo yo les quiero prevenir hoy: “no estiréis mucho las piernas si dormís en catre corto” que “quien mucho corre pronto para”, “quien mucho abarca poco aprieta” o, como decía el tío Manuel de mi pueblo: Moreno “para el carro que hay mucho barro”. Y “a otro perro con ese hueso” que aquí ya comenzamos a estar un poco “de vuelta de todo”. No sólo han cometido ustedes el eterno error de “ver la paja en el ojo ajeno, y no la viga en el propio” sino que se han retratado, pues “piensa el ladrón que todos son de su condición” y además han terminado por hacer el más absoluto de los ridículos, emulando, eso sí, al “maestro ciruela que no sabía leer y puso escuela”.
Que sí, que se os ha visto el plumero ya demasiadas veces (agua, carreteras, aeropuerto, atención sanitaria, plagas de topillos, creación de puestos de trabajo, deslocalización de empresas, 112, televisión, NUTs, hemodonación, fondos MINER, etc., etc.) y hasta los leoneses más pusilánimes han terminado por descubrir que tanto amor a León, tanta tabla rasa de identidad castellano-leonesa no ocultaba más que el conocido “por qué te quiero Andrés, por el interés” y que sois como aquel “cara de beato y uñas de gato” o “ladino como burro dañino”. Conocemos que “cuando el amor es fingido en el aire es conocido” y vosotros que nunca perdéis las mañas, puesto que “la cabra siempre tira al monte”, os venís mostrando tan interesados que, si algún día esto ocurriera (habrá que ponerle antes remedio) “se acabaron lo higos, se acabaron los amigos”. Por eso seguiremos aquí, vigilantes y previniendo a los leoneses ante el sabio proverbio: “cuídate de perro rabioso y de hombre sospechoso”.
Estas son razones sobradas para seguir insistiendo en que de esta forzada unión, de este matrimonio a empellones no podía salir nada bueno; ya se sabe “de tales bodas, tales costras”, “de aquellos polvos estos lodos” y que, por lo mismo, ya es hora de pedir el divorcio, y ni siquiera el amistoso sino un urgente, necesario e inaplazable “divorcio Express”. ¡SAYONARA BABY
Llevamos unos días que, por así decir, “estamos que lo tiramos”; o explicado de otro modo, no nos caben ya más insultos, críticas, burlas, injurias, ofensas, ultrajes y humillaciones en nuestra mochila de “provincianos” y “rancios” leoneses. Los señores más instruidos, conspicuos, notables y distinguidos de la cosa esa de la Junta esta, sí, esos que piensan “en clave de comunidad” (pero que, desde su avidez insolidaria y aldeana, no sólo arriman el ascua a su sardina sino que se quedan hasta con el pan, la lumbre, el agua para apagarla luego, por si las moscas, y la sombra que pueda producir, no sea que vayamos a pasar cerca de ella y nos alimente) han comenzado una auténtica cruzada y disparan contra todo lo que se menea en estas tierras del Oeste. ¡Anda que ya les vale!
Por estas y otras razones, y como tememos soltarnos la lengua y la melena, vamos a utilizar, en esta más que amable respuesta a tanta agresión, estúpida e injustificada, y para que vean que aún conservamos el buen humor, una breve pero jugosa colección de “refranes castellanos”; evitaremos, de este modo, quizá, que alguien pueda sentirse ofendido, puesto que no hacemos otra cosa que copiarlos, quizá sin demasiado criterio, uno detrás de otro y, por lo mismo, no invocaremos ni derechos de autor ni tememos responsabilidad sobre los mismos. Puesto que, si “de bien nacidos es ser agradecidos”, eso es lo que pretendemos, incluso a la hora de cruzar insultos… Ya saben “amor con amor se paga”.
El primero, el que encabeza la reflexión, por si los citados o su caterva de aduladores no lo conocen, algo que no dudamos pues, bien sabido es que, “no se hizo la miel para la boca del asno”, se refiere, pura y simplemente a “los tontos que no hacen lo que deben”, por lo que siempre es preferible dejarlos de lado y fingir que uno no se entera… Ya se sabe “ladran, luego cabalgamos”. Dicho de otro modo, es una especie de variante de aquel otro más conocido de “a palabras necias, oídos sordos”, que es, naturalmente, lo que a nosotros nos sugieren estos discursines patosos, palurdos e impertinentes; mas, no sé yo por qué prefiero el primero, el del pollino; ¿será que me cae simpático el animalillo ese…? ¿Será que en él los vemos reflejados? Puede que deba, sobre todo si es de raza zamorano-leonesa, incluso pedir sinceras disculpas al noble bruto por atreverme a compararle con un castellano-leonés de esos tan universalistas, tan fácilmente insultadores, tan ofensivos, con la lengua tan larga y tal y tal…
Si algún excelentísimo de esos se “fatiga” (no sé de qué, puesto que “no da palo al agua”), ¡fíjese usía cómo estaremos algunos! Más que fatigados, hartos; asqueados, ya que sus argumentos son, en sí mismos, repelentes y hasta vomitivos…
Pero vayamos con la colección anunciada, no se me vayan a contrariar: si bien es cierto que, con semejantes actitudes, confirmamos, una vez más que “el que se pica, ajos come” y que “cuando el río ruge, agua lleva”, no es menos verdad tampoco que “a buen entendedor pocas palabras bastan” y les aseguro que, para la mayoría de los leoneses, ya “se han pasado ustedes siete pueblos”. ¿Dónde han comprado la autorización para esparcir la porquería de sus ventiladores una, cien y hasta mil veces? ¿No tienen bastante territorio para llevar a cabo tan poco agradecida tarea (aunque solo sea por lo mal que huele) en su ancha, enorme y colosal Castilla? ¿No se dan cuenta de que, con esas actitudes, puede que la fiera se despierte algún día? (¡Dios lo quiera!).
Están tentando ustedes mucho al destino… No olviden, a este respecto, aquellos viejos y sabios consejos de que “quien siembra vientos recoge tempestades”, que “quien evita la ocasión, evita el peligro”, que “tanto va el cántaro a la fuente que al fin se rompe” o que “no hay que vender la piel del oso antes de haberlo matado; puesto que, como “Dios aprieta pero no ahoga”, que, por muy aparatoso, “un tropezón no es caída” y además “no hay mal que cien años dure”, algún día (esperemos que ya no muy lejano) los pocos “colaboracionistas” que les quedan por el Oeste de sus pecados, se darán cuanta, de una vez por todas, de que “más vale solo que mal acompañado”, que “nunca es tarde si la dicha es buena” y que “mientras hay vida hay esperanza”, por lo que acabarán olvidando y dándoles en las mismísimas narices con su “atado y bien atado".
Terminará, entonces, por tener razón aquello de que “muerto el perro se acabó la rabia”; lo que equivale a decir que si nos libramos de ustedes, se habrán acabado la mayor parte de nuestras desdichas. No hay peor cosa que constatar, como venimos haciendo ya durante 25 interminables años, con enorme tristeza, que “de fuera vendrá quien de tu casa te echará”, y eso no deberíamos haberlo aguantado nunca nadie, puesto que actitudes semejantes son tanto como “vivir de rodillas”, lo cual es más propio de un pueblo de esclavos que de los descendientes de quienes fueron capaces de poner, antes que nadie, a sus reyes por debajo de la ley y, por otro lado, “más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena”. Así que, “plieguen velas”, “váyanse con la música a otra parte” y “déjennos en paz”. Pero, seguramente, por estas actitudes suyas, repetidas, algún día habremos de gritar de alegría (recordando estos malos tiempos), que “no hay mal que por bien no venga”, pues, en determinadas circunstancias es preferible invocar lo de “a grandes males, grandes remedios”.
A pesar de todas las opiniones en contrario, ustedes siguen obscenamente cacareando desde lo alto de su muladar, que “ande yo caliente y ríase la gente”, que “teniendo una vecina boba, para qué quieren comprar escoba”, puesto que “lo mío es mío y lo de los demás a medias” y “a bebedor fino, primero agua y luego vino”; dicho “en cristiano” que se creen, “a pies juntillas”, y, por lo mismo, practican la política de “el que la sigue la consigue” o la no menos interesada de “Juan Palomo: yo me lo guiso y yo me lo como”, y, así, como “don erre que erre”, siguen vapuleando, inmisericordes, a quien protesta por verse esquilmado en sus recursos y en su identidad, y encima osa contradecir su recto ver y entender, su obsesiva exigencia de pensamiento único de “región más grande del mundo mundial” y ¡ar!.
¡Que no, oiga, que no! Que algún día “la avaricia rompe el saco” y les ocurrirá como al gallo de Morón o a ese otro que, según comentan, “fue por lana y salió trasquilado”; no deben dudar que, más pronto que tarde “a todo cerdo le llega su San Martín” (con mis respetos también al pobre gorrino, puerco o gocho, como decimos por aquí).
Naturalmente que aún seguimos contando algún pobre ciego “que no quiere ver”, pero la mayor parte de los leoneses se han convencido ya de que “vale más andar de a pie que con el recado al hombro”, que, a fin de cuentas, “ventajear al ventajero no es pecado para el infierno” (también conocido como “el que roba a un ladrón tiene cien años de perdón”) y que “a la mala costumbre, quebrarle la pierna” (es decir: las malas costumbres se han de abandonar pronto). Solo queda tomar la decisión y, como un solo hombre, olvidando los intereses partidistas que tanto daño han hecho a esta tierra, levantarse de las cenizas de esta modorra, de este abandono, de esta desidia y del desánimo y la conformidad que nos invade; como el poeta, diremos: “queda todavía camino por andar” y, precisamente, no vamos en la buena dirección, pues el precipicio ya casi se huele y estos agoreros , estos adivinadores, con su bola de todo a cien, buscan, incluso, que nos precipitemos confiados y contentos hacia la sima.
Sin embargo yo les quiero prevenir hoy: “no estiréis mucho las piernas si dormís en catre corto” que “quien mucho corre pronto para”, “quien mucho abarca poco aprieta” o, como decía el tío Manuel de mi pueblo: Moreno “para el carro que hay mucho barro”. Y “a otro perro con ese hueso” que aquí ya comenzamos a estar un poco “de vuelta de todo”. No sólo han cometido ustedes el eterno error de “ver la paja en el ojo ajeno, y no la viga en el propio” sino que se han retratado, pues “piensa el ladrón que todos son de su condición” y además han terminado por hacer el más absoluto de los ridículos, emulando, eso sí, al “maestro ciruela que no sabía leer y puso escuela”.
Que sí, que se os ha visto el plumero ya demasiadas veces (agua, carreteras, aeropuerto, atención sanitaria, plagas de topillos, creación de puestos de trabajo, deslocalización de empresas, 112, televisión, NUTs, hemodonación, fondos MINER, etc., etc.) y hasta los leoneses más pusilánimes han terminado por descubrir que tanto amor a León, tanta tabla rasa de identidad castellano-leonesa no ocultaba más que el conocido “por qué te quiero Andrés, por el interés” y que sois como aquel “cara de beato y uñas de gato” o “ladino como burro dañino”. Conocemos que “cuando el amor es fingido en el aire es conocido” y vosotros que nunca perdéis las mañas, puesto que “la cabra siempre tira al monte”, os venís mostrando tan interesados que, si algún día esto ocurriera (habrá que ponerle antes remedio) “se acabaron lo higos, se acabaron los amigos”. Por eso seguiremos aquí, vigilantes y previniendo a los leoneses ante el sabio proverbio: “cuídate de perro rabioso y de hombre sospechoso”.
Estas son razones sobradas para seguir insistiendo en que de esta forzada unión, de este matrimonio a empellones no podía salir nada bueno; ya se sabe “de tales bodas, tales costras”, “de aquellos polvos estos lodos” y que, por lo mismo, ya es hora de pedir el divorcio, y ni siquiera el amistoso sino un urgente, necesario e inaplazable “divorcio Express”. ¡SAYONARA BABY
miércoles, mayo 07, 2008
Actos del Bicentenario. Paseo histórico musical: EL 7 DE JUNIO DE 1810 Y EL CORRAL DE SAN GUISÁN
EL CORRAL DE SAN GUISÁN, TUMBA DE LOS SOLDADOS LEONESES DESCONOCIDOS
Ciudadanos de León y amigos presentes
Henos aquí reunidos para corregir la "damnatio memoriae" a la que estuvieron sometidos durante demasiado tiempo nuestros compatriotas, que entregaron su vida luchando heroicamente contra el invasor francés en la luctuosa jornada del 7 de junio de 1810, en el emplazamiento de este pequeño Corral que hoy nos alberga y a los que como único homenaje, se les ofreció una humilde lápida conmemorativa en el muro de la antigua casona de los Ruy Gómez, hoy ya derribada. Sirvan estas breves palabras para enaltecer su acción y para demandar de las autoridades competentes un monumento de más relieve y más acorde con la gesta que realizaron.
En el año 1810 la ciudad de León contaba aproximadamente con unos 8.000 habitantes y se encontraba sujeta al dominio del ejército francés de ocupación, del que había de soportar, además de sus desmanes, unos exhaustivos impuestos. El 6 de abril del año en curso, el general Andoquée Junot, Duque de Abrantes, que comandaba el octavo cuerpo del ejército francés, con sede en Valladolid, impuso a la provincia de León la contribución de dos millones y medio de reales y el día 10 del mismo mes ordenó variar la disposición administrativa de la provincia: Astorga se convertía en capital al encontrarse allí la Capitanía General y la Prefectura, pasando la ciudad de León a simple Subprefectura.
Con el fin de instalar a las tropas imperiales se había procedido a la confiscación de diversos edificios para su utilización como cuarteles. Los ejemplos más sangrantes de esta ocupación por parte de la soldadesca fueron el Hospital de San Antonio Abad, el Convento de los Descalzos y, sobre todo, la Colegiata de San Isidoro.
Según nos indica Honorato García Luengo, Cronista Oficial de la ciudad, en su monografía histórica sobre "León y su provincia en la Guerra de la Independencia Española", en el Libro de Actas del Ayuntamiento de León, del mes de mayo del fatídico año, se exponen las quejas de los leoneses por la situación de miseria en que se debatía la población, por tanta exacción fiscal, máxime si consideramos que muchos habitantes habían huido de la ciudad y que los que habían permanecido en ella además de los impuestos tenían que contribuir al mantenimiento de las tropas napoleónicas alojando hasta diez soldados por familia.
Es otro Cronista Oficial de la ciudad, Máximo Cayón Waldaliso, quien en su obra "Tradiciones Leonesas", nos describe pormenorizadamente la composición de la guarnición francesa: "estaba formada por un millar de hombres del batallón 24 del Regimiento del Imperio y del Regimiento de Infantería número 76, con el refuerzo de un escuadrón de Caballería del 8º de Dragones, tropas veteranas bajo el mando del Comandante General Bonnet, del General Gobernador Militar del Provincia, Labordière, del jefe de tropas General Vinín, del General Clausel y de otros mandos de inferior jerarquía."
La situación de opresión y abusos en que se debatía la ciudad propició que un grupo de patriotas intentara liberarla con un audaz golpe de mano. Para alcanzar tal empeño contaban con tropas procedentes de los desperdigados Regimientos de Castilla, de Monterrey y de los Voluntarios de León, en total, poco más de 200 hombres.
El 7 de junio de 1810, en torno a las cuatro de la madrugada, una compañía de las partidas de guerilleros de Juan Díaz Porlier, mandada por un tal Fuentes, trató de penetrar en la ciudad sigilosamente, para una vez en su interior, permitir el acceso al grueso del destacamento, a través de la llamada Puerta del Malvar (Arco de Ánimas).
Mariano Domínguez Berrueta, Cronista Oficial de la Provincia de Leòn, en su "Guía del Caminante", nos describe la situación : "Entraron en la ciudad, se reunieron a ellos los paisanos más animosos y un aire patriótico oreó las oscuras calles despertando la ciudad a la aurora de una esperanza. Pero, les engañaba el corazón."
El pueblo de León se sobresaltó al oir las descargas de fusilería, porque los franceses, que estaban sobre aviso, se aprestaron a repeler la agresión. Las tropas que guarnecían la ciudad, pertenecientes a la división del General Clausel, ascendían a más de mil soldados, frente a los citados doscientos a los que se sumaron ciudadanos de toda clase y condición, que provistos de las más variadas armas y utensilios intentaron expulsar primero y detener después a los Dragones franceses. Hubo combates en el Hospital de San Antonio y en San Martín, cruentos enfrentamientos en la Plaza Mayor, escaramuzas en Palat del Rey, calles de Platerías y Serranos, hasta llegar por distintos caminos al Corral de San Guisán, a fin de hacer de su recinto el último baluarte de su numantina resistencia, como postrer sacrificio de su aventura patriótica, en la que no se mencionó, en ningún momento, la palabra rendición.
Este Corral de San Guisán tiene en la historia de León una venerable antigüedad. En diversos documentos de los siglos XI y XII se menciona la Capilla de San Crisanto, nombre que evolucionó a San Guisán, y el corral homónimo. Los canónigos de San Isidoro ejercían propiedad y mando en el viejo Corral de San Guisán, en la citada capilla y en gran parte del barrio de Santa Marina. De hecho hay que señalar que al ocupar los franceses la Colegiata y la Basílica, la exposición permanente del Santísimo Sacramento fue trasladada a la Iglesia de Santa Marina, como más próxima y afín a San Isidoro.
Retornemos al 7 de junio. Cercados ya los insurgentes en el Corral por las tropas francesas, la Infantería recibió orden de acordonar todo el barrio de Santa Marina, para que nadie pudiera escapar. Una vez finalizada la maniobra, la Caballería se lanzó al asalto para pasar a cuchillo a los defensores del Corral. Combate terrible el que se libró con sables, con navajas, con fusiles disparados a quemarropa, en encarnizada lucha cuerpo a cuerpo. Las sucesivas cargas de los dragones, vencedores en los campos de batalla de toda Europa, fueron debilitando la resistencia de los sublevados. Dos horas de agonía duró el cruento sacrificio de los patriotas. La escena que se ofreció a los ojos de los invasores, con los cadáveres de los contendientes y los caballos agonizantes, sumergidos en un mar de sangre, parecía extraída de un infierno dantesco.
Relata Cayón Waldaliso que "los vecinos de Santa Marina, aterrorizados, no se atrevieron a enterrar a los muertos españoles, horriblemente destrozados a sablazos o pisoteados por los caballos. Fueron setenta valientes los que sucumbieron en aquella brava pelea sin escapatoria posible. Setenta contra setecientos
Acabada tamaña carnicería, las tropas napoleónicas llenaron un pozo del lugar con los cadáveres de uno y otro bando. Y como todavía era poco, tuvieron que abrir una zanja, a todo lo largo de la plazoleta, convirtiendo así el típico rincón en un gran cementerio. Allí quedaron todos hundidos entre el barro y la sangre. Y cuando llegó la noche de aquel día, 7 de junio de 1810, solamente una paz: la paz de los muertos. Porque la guerra entre los vivos seguía.
Desde entonces el Corral de San Guisán es un cementerio de patriotas; la verdadera tumba de los soldados leoneses desconocidos."
A mediados del pasado siglo, por causa de diversas obras de alcantarillado, se procedió a la remoción del subsuelo del Corral y los operarios se encontraron con un macabro hallazgo: todo el terreno era un gran osario en donde aparecerían sin orden ni concierto numerosas osamentas humanas. El párroco de Santa Marina, D. Pedro Ordás, rezó un responso y se cubrieron respetuosamente los restos, del ya convertido en camposanto por toda la eternidad.
Aquí y ahora, emplazamos a los presentes para efectuar una invocación a los ausentes, a aquellos cuyos cuerpos estamos hollando con nuestros pies. Sus espíritus nos acompañan. ¿No oís el fragor de la batalla?, ¿no escuchais los gritos de los heridos?, ¿el entrechocar de los sables y las navajas?, ¿las detonaciones de las armas de fuego?...y después...el silencio... la oscuridad... la muerte...ninguno sobrevivió...
Como homenaje a ellos que dieron su vida por la independencia y por la libertad, voy a concluir declamando unas décimas del poeta decimonónico, Bernardo Luengo García, claro exponente del patriotismo romántico.
María Jesús G. Armesto
León, 23 de abril de 2008
Ciudadanos de León y amigos presentes

Henos aquí reunidos para corregir la "damnatio memoriae" a la que estuvieron sometidos durante demasiado tiempo nuestros compatriotas, que entregaron su vida luchando heroicamente contra el invasor francés en la luctuosa jornada del 7 de junio de 1810, en el emplazamiento de este pequeño Corral que hoy nos alberga y a los que como único homenaje, se les ofreció una humilde lápida conmemorativa en el muro de la antigua casona de los Ruy Gómez, hoy ya derribada. Sirvan estas breves palabras para enaltecer su acción y para demandar de las autoridades competentes un monumento de más relieve y más acorde con la gesta que realizaron.
En el año 1810 la ciudad de León contaba aproximadamente con unos 8.000 habitantes y se encontraba sujeta al dominio del ejército francés de ocupación, del que había de soportar, además de sus desmanes, unos exhaustivos impuestos. El 6 de abril del año en curso, el general Andoquée Junot, Duque de Abrantes, que comandaba el octavo cuerpo del ejército francés, con sede en Valladolid, impuso a la provincia de León la contribución de dos millones y medio de reales y el día 10 del mismo mes ordenó variar la disposición administrativa de la provincia: Astorga se convertía en capital al encontrarse allí la Capitanía General y la Prefectura, pasando la ciudad de León a simple Subprefectura.
Con el fin de instalar a las tropas imperiales se había procedido a la confiscación de diversos edificios para su utilización como cuarteles. Los ejemplos más sangrantes de esta ocupación por parte de la soldadesca fueron el Hospital de San Antonio Abad, el Convento de los Descalzos y, sobre todo, la Colegiata de San Isidoro.
Según nos indica Honorato García Luengo, Cronista Oficial de la ciudad, en su monografía histórica sobre "León y su provincia en la Guerra de la Independencia Española", en el Libro de Actas del Ayuntamiento de León, del mes de mayo del fatídico año, se exponen las quejas de los leoneses por la situación de miseria en que se debatía la población, por tanta exacción fiscal, máxime si consideramos que muchos habitantes habían huido de la ciudad y que los que habían permanecido en ella además de los impuestos tenían que contribuir al mantenimiento de las tropas napoleónicas alojando hasta diez soldados por familia.
Es otro Cronista Oficial de la ciudad, Máximo Cayón Waldaliso, quien en su obra "Tradiciones Leonesas", nos describe pormenorizadamente la composición de la guarnición francesa: "estaba formada por un millar de hombres del batallón 24 del Regimiento del Imperio y del Regimiento de Infantería número 76, con el refuerzo de un escuadrón de Caballería del 8º de Dragones, tropas veteranas bajo el mando del Comandante General Bonnet, del General Gobernador Militar del Provincia, Labordière, del jefe de tropas General Vinín, del General Clausel y de otros mandos de inferior jerarquía."
La situación de opresión y abusos en que se debatía la ciudad propició que un grupo de patriotas intentara liberarla con un audaz golpe de mano. Para alcanzar tal empeño contaban con tropas procedentes de los desperdigados Regimientos de Castilla, de Monterrey y de los Voluntarios de León, en total, poco más de 200 hombres.
El 7 de junio de 1810, en torno a las cuatro de la madrugada, una compañía de las partidas de guerilleros de Juan Díaz Porlier, mandada por un tal Fuentes, trató de penetrar en la ciudad sigilosamente, para una vez en su interior, permitir el acceso al grueso del destacamento, a través de la llamada Puerta del Malvar (Arco de Ánimas).
Mariano Domínguez Berrueta, Cronista Oficial de la Provincia de Leòn, en su "Guía del Caminante", nos describe la situación : "Entraron en la ciudad, se reunieron a ellos los paisanos más animosos y un aire patriótico oreó las oscuras calles despertando la ciudad a la aurora de una esperanza. Pero, les engañaba el corazón."
El pueblo de León se sobresaltó al oir las descargas de fusilería, porque los franceses, que estaban sobre aviso, se aprestaron a repeler la agresión. Las tropas que guarnecían la ciudad, pertenecientes a la división del General Clausel, ascendían a más de mil soldados, frente a los citados doscientos a los que se sumaron ciudadanos de toda clase y condición, que provistos de las más variadas armas y utensilios intentaron expulsar primero y detener después a los Dragones franceses. Hubo combates en el Hospital de San Antonio y en San Martín, cruentos enfrentamientos en la Plaza Mayor, escaramuzas en Palat del Rey, calles de Platerías y Serranos, hasta llegar por distintos caminos al Corral de San Guisán, a fin de hacer de su recinto el último baluarte de su numantina resistencia, como postrer sacrificio de su aventura patriótica, en la que no se mencionó, en ningún momento, la palabra rendición.
Este Corral de San Guisán tiene en la historia de León una venerable antigüedad. En diversos documentos de los siglos XI y XII se menciona la Capilla de San Crisanto, nombre que evolucionó a San Guisán, y el corral homónimo. Los canónigos de San Isidoro ejercían propiedad y mando en el viejo Corral de San Guisán, en la citada capilla y en gran parte del barrio de Santa Marina. De hecho hay que señalar que al ocupar los franceses la Colegiata y la Basílica, la exposición permanente del Santísimo Sacramento fue trasladada a la Iglesia de Santa Marina, como más próxima y afín a San Isidoro.
Retornemos al 7 de junio. Cercados ya los insurgentes en el Corral por las tropas francesas, la Infantería recibió orden de acordonar todo el barrio de Santa Marina, para que nadie pudiera escapar. Una vez finalizada la maniobra, la Caballería se lanzó al asalto para pasar a cuchillo a los defensores del Corral. Combate terrible el que se libró con sables, con navajas, con fusiles disparados a quemarropa, en encarnizada lucha cuerpo a cuerpo. Las sucesivas cargas de los dragones, vencedores en los campos de batalla de toda Europa, fueron debilitando la resistencia de los sublevados. Dos horas de agonía duró el cruento sacrificio de los patriotas. La escena que se ofreció a los ojos de los invasores, con los cadáveres de los contendientes y los caballos agonizantes, sumergidos en un mar de sangre, parecía extraída de un infierno dantesco.
Relata Cayón Waldaliso que "los vecinos de Santa Marina, aterrorizados, no se atrevieron a enterrar a los muertos españoles, horriblemente destrozados a sablazos o pisoteados por los caballos. Fueron setenta valientes los que sucumbieron en aquella brava pelea sin escapatoria posible. Setenta contra setecientos
Acabada tamaña carnicería, las tropas napoleónicas llenaron un pozo del lugar con los cadáveres de uno y otro bando. Y como todavía era poco, tuvieron que abrir una zanja, a todo lo largo de la plazoleta, convirtiendo así el típico rincón en un gran cementerio. Allí quedaron todos hundidos entre el barro y la sangre. Y cuando llegó la noche de aquel día, 7 de junio de 1810, solamente una paz: la paz de los muertos. Porque la guerra entre los vivos seguía.
Desde entonces el Corral de San Guisán es un cementerio de patriotas; la verdadera tumba de los soldados leoneses desconocidos."
A mediados del pasado siglo, por causa de diversas obras de alcantarillado, se procedió a la remoción del subsuelo del Corral y los operarios se encontraron con un macabro hallazgo: todo el terreno era un gran osario en donde aparecerían sin orden ni concierto numerosas osamentas humanas. El párroco de Santa Marina, D. Pedro Ordás, rezó un responso y se cubrieron respetuosamente los restos, del ya convertido en camposanto por toda la eternidad.
Aquí y ahora, emplazamos a los presentes para efectuar una invocación a los ausentes, a aquellos cuyos cuerpos estamos hollando con nuestros pies. Sus espíritus nos acompañan. ¿No oís el fragor de la batalla?, ¿no escuchais los gritos de los heridos?, ¿el entrechocar de los sables y las navajas?, ¿las detonaciones de las armas de fuego?...y después...el silencio... la oscuridad... la muerte...ninguno sobrevivió...
Como homenaje a ellos que dieron su vida por la independencia y por la libertad, voy a concluir declamando unas décimas del poeta decimonónico, Bernardo Luengo García, claro exponente del patriotismo romántico.
María Jesús G. Armesto
León, 23 de abril de 2008
martes, mayo 06, 2008
Proverbios, refranes, adagios y aforismos (8ª entrega)
¡A buenas horas, mangas verdes!
(Se impone, quizás y en primer término, un breve comentario de esta conocida expresión, más en el uso que en el origen)
Diremos, entonces, que se aplica a aquel que toma una determinación a destiempo, tarde y fuera de plazo (“tarde, mal y nunca”, se dice también por estas tierras); en algunas ocasiones, sabiendo que la misma ya no le compromete en nada (aquello de “a toro pasado…”)
Entre otras explicaciones, se dice que, su origen podría situarse en el cuerpo de policía rural creada por los Reyes Católicos, a finales del siglo XV, denominado la Santa Hermandad. Se encargaba de perseguir todo tipo de delitos, pero principalmente los relacionados con la fe en relación directa con la Inquisición. Sus miembros vestían unas casacas con mangas verdes y, por lo que podemos colegir, no debían ser excesivamente puntuales.
Otros afirman que este dicho proviene de la Guardia Urbana creada en el siglo XIX cuyos miembros, por asimilación con el nombre de su fundador, fueron llamados "Romanones". Llevaban un uniforme compuesto por guerrera cruzada y pantalón en color azul marino con las bocamangas de la guerrera en verde; iban tocados de un gorro colonial igual al que aún usan los policías ingleses, y armados con un gran sable a la cintura. En los momentos de alteraciones del orden público debían tardar, seguramente, mucho más de lo aconsejable en acudir a los puntos conflictivos.
Nuestra expresión viene hoy a cuento de lo que se constata, como un goteo de tortura china, cada día con más fuerza, con más persistencia y con mucho mayor descaro.
Juzguen si no tenemos razón; solo con los periódicos de la semana pasada podríamos elaborar una colección de agravios que harían palidecer de horror a cualquier político de no importa dónde… salvo que fuera nacido, criado o alimentado por esta pobre tierra; ¡hombre, sin excluir a una inmensa mayoría de una provincia que se ha propuesto convertirse en el centro del mundo mundial!
¿Que los leoneses piden una Facultad de Medicina, ante la evidente falta de médicos y la posibilidad de creación de algunas nuevas para llevar a cabo esta urgente formación? (Obsérvese que la Universidad de León ya imparte un tercer ciclo –un doctorado- en Medicina Humana, en el seno de su prestigiosa Facultad de Veterinaria). Pues, de la forma más chulesca se dice que NO, incluso contra la opinión de los propios profesionales: “los médicos creen que la Junta premia a Valladolid al negar la Facultad a León”; y como no basta la negativa, se nos restriega la misma por donde más nos duele y hasta se monta una manifestación en contra. ¡Ya esta bien de tanta chorrada de estos inconformistas leoneses que no hacen más que quejarse! Pero, si hasta Burgos “quiere la misma financiación que la del Palacio de Congresos leonés”. ¡Faltaría más! ¡Para mí quisiera estar en el mismo puesto de renta per cápita que los burgaleses, pero esto me pasa por practicar el victimismo…! Pero, si hasta “el rector de Salamanca se opone a que León tenga su propia facultad…”! ¿Le habrá contado alguien, a este buen hombre, que la citada universidad debe su existencia a un rey leonés, Alfonso IX? ¡Total, otro cazurro, seguramente tan despreciable y tan digno de crítica como los que se lo siguen recordando, para su mortificación! ¡Se terminó la política de la zanahoria y el palo; ahora vamos a darles solo la segunda parte del invento…!
¿Que “los profesores critican que la Junta cierre los centros de formación a sus espaldas”? ¡Y qué más da! O ¿no nos hemos dado cuenta de que aún están lejos de saber qué significa eso de la democracia? ¡Les vale con sus propias opiniones y, si es necesario, se enrocarán o cambiarán, en mitad del juego, las propias reglas del mismo… con tal de “fastidiar” a los de siempre!
¿Que algunos, con argumentos y buen criterio, tratan de crear un eje alternativo a tanto diseño perverso y malintencionado de red logística de la Junta que nos malgobierna y piden una autovía León-Bragança? Se reitera la misma respuesta que únicamente sale de su boca cuando oyen de dónde parte la demanda; ¡y además con los votos de los propios parlamentarios ¿leoneses? del PP! ¡Bonita manera de defender los intereses de sus votantes! Claro que, naturalmente, a mí están muy lejos de decepcionarme… ¡como no les voté! En situaciones semejantes, me viene a la memoria aquella aguda frase de los primeros años de la transición, ante el desencanto de muchos: “¡No me cuente usted su vida… yo voté al PSP!”
Y para colmo, por si acaso a alguno le daba por seguir en sus trece de la reivindicación pueblerina, rancia, victimista, fuera de tiempo y bastante obtusa de estos de León, en portada, en grande, para mayor mortificación se nos recuerda que “Valladolid cierra filas y se adelanta a León con un plan para ser el eje del Noroeste”. ¡Qué mala suerte tenemos; siempre se nos adelanta alguien! ¡Ay si tuviera tiempo y lugar para comentarles todo lo que se me pasa por la cabeza con esto de “cerrar filas” (algunos todavía recordarán una canción, por cierto, me parece que era un tanto fascista, que hablaba casi de lo mismo…) ¡Pero que afán, qué manía tienen estos con lo del cierre, me viene también a la cabeza aquello tan repetido de que “el mapa está cerrado”, pero seguramente no “bien cerrado”! ¡Al tiempo! ¡No hay mal que cien años dure…!
Claro que, como es habitual, se escudan en que, “mientras en León falta iniciativa y coordinación” (¡y yo que creía que lo que faltaba era poder político y capacidad de decidir por nosotros mismos…!), la Cámara de la innombrable impulsa el “plan estratégico 2016”. Resulta que, ahora, no sólo todo debe pasar por el “centro del centro del mundo mundial” sino que desplazamos, a nuestro capricho el dicho lugar y lo colocamos, ora como “el Norte de Castilla” o “el centro de la Comunidad Autónoma” o, incluso, si nos apetece, le convertimos en “el eje del Noroeste” Claro que, según Ramón Gutiérrez, Director de Abol Consulting, “el centro del Noroeste es León (aunque) artificialmente se puede desplazar.
La sabiduría popular del paisanín de mi pueblo preguntaría, ante tanto desatino: ¿En qué quedamos, en la burra o en los cuarenta reales? De cualquier modo, creo que deberíamos avisar con urgencia a los del libro ese de los records porque tantas variaciones, tantos desplazamientos geográficos no solo serían objeto de estudio por parte de algún avispado profesional de la cosa esa, sino que, con toda seguridad, nadie habrá visto en el mundo nada igual…
¿Que estalla el escándalo de la leche (a la que no adjetivo, únicamente por respeto a las vacas)? Pues se mira para otro lado y hasta algún santón del invento este se atreve a pontificar: “En Asturias o en Cantabria esto no sucedería”. ¡Claro que no; ni esto, ni eso ni aquello, ni lo de más allá! Lo primero, la autoestima y, sobre ella, lo que ustedes quieran…, incluyendo un poquitín de memoria. ¡Pero de ambas cosas no andamos, por lo que se constata, muy sobrados! Y la situación no viene sino a certificar el abandono de un sector que, en su momento, nos colocara en un muy digno tercer lugar en cuanto a la producción. Hoy, como el poeta, solo nos quedan los lamentos y la constatación de vernos convertidos en una colonia que otros explotan… mientras quieran y tengan algo que “ordeñar”. Cuando ya no interesa, contestan con el despectivo: “Ahí os quedáis”, o si no, emplearán aquel otro más ofensivo, “que os den…”
¿Que se organiza una feria del libro en León y no se desarrolla con la dignidad que habían previsto los organizadores? Naturalmente, al no ser la Feria “de Castillileon”, “la Junta no ha puesto ni un euro”, por lo que, “el presupuesto fue muy insuficiente” y aunque los autores “han venido gratis, así no se puede hacer una feria con primeros espadas”. Pero ¡habrase visto atrevimiento semejante y cazurrería más cerril! ¡Pero si ya llevamos varios años sin apostar un duro por esta gente! Y ellos siguen erre que erre… pues ya tienen lo que se merecen… Mas no se preocupen que, para presumir de regional, no faltará quien invite a “la Diputación de Valladolid”… ¡Pena negra!
Mas, pásmense ustedes a coro; ante todo este desdén, esta falta de seriedad, esta tomadura de pelo y esta interpretación, sui géneris, de la democracia, encontramos algunas voces que parecen “haberse caído del guindo” de su entontecimiento (claro que, quien paga manda…) y así hemos asistido, entre confusos y aturdidos (quizá más por el ruido de las megafonía que por los mensajes en si mismos) a las manifestaciones de los sindicatos el pasado 1 de Mayo. Frótense los ojos si no me creen: “los sindicatos critican a la Junta por negar a León proyectos básicos”; aluden, naturalmente, a “la Facultad de Medicina y a la falta de apoyo a la León-Bragança” (…) “oportunidades perdidas para corregir las desigualdades con Valladolid”
Como consecuencia de sus profundas y sesudas cavilaciones, deducen (¡anda que no han necesitado años!) que “los trabajadores leoneses se sienten hoy bastante lejos de esta Comunidad…” ¡Vamos que quedaron calvos de tanto pensar! ¡O entrenan para ser un poquito más lerdos o no se han enterado de nada a lo largo de estas últimas décadas o son más cínicos de lo que suponemos y nos dan a entender!
Resulta que han sido ellos mismos los que, de manera reiterada, han denostado el movimiento leonesista, han criticado cualquier tipo de manifestación, han colaborado a la difusión del mito del leonés victimista invitándonos a “mirar al futuro”, han aplaudido hasta con las orejas a los mandamases de la SU región, han obedecido, sin rechistar, las reiteradas voces de ¡a formar!, han bendecido las políticas que nos han llevado a este estado de postración política, económica, social e identitaria… y ahora, se nos vuelven reivindicativos para con León… ¡y en contra de la Junta! No me río porque ya me duele hasta el alma…
A pesar de todo, del escaso número que sumaron (“la manifestación del 1º de Mayo que en León reunió cerca de un millar de personas…”, aunque curiosamente alguno de los asistentes confesaba que apenas eran doscientos) y sin tener en cuenta aquello de que “lo pasado, pasado está” o aún que “obras son amores y no buenas razones” y que “por sus frutos los conoceréis”, vamos a ser generosos, a darles un margen de confianza y a invitarles, de manera formal si hace falta, a la trinchera de la defensa de esta tierra. ¡Bienvenidos, camaradas!, sobre todo si vuestra arribada es producto del raciocinio y habéis llegado a la misma conclusión que nosotros… Nos tememos, sin embargo que, como los “Romanones”, aparecéis ya un pelín tarde… De ahí nuestra amarga queja de hoy: “¡A buenas horas, mangas verdes!”
(Se impone, quizás y en primer término, un breve comentario de esta conocida expresión, más en el uso que en el origen)
Diremos, entonces, que se aplica a aquel que toma una determinación a destiempo, tarde y fuera de plazo (“tarde, mal y nunca”, se dice también por estas tierras); en algunas ocasiones, sabiendo que la misma ya no le compromete en nada (aquello de “a toro pasado…”)
Entre otras explicaciones, se dice que, su origen podría situarse en el cuerpo de policía rural creada por los Reyes Católicos, a finales del siglo XV, denominado la Santa Hermandad. Se encargaba de perseguir todo tipo de delitos, pero principalmente los relacionados con la fe en relación directa con la Inquisición. Sus miembros vestían unas casacas con mangas verdes y, por lo que podemos colegir, no debían ser excesivamente puntuales.
Otros afirman que este dicho proviene de la Guardia Urbana creada en el siglo XIX cuyos miembros, por asimilación con el nombre de su fundador, fueron llamados "Romanones". Llevaban un uniforme compuesto por guerrera cruzada y pantalón en color azul marino con las bocamangas de la guerrera en verde; iban tocados de un gorro colonial igual al que aún usan los policías ingleses, y armados con un gran sable a la cintura. En los momentos de alteraciones del orden público debían tardar, seguramente, mucho más de lo aconsejable en acudir a los puntos conflictivos.
Nuestra expresión viene hoy a cuento de lo que se constata, como un goteo de tortura china, cada día con más fuerza, con más persistencia y con mucho mayor descaro.
Juzguen si no tenemos razón; solo con los periódicos de la semana pasada podríamos elaborar una colección de agravios que harían palidecer de horror a cualquier político de no importa dónde… salvo que fuera nacido, criado o alimentado por esta pobre tierra; ¡hombre, sin excluir a una inmensa mayoría de una provincia que se ha propuesto convertirse en el centro del mundo mundial!
¿Que los leoneses piden una Facultad de Medicina, ante la evidente falta de médicos y la posibilidad de creación de algunas nuevas para llevar a cabo esta urgente formación? (Obsérvese que la Universidad de León ya imparte un tercer ciclo –un doctorado- en Medicina Humana, en el seno de su prestigiosa Facultad de Veterinaria). Pues, de la forma más chulesca se dice que NO, incluso contra la opinión de los propios profesionales: “los médicos creen que la Junta premia a Valladolid al negar la Facultad a León”; y como no basta la negativa, se nos restriega la misma por donde más nos duele y hasta se monta una manifestación en contra. ¡Ya esta bien de tanta chorrada de estos inconformistas leoneses que no hacen más que quejarse! Pero, si hasta Burgos “quiere la misma financiación que la del Palacio de Congresos leonés”. ¡Faltaría más! ¡Para mí quisiera estar en el mismo puesto de renta per cápita que los burgaleses, pero esto me pasa por practicar el victimismo…! Pero, si hasta “el rector de Salamanca se opone a que León tenga su propia facultad…”! ¿Le habrá contado alguien, a este buen hombre, que la citada universidad debe su existencia a un rey leonés, Alfonso IX? ¡Total, otro cazurro, seguramente tan despreciable y tan digno de crítica como los que se lo siguen recordando, para su mortificación! ¡Se terminó la política de la zanahoria y el palo; ahora vamos a darles solo la segunda parte del invento…!
¿Que “los profesores critican que la Junta cierre los centros de formación a sus espaldas”? ¡Y qué más da! O ¿no nos hemos dado cuenta de que aún están lejos de saber qué significa eso de la democracia? ¡Les vale con sus propias opiniones y, si es necesario, se enrocarán o cambiarán, en mitad del juego, las propias reglas del mismo… con tal de “fastidiar” a los de siempre!
¿Que algunos, con argumentos y buen criterio, tratan de crear un eje alternativo a tanto diseño perverso y malintencionado de red logística de la Junta que nos malgobierna y piden una autovía León-Bragança? Se reitera la misma respuesta que únicamente sale de su boca cuando oyen de dónde parte la demanda; ¡y además con los votos de los propios parlamentarios ¿leoneses? del PP! ¡Bonita manera de defender los intereses de sus votantes! Claro que, naturalmente, a mí están muy lejos de decepcionarme… ¡como no les voté! En situaciones semejantes, me viene a la memoria aquella aguda frase de los primeros años de la transición, ante el desencanto de muchos: “¡No me cuente usted su vida… yo voté al PSP!”
Y para colmo, por si acaso a alguno le daba por seguir en sus trece de la reivindicación pueblerina, rancia, victimista, fuera de tiempo y bastante obtusa de estos de León, en portada, en grande, para mayor mortificación se nos recuerda que “Valladolid cierra filas y se adelanta a León con un plan para ser el eje del Noroeste”. ¡Qué mala suerte tenemos; siempre se nos adelanta alguien! ¡Ay si tuviera tiempo y lugar para comentarles todo lo que se me pasa por la cabeza con esto de “cerrar filas” (algunos todavía recordarán una canción, por cierto, me parece que era un tanto fascista, que hablaba casi de lo mismo…) ¡Pero que afán, qué manía tienen estos con lo del cierre, me viene también a la cabeza aquello tan repetido de que “el mapa está cerrado”, pero seguramente no “bien cerrado”! ¡Al tiempo! ¡No hay mal que cien años dure…!
Claro que, como es habitual, se escudan en que, “mientras en León falta iniciativa y coordinación” (¡y yo que creía que lo que faltaba era poder político y capacidad de decidir por nosotros mismos…!), la Cámara de la innombrable impulsa el “plan estratégico 2016”. Resulta que, ahora, no sólo todo debe pasar por el “centro del centro del mundo mundial” sino que desplazamos, a nuestro capricho el dicho lugar y lo colocamos, ora como “el Norte de Castilla” o “el centro de la Comunidad Autónoma” o, incluso, si nos apetece, le convertimos en “el eje del Noroeste” Claro que, según Ramón Gutiérrez, Director de Abol Consulting, “el centro del Noroeste es León (aunque) artificialmente se puede desplazar.
La sabiduría popular del paisanín de mi pueblo preguntaría, ante tanto desatino: ¿En qué quedamos, en la burra o en los cuarenta reales? De cualquier modo, creo que deberíamos avisar con urgencia a los del libro ese de los records porque tantas variaciones, tantos desplazamientos geográficos no solo serían objeto de estudio por parte de algún avispado profesional de la cosa esa, sino que, con toda seguridad, nadie habrá visto en el mundo nada igual…
¿Que estalla el escándalo de la leche (a la que no adjetivo, únicamente por respeto a las vacas)? Pues se mira para otro lado y hasta algún santón del invento este se atreve a pontificar: “En Asturias o en Cantabria esto no sucedería”. ¡Claro que no; ni esto, ni eso ni aquello, ni lo de más allá! Lo primero, la autoestima y, sobre ella, lo que ustedes quieran…, incluyendo un poquitín de memoria. ¡Pero de ambas cosas no andamos, por lo que se constata, muy sobrados! Y la situación no viene sino a certificar el abandono de un sector que, en su momento, nos colocara en un muy digno tercer lugar en cuanto a la producción. Hoy, como el poeta, solo nos quedan los lamentos y la constatación de vernos convertidos en una colonia que otros explotan… mientras quieran y tengan algo que “ordeñar”. Cuando ya no interesa, contestan con el despectivo: “Ahí os quedáis”, o si no, emplearán aquel otro más ofensivo, “que os den…”
¿Que se organiza una feria del libro en León y no se desarrolla con la dignidad que habían previsto los organizadores? Naturalmente, al no ser la Feria “de Castillileon”, “la Junta no ha puesto ni un euro”, por lo que, “el presupuesto fue muy insuficiente” y aunque los autores “han venido gratis, así no se puede hacer una feria con primeros espadas”. Pero ¡habrase visto atrevimiento semejante y cazurrería más cerril! ¡Pero si ya llevamos varios años sin apostar un duro por esta gente! Y ellos siguen erre que erre… pues ya tienen lo que se merecen… Mas no se preocupen que, para presumir de regional, no faltará quien invite a “la Diputación de Valladolid”… ¡Pena negra!
Mas, pásmense ustedes a coro; ante todo este desdén, esta falta de seriedad, esta tomadura de pelo y esta interpretación, sui géneris, de la democracia, encontramos algunas voces que parecen “haberse caído del guindo” de su entontecimiento (claro que, quien paga manda…) y así hemos asistido, entre confusos y aturdidos (quizá más por el ruido de las megafonía que por los mensajes en si mismos) a las manifestaciones de los sindicatos el pasado 1 de Mayo. Frótense los ojos si no me creen: “los sindicatos critican a la Junta por negar a León proyectos básicos”; aluden, naturalmente, a “la Facultad de Medicina y a la falta de apoyo a la León-Bragança” (…) “oportunidades perdidas para corregir las desigualdades con Valladolid”
Como consecuencia de sus profundas y sesudas cavilaciones, deducen (¡anda que no han necesitado años!) que “los trabajadores leoneses se sienten hoy bastante lejos de esta Comunidad…” ¡Vamos que quedaron calvos de tanto pensar! ¡O entrenan para ser un poquito más lerdos o no se han enterado de nada a lo largo de estas últimas décadas o son más cínicos de lo que suponemos y nos dan a entender!
Resulta que han sido ellos mismos los que, de manera reiterada, han denostado el movimiento leonesista, han criticado cualquier tipo de manifestación, han colaborado a la difusión del mito del leonés victimista invitándonos a “mirar al futuro”, han aplaudido hasta con las orejas a los mandamases de la SU región, han obedecido, sin rechistar, las reiteradas voces de ¡a formar!, han bendecido las políticas que nos han llevado a este estado de postración política, económica, social e identitaria… y ahora, se nos vuelven reivindicativos para con León… ¡y en contra de la Junta! No me río porque ya me duele hasta el alma…
A pesar de todo, del escaso número que sumaron (“la manifestación del 1º de Mayo que en León reunió cerca de un millar de personas…”, aunque curiosamente alguno de los asistentes confesaba que apenas eran doscientos) y sin tener en cuenta aquello de que “lo pasado, pasado está” o aún que “obras son amores y no buenas razones” y que “por sus frutos los conoceréis”, vamos a ser generosos, a darles un margen de confianza y a invitarles, de manera formal si hace falta, a la trinchera de la defensa de esta tierra. ¡Bienvenidos, camaradas!, sobre todo si vuestra arribada es producto del raciocinio y habéis llegado a la misma conclusión que nosotros… Nos tememos, sin embargo que, como los “Romanones”, aparecéis ya un pelín tarde… De ahí nuestra amarga queja de hoy: “¡A buenas horas, mangas verdes!”
miércoles, abril 30, 2008
Actos del bicentenario. Paseo histórico-musical
En el marco de las escasas celebraciones que han podido tener lugar, con motivo del Bicentenario del 24 de abril de 1808, se llevó a cabo un Recorrido Histórico-musical, la pasada noche del 23. Acompañados por unas 300 personas, cuatro intervinientes glosaron hechos y lugares significativos de la Guerra de la Independencia. El paseo se vio acompañado por música de la época, interpretada por profesores y alumnos de la Escuela Municipal de Música y colaboraron también ocho figurantes de la Escuela de Teatro ataviados también con trajes de la época, de la colección de “El Trovador Leonés”.
La experiencia resultó muy agradable e instructiva, pero, dada la coincidencia del puente, y puesto que determinada prensa se enzarzó en una extraña e incomprensible labor de desprestigio, intentando, claramente, acabar con dichas actividades, traemos hoy a este "rincón de libertad", para los que estuvieron y para los que no pudieron estar, una de las intervenciones, la que tuvo lugar ante la Basílica de San Isidoro, esperamos ir colgando el resto de intervenciones en fechas sucesivas.
Que la disfrutéis...
LA REAL BASÍLICA Y LAS TROPAS NAPOLEÓNICAS
Afirmaciones, críticas y comentarios de toda índole se han vertido, a lo largo de estos 200 años que hoy recordamos, sobre las actuaciones, más o menos salvajes, de los ejércitos invasores franceses, en contra, precisamente, de cuanto representa, para los leoneses, esta Real Basílica que hoy nos contempla desde la trascendencia de los siglos y desde una siempre inquietante majestuosidad.
Vamos a tratar, en esta breve alocución, de encontrar alguna senda, que entre tan espesa arboleda, nos permita quizá vislumbrar algún atisbo de bosque de verdad. Intentaremos, entonces, exponer unos hechos y elaborar una mínima teoría o interpretación de los mismos; sin embargo no esperen de mí, en el breve espacio que se me asigna, una pormenorizada relación de hechos sino alguna pincelada que venga a resumir o a recordar los mismos.
Cabe, entonces, y para comenzar, una primera duda que convierto en constatación: a primera vista, los datos históricos, tal como nos son relatados por los diferentes estudiosos, no parecen encajar. ¿Por qué un asalto de las características que siempre se nos han descrito, si previamente se había establecido una especie de pacto entre la máxima autoridad religiosa, el Obispo Pedro Luís Blanco y el mariscal francés Bessières? ¿En qué momento se produce pues la mentada ocupación tanto de León como de la propia Basílica? ¿Cuáles fueron realmente las causas y las consecuencias? ¿Y por qué precisamente esta apropiación, por la fuerza, de la Basílica isidoriana?
La llegada del enemigo a León, desde su primera toma de contacto, el 26 de julio de 1808, supuso, sin duda, una conmoción para la ciudad; sin embargo los franceses se contentaron, al parecer, con exigir la entrega de alguno de los más notables rebeldes, la quema previa de los fusiles y pistolas que hubiera en la ciudad y el nombramiento, para los cargos públicos, de gente de su máxima confianza, esos que pasaron a denominarse despectivamente “afrancesados”.
En León permanecerán hasta el día 1 de agosto del mismo 1808 sin que anotemos ningún hecho de relevancia, al menos, en lo que se refiere a nuestro interrogante particular.
Fecha fatídica, por contra sí, es el 15 de noviembre; llegan noticias a la ciudad de la cercanía del Ejército francés, ya recuperado de la derrota de Bailén y comienza a cundir el pánico entre los leoneses. Los auxilios del Ejército español no llegan y la ciudad tiene, de nuevo, constancia de su imposible defensa. El Marques de la Romana se va con sus tropas y se produce también la huída de la Junta de Gobierno. Llegamos entonces, a lo que se conoce, tradicionalmente, como “la noche satánica”.
El día 30 de diciembre, de triste memoria, se produce la entrada en masa de los franceses que, como río desbordado inundan la ciudad, en número de “veintitantos mil”, según manifestaciones de la propia Junta Provincial. La mayor parte seguirá ruta hacia Astorga el primer día del año 1809. Sin embargo las consecuencias de su paso, convertidas en proverbiales, marcarán un hito en los corazones y en el recuerdo horrorizado de los leoneses. ¿Algunas secuelas? El convento de Santo Domingo se quemó, al parecer, “casualmente” el mismo día 31, el de San Marcos fue ocupado y el Beaterio de Santa Catalina y el monasterio de San Claudio saqueados, del Hospicio se requisaron géneros para la tropa y muebles para el hospital creado en la ciudad el día 4 de enero...
¿Y San Isidoro? Naturalmente no se salvaría de esta moderna, destructiva e imparable razzia. Recogemos, como evidencias, las palabras de alguno de los testigos directos, según consta en documento elaborado por el provisor del Obispado, con intervención de fiscal, procurador, síndico y notario:
“El primer testigo fue el canónigo Errazti quien declaró “que en la noche del 30 de diciembre de 1808 se alojaron en San Isidoro dos mil o más franceses del Mariscal Soult, que saquearon cuanto quisieron… que a la mañana siguiente, habiendo visto violentadas las puertas de la iglesia y que en ella había muchos franceses, se acercó al altar mayor, donde siempre estaba expuesto el Señor Sacramentado y vio con dolor que no estaba allí el viril, y que reparando halló la Sagrada Forma del viril y las del sagrario arrojadas entre el retablo y las urnas de San Isidoro, San Vicente, y otros santos, y sacadas de su lugar, destrozadas y arrojadas por el suelo las reliquias sagradas; que recogió y sumió las formas sagradas, y que recogiendo las Reliquias, juntamente con el cantor de San Isidoro, Carlos Aguado, y otras personas, las colocó en las urnas como mejor pudo, y estas en el sitio en que antes estaban, y que siguieron dándolas culto hasta junio de 1810, en que se vieron obligados a llevarlas a la iglesia de las Agustinas Recoletas.”
En un inventario hecho el 29 de diciembre de 1809, consta que, además de lo señalado, los franceses se llevaron, en aquellos días: “muchas joyas, la urna del monumento, dos cálices, cinco cornucopias, y las tres rejas del altar mayor, todo de plata sobredorada, además de otras cosas de valor, 25 termos completos, de los más significados y la mayor parte de los libros corales. El propio Carlos Aguado, a quien nos hemos referido más arriba, llegará a testificar que “el vio que habían robado cuanto hallaron de “portable”, inutilizando todo lo demás”.
¿A qué se debe ahora este extraño ensañamiento con los objetos sagrados? Es evidente que nos encontramos en una situación de guerra y que los invasores pertenecen a un estado laico, mas hemos de recordar que procedían de un país en el que no se perseguía la religión cristiana, aunque se trataba, como luego sucedería en España, de limitar el número de parroquias y conventos, con el objetivo de mermar los poderes de la Iglesia.
Algunos apuntan que esta actuación descrita de forma tan descarnada se debió, pura y simplemente, no tanto a una acción incontrolada de barbarie o de rapiña, y que no habría existido, al parecer, una política de destrucción de iglesias, sino la necesidad de hacerse con plata en abundancia, en concreto de la denominada “plata de amonedar” y que vendría, simplemente, a compensar las enormes contribuciones exigidas. Y como en esos años imperaba la moda de vestir las arcas de reliquias con frontales de plata dorada, estos fueron arrancados, sin ninguna consideración, destrozando con ello las propias reliquias. Al parecer, muchos de los destrozos ocurridos en esa infausta noche y posteriores (destrucción de los altares, profanación de las tumbas regias, etc.) fueron así motivados por el irrefrenable deseo de encontrar un metal con el que se podrían acuñar las necesarias monedas para pagar una tan costosa aventura bélica. No tratamos de justificar, naturalmente (lejos de nuestra pretensión), mas tampoco cometeremos el error de narrar ahora, ante ustedes, cuantas atrocidades se vienen atribuyendo a unos, necesariamente, odiosos enemigos, especialmente cuando, una vez vencidos y expulsados para siempre del suelo patrio, se acumulan las causas y se agigantan los horrores, abonados en comprensible espíritu nacional, muy en consonancia con los tiempos.
No podemos dejar de constatar, sin embargo, que algunos de los tesoros robados en San Isidoro se encuentran hoy exhibidos en museos o son patrimonio de coleccionistas particulares; como dato, apunten simplemente, que visitaban las ciudades ocupadas unos, a manera de inspectores, que se encargaban de requisar cuantos objetos de valor encontraban, sin tener en cuenta en este caso, si se trataba de objetos de metal. Es más, esta selección se embalaba cuidadosamente y se trasladaba en carros a Francia. Así podemos seguir el rastro de piezas de San Isidoro en Burdeos y varios museos del sur de Francia, pero también, posteriormente revendidas, otras en Madrid, en el Museo Británico o en Turín donde se conserva un trozo del arca de esmaltes de Limoges.
Pero volvamos al hilo de los acontecimientos; lo cierto es que el 4 de enero de 1809, el Gobernador francés ordena a los canónigos, sin más dilación, desalojar la casa del Santo Isidoro, en un plazo improrrogable de 24 horas. Al parecer, la premura de tiempo y el miedo a los franceses condicionó la ayuda de los vecinos y así, al no encontrar personas que pudieran colaborar en el traslado de los enseres, consta en el relato de los hechos, “se perdieron muchos efectos, y quedó el Convento convertido en un cuartel de franceses”. Cabe, de nuevo, interrogarnos en esta cómplice noche de recuerdos, añoranzas y pesadumbres. ¿Y por qué, precisamente, San Isidoro? ¿Podemos calificar de caprichosa esta singular elección?
Nada casual, hemos de concluir, pues a su situación privilegiada se añadían toda una serie de circunstancias que hacían del recinto conventual un lugar idóneo para este más que bastardo y novedoso cometido: ¡la casa de Dios transmutada en acantonamiento de tropas…! ¡La antaño cabeza del reino convertida en cuartel militar de unos invasores! Sin embargo, justo es confesarlo, su emplazamiento permitía dominar, desde las murallas circundantes, y con el simple desplazamiento de unos pocos cañones sobre las mismas, todo el territorio que se extiende desde Puerta Castillo, al Norte, hasta la torre del gallo, al Oeste; hay que recordar, asimismo que el territorio de San Isidoro se encontraba amurallado y que por la puerta principal, existía una alta valla, típica de los conventos. Tampoco las condiciones interiores eran, en absoluto, desdeñables pues, amén de la disposición de los dos claustros (ideal para albergar tropas a caballo), poseía fuente propia, un alfolí para la venta de salitre y la fabricación de pólvora y una botica lo que facilitaría la atención de los enfermos de un hospital que, de inmediato, los franceses instalaron en el recinto. Hasta con una cárcel contaba el señorío de San Isidoro.
Podríamos afirmar, entonces, que se trataba de una pequeña ciudad, incluso amurallada, dentro de la propia ciudad y, como hemos visto con salida directa de la misma y acceso a la muralla. Aquí permanecerán los franceses, con esas sucesivas entradas y salidas de la ciudad que conocemos, hasta su precipitada huída en 1813; pero el uso seguirá siendo el mismo, incluso tras la entrada definitiva de los patriotas y aún por varios años. Esta función, con un breve periodo de recuperación para el culto, volverá a producirse más adelante, y poco falto para que la misma se perpetuara…
Esta ocupación militar, es cosa sabida (puesto que cualquier tipo de dominación parece dar a los vencedores patente de corso para obrar a capricho), además de acarrear toda una serie de desastres en los bienes muebles, con robos, destrozos, incautaciones y pillerías varias supondrá grandes quebrantos incluso para el propio edificio y sus anexos. Recordemos, a este respecto, que parte de San Isidoro voló, con motivo de una enorme explosión, seguramente debida a la pólvora almacenada en su interior; las actas de la propia Colegiata recogen los estragos producto de otro enorme incendio causado, al parecer, por un rayo que habría prendido en los montones de paja hacinados para uso de los caballos. Y, si hemos mencionado estos últimos es también, para recordar, lamentando una vez más, lo que todos los leoneses conocemos desde niños; quizás una de las pocas anécdotas históricas que se transmiten a nuestros pequeños: que del propio Panteón Real, que aún alberga un mayor número de cabezas coronadas que el Real Sitio del Escorial, una vez profanado, fueron utilizados los sarcófagos como pesebres para alimentar a los caballos. Triste destino el de unos restos que los leoneses, venían custodiando y venerando como así habían dispuesto los grandes monarcas de aquel poderoso Reino de León que fue, en el máximo esplendor, cabeza de cinco reinos y que había sabido coronar hasta un emperador.
Permitidme ahora una breve consideración para terminar este paseo por el tiempo. Estamos conmemorando el bicentenario de unos hechos de los que nuestros antepasados fueron actores y testigos directos; ¿Y qué son doscientos años en la historia de un pueblo que presume de canas ya milenarias? Dicen que la historia es maestra de la vida y no faltan algunos que opinan aquello de que la historia se repite; por suerte no tanto en los hechos, pero seguramente sí en las actitudes. ¿Nos encontraremos, en los momentos actuales, ante una situación semejante? Sobran los indicios. ¿Estaremos asistiendo a conductas de nueva invasión o de neocolonialismo por quienes detentan y hacen ostentación del poder político? Es más que evidente. Esperemos que los leoneses, ante la disyuntiva que se presenta en análogas circunstancias, sepan optar por el sendero del patriotismo y la defensa de lo que les es propio (como, por cierto, vienen haciendo los demás pueblos de España) y no abracen posturas conformistas de claudicación o esa otra, siempre despreciable, de colaboracionismo. El pasado nos lo enseña y el futuro nos lo demanda.
Hermenegildo López González
23 de abril de 2008 / Paseo histórico musical
La experiencia resultó muy agradable e instructiva, pero, dada la coincidencia del puente, y puesto que determinada prensa se enzarzó en una extraña e incomprensible labor de desprestigio, intentando, claramente, acabar con dichas actividades, traemos hoy a este "rincón de libertad", para los que estuvieron y para los que no pudieron estar, una de las intervenciones, la que tuvo lugar ante la Basílica de San Isidoro, esperamos ir colgando el resto de intervenciones en fechas sucesivas.
Que la disfrutéis...
LA REAL BASÍLICA Y LAS TROPAS NAPOLEÓNICAS
Afirmaciones, críticas y comentarios de toda índole se han vertido, a lo largo de estos 200 años que hoy recordamos, sobre las actuaciones, más o menos salvajes, de los ejércitos invasores franceses, en contra, precisamente, de cuanto representa, para los leoneses, esta Real Basílica que hoy nos contempla desde la trascendencia de los siglos y desde una siempre inquietante majestuosidad.
Vamos a tratar, en esta breve alocución, de encontrar alguna senda, que entre tan espesa arboleda, nos permita quizá vislumbrar algún atisbo de bosque de verdad. Intentaremos, entonces, exponer unos hechos y elaborar una mínima teoría o interpretación de los mismos; sin embargo no esperen de mí, en el breve espacio que se me asigna, una pormenorizada relación de hechos sino alguna pincelada que venga a resumir o a recordar los mismos.
Cabe, entonces, y para comenzar, una primera duda que convierto en constatación: a primera vista, los datos históricos, tal como nos son relatados por los diferentes estudiosos, no parecen encajar. ¿Por qué un asalto de las características que siempre se nos han descrito, si previamente se había establecido una especie de pacto entre la máxima autoridad religiosa, el Obispo Pedro Luís Blanco y el mariscal francés Bessières? ¿En qué momento se produce pues la mentada ocupación tanto de León como de la propia Basílica? ¿Cuáles fueron realmente las causas y las consecuencias? ¿Y por qué precisamente esta apropiación, por la fuerza, de la Basílica isidoriana?
La llegada del enemigo a León, desde su primera toma de contacto, el 26 de julio de 1808, supuso, sin duda, una conmoción para la ciudad; sin embargo los franceses se contentaron, al parecer, con exigir la entrega de alguno de los más notables rebeldes, la quema previa de los fusiles y pistolas que hubiera en la ciudad y el nombramiento, para los cargos públicos, de gente de su máxima confianza, esos que pasaron a denominarse despectivamente “afrancesados”.
En León permanecerán hasta el día 1 de agosto del mismo 1808 sin que anotemos ningún hecho de relevancia, al menos, en lo que se refiere a nuestro interrogante particular.
Fecha fatídica, por contra sí, es el 15 de noviembre; llegan noticias a la ciudad de la cercanía del Ejército francés, ya recuperado de la derrota de Bailén y comienza a cundir el pánico entre los leoneses. Los auxilios del Ejército español no llegan y la ciudad tiene, de nuevo, constancia de su imposible defensa. El Marques de la Romana se va con sus tropas y se produce también la huída de la Junta de Gobierno. Llegamos entonces, a lo que se conoce, tradicionalmente, como “la noche satánica”.
El día 30 de diciembre, de triste memoria, se produce la entrada en masa de los franceses que, como río desbordado inundan la ciudad, en número de “veintitantos mil”, según manifestaciones de la propia Junta Provincial. La mayor parte seguirá ruta hacia Astorga el primer día del año 1809. Sin embargo las consecuencias de su paso, convertidas en proverbiales, marcarán un hito en los corazones y en el recuerdo horrorizado de los leoneses. ¿Algunas secuelas? El convento de Santo Domingo se quemó, al parecer, “casualmente” el mismo día 31, el de San Marcos fue ocupado y el Beaterio de Santa Catalina y el monasterio de San Claudio saqueados, del Hospicio se requisaron géneros para la tropa y muebles para el hospital creado en la ciudad el día 4 de enero...
¿Y San Isidoro? Naturalmente no se salvaría de esta moderna, destructiva e imparable razzia. Recogemos, como evidencias, las palabras de alguno de los testigos directos, según consta en documento elaborado por el provisor del Obispado, con intervención de fiscal, procurador, síndico y notario:
“El primer testigo fue el canónigo Errazti quien declaró “que en la noche del 30 de diciembre de 1808 se alojaron en San Isidoro dos mil o más franceses del Mariscal Soult, que saquearon cuanto quisieron… que a la mañana siguiente, habiendo visto violentadas las puertas de la iglesia y que en ella había muchos franceses, se acercó al altar mayor, donde siempre estaba expuesto el Señor Sacramentado y vio con dolor que no estaba allí el viril, y que reparando halló la Sagrada Forma del viril y las del sagrario arrojadas entre el retablo y las urnas de San Isidoro, San Vicente, y otros santos, y sacadas de su lugar, destrozadas y arrojadas por el suelo las reliquias sagradas; que recogió y sumió las formas sagradas, y que recogiendo las Reliquias, juntamente con el cantor de San Isidoro, Carlos Aguado, y otras personas, las colocó en las urnas como mejor pudo, y estas en el sitio en que antes estaban, y que siguieron dándolas culto hasta junio de 1810, en que se vieron obligados a llevarlas a la iglesia de las Agustinas Recoletas.”
En un inventario hecho el 29 de diciembre de 1809, consta que, además de lo señalado, los franceses se llevaron, en aquellos días: “muchas joyas, la urna del monumento, dos cálices, cinco cornucopias, y las tres rejas del altar mayor, todo de plata sobredorada, además de otras cosas de valor, 25 termos completos, de los más significados y la mayor parte de los libros corales. El propio Carlos Aguado, a quien nos hemos referido más arriba, llegará a testificar que “el vio que habían robado cuanto hallaron de “portable”, inutilizando todo lo demás”.
¿A qué se debe ahora este extraño ensañamiento con los objetos sagrados? Es evidente que nos encontramos en una situación de guerra y que los invasores pertenecen a un estado laico, mas hemos de recordar que procedían de un país en el que no se perseguía la religión cristiana, aunque se trataba, como luego sucedería en España, de limitar el número de parroquias y conventos, con el objetivo de mermar los poderes de la Iglesia.
Algunos apuntan que esta actuación descrita de forma tan descarnada se debió, pura y simplemente, no tanto a una acción incontrolada de barbarie o de rapiña, y que no habría existido, al parecer, una política de destrucción de iglesias, sino la necesidad de hacerse con plata en abundancia, en concreto de la denominada “plata de amonedar” y que vendría, simplemente, a compensar las enormes contribuciones exigidas. Y como en esos años imperaba la moda de vestir las arcas de reliquias con frontales de plata dorada, estos fueron arrancados, sin ninguna consideración, destrozando con ello las propias reliquias. Al parecer, muchos de los destrozos ocurridos en esa infausta noche y posteriores (destrucción de los altares, profanación de las tumbas regias, etc.) fueron así motivados por el irrefrenable deseo de encontrar un metal con el que se podrían acuñar las necesarias monedas para pagar una tan costosa aventura bélica. No tratamos de justificar, naturalmente (lejos de nuestra pretensión), mas tampoco cometeremos el error de narrar ahora, ante ustedes, cuantas atrocidades se vienen atribuyendo a unos, necesariamente, odiosos enemigos, especialmente cuando, una vez vencidos y expulsados para siempre del suelo patrio, se acumulan las causas y se agigantan los horrores, abonados en comprensible espíritu nacional, muy en consonancia con los tiempos.
No podemos dejar de constatar, sin embargo, que algunos de los tesoros robados en San Isidoro se encuentran hoy exhibidos en museos o son patrimonio de coleccionistas particulares; como dato, apunten simplemente, que visitaban las ciudades ocupadas unos, a manera de inspectores, que se encargaban de requisar cuantos objetos de valor encontraban, sin tener en cuenta en este caso, si se trataba de objetos de metal. Es más, esta selección se embalaba cuidadosamente y se trasladaba en carros a Francia. Así podemos seguir el rastro de piezas de San Isidoro en Burdeos y varios museos del sur de Francia, pero también, posteriormente revendidas, otras en Madrid, en el Museo Británico o en Turín donde se conserva un trozo del arca de esmaltes de Limoges.
Pero volvamos al hilo de los acontecimientos; lo cierto es que el 4 de enero de 1809, el Gobernador francés ordena a los canónigos, sin más dilación, desalojar la casa del Santo Isidoro, en un plazo improrrogable de 24 horas. Al parecer, la premura de tiempo y el miedo a los franceses condicionó la ayuda de los vecinos y así, al no encontrar personas que pudieran colaborar en el traslado de los enseres, consta en el relato de los hechos, “se perdieron muchos efectos, y quedó el Convento convertido en un cuartel de franceses”. Cabe, de nuevo, interrogarnos en esta cómplice noche de recuerdos, añoranzas y pesadumbres. ¿Y por qué, precisamente, San Isidoro? ¿Podemos calificar de caprichosa esta singular elección?
Nada casual, hemos de concluir, pues a su situación privilegiada se añadían toda una serie de circunstancias que hacían del recinto conventual un lugar idóneo para este más que bastardo y novedoso cometido: ¡la casa de Dios transmutada en acantonamiento de tropas…! ¡La antaño cabeza del reino convertida en cuartel militar de unos invasores! Sin embargo, justo es confesarlo, su emplazamiento permitía dominar, desde las murallas circundantes, y con el simple desplazamiento de unos pocos cañones sobre las mismas, todo el territorio que se extiende desde Puerta Castillo, al Norte, hasta la torre del gallo, al Oeste; hay que recordar, asimismo que el territorio de San Isidoro se encontraba amurallado y que por la puerta principal, existía una alta valla, típica de los conventos. Tampoco las condiciones interiores eran, en absoluto, desdeñables pues, amén de la disposición de los dos claustros (ideal para albergar tropas a caballo), poseía fuente propia, un alfolí para la venta de salitre y la fabricación de pólvora y una botica lo que facilitaría la atención de los enfermos de un hospital que, de inmediato, los franceses instalaron en el recinto. Hasta con una cárcel contaba el señorío de San Isidoro.
Podríamos afirmar, entonces, que se trataba de una pequeña ciudad, incluso amurallada, dentro de la propia ciudad y, como hemos visto con salida directa de la misma y acceso a la muralla. Aquí permanecerán los franceses, con esas sucesivas entradas y salidas de la ciudad que conocemos, hasta su precipitada huída en 1813; pero el uso seguirá siendo el mismo, incluso tras la entrada definitiva de los patriotas y aún por varios años. Esta función, con un breve periodo de recuperación para el culto, volverá a producirse más adelante, y poco falto para que la misma se perpetuara…
Esta ocupación militar, es cosa sabida (puesto que cualquier tipo de dominación parece dar a los vencedores patente de corso para obrar a capricho), además de acarrear toda una serie de desastres en los bienes muebles, con robos, destrozos, incautaciones y pillerías varias supondrá grandes quebrantos incluso para el propio edificio y sus anexos. Recordemos, a este respecto, que parte de San Isidoro voló, con motivo de una enorme explosión, seguramente debida a la pólvora almacenada en su interior; las actas de la propia Colegiata recogen los estragos producto de otro enorme incendio causado, al parecer, por un rayo que habría prendido en los montones de paja hacinados para uso de los caballos. Y, si hemos mencionado estos últimos es también, para recordar, lamentando una vez más, lo que todos los leoneses conocemos desde niños; quizás una de las pocas anécdotas históricas que se transmiten a nuestros pequeños: que del propio Panteón Real, que aún alberga un mayor número de cabezas coronadas que el Real Sitio del Escorial, una vez profanado, fueron utilizados los sarcófagos como pesebres para alimentar a los caballos. Triste destino el de unos restos que los leoneses, venían custodiando y venerando como así habían dispuesto los grandes monarcas de aquel poderoso Reino de León que fue, en el máximo esplendor, cabeza de cinco reinos y que había sabido coronar hasta un emperador.
Permitidme ahora una breve consideración para terminar este paseo por el tiempo. Estamos conmemorando el bicentenario de unos hechos de los que nuestros antepasados fueron actores y testigos directos; ¿Y qué son doscientos años en la historia de un pueblo que presume de canas ya milenarias? Dicen que la historia es maestra de la vida y no faltan algunos que opinan aquello de que la historia se repite; por suerte no tanto en los hechos, pero seguramente sí en las actitudes. ¿Nos encontraremos, en los momentos actuales, ante una situación semejante? Sobran los indicios. ¿Estaremos asistiendo a conductas de nueva invasión o de neocolonialismo por quienes detentan y hacen ostentación del poder político? Es más que evidente. Esperemos que los leoneses, ante la disyuntiva que se presenta en análogas circunstancias, sepan optar por el sendero del patriotismo y la defensa de lo que les es propio (como, por cierto, vienen haciendo los demás pueblos de España) y no abracen posturas conformistas de claudicación o esa otra, siempre despreciable, de colaboracionismo. El pasado nos lo enseña y el futuro nos lo demanda.
Hermenegildo López González
23 de abril de 2008 / Paseo histórico musical
miércoles, abril 23, 2008
El "Día del Libro" en Zamora
Nuestros amigos zamoranos "Frutas Duero" y "Xac" nos han enviado algunos testimonios del "profundo sentimiento de pertenencia a esta supermegaguay Comunidad" que tanto a ellos como al Húsar nos embarga en este 23 de Abril de 2008.
Aquí tenéis el testimonio gráfico de como amaneció hoy la c/Santa Clara de Zamora. Vamos que al Húsar "le da en la nariz" que estos zamoranos "no son muy partidarios" de engendros inventados hace 25 años ¿no os parece?
martes, abril 22, 2008
Bicentenario del 24 de Abril

Información facilitada por
ComunidadLeonesa.ES
Con motivo del Bicentenario del 24 de Abril y de la Guerra de la Independencia , se han organizado diversos actos por parte de ComunidadLeonesa.ES (Coordinadora de Organizaciones, Asociaciones y Colectivos).
El programa completo es el siguiente:
23 de Abril - A las 21 horas - Recorrido Histórico organizado y coordinado por Hermenegildo López, Secretario de ComunidadLeonesa.ES y catedrático de Filología Moderna, con las siguientes paradas e intervenciones:
Plaza de San Marcelo - Arsenio García Fuertes - "Voluntarios de León"
Plaza Mayor - Alejandro Valderas Alonso - "León en la Guerra de la Independencia"
Corral de San Guisán - María Jesús García Armesto - "La jornada del 7 de Junio de 1808 y el Corral de San Guisán"
Plaza de San Isidoro - Hermenegildo López González - "La Real Basílica y las Tropas Napoleónicas"
Ambientación a cargo del Grupo de Profesores y Alumnos de la Escuela de Música que interpretarán temas de época.
24 de Abril - A las 11,30 horas - Homenaje a los Héroes LeonesesConcentración en Botines con banderas leonesas para, a continuación,
Iniciar el recorrido que, a partir de este año, discurrirá por la C/Ancha , Plaza de la Catedral y C/Mariano Domínguez Berrueta hasta la Plaza Mayor donde se colocará una corona de laurel, en la placa colocada al efecto, en homenaje a los héroes y se pronunciará un discurso desde el balcón del Consistorio.
A continuación todos los que lo deseen podrán bailar al son de nuestra música tradicional.
Este año, al cumplirse el II Centenario de los hechos del 24 de Abril, al tradicional desfile organizado por ComunidadLeonesa.ES se unirá el Ayuntamiento en corporación con el Pendón Real, acompañados por la Banda de Música Municipal.
24 de Abril - A las 17,30 horas - Primer Memorial "Reino de León" de Lucha Leonesa
Organizado por la Agrupación Provincial de Lucha Leonesa, se celebrará en la Plaza Mayor y estará amenizado por el Grupo La Braña
Agradeceremos la máxima difusión que puedan dar a todos estos actos.
jueves, abril 17, 2008
Alfonso VI era ¡¡¡LEONÉS!!!
Nuestro amigo "YagoEscocia" nos ha remitido la denuncia que copiamos seguidamente, invitando a todos nuestros amigos visitantes a que envíen también sus cartas de protesta por tanta aberración histórica.
¡Tenemos derecho a que nos llame, tanto a nosotros como a nuestros Reyes, por nuestro nombre! ¡¡¡LEONESES!!!
¡¡¡Tenemos derecho a nuestra historia y tenemos derecho a una información VERAZ!!!
¡Tenemos derecho a que nos llame, tanto a nosotros como a nuestros Reyes, por nuestro nombre! ¡¡¡LEONESES!!!
¡¡¡Tenemos derecho a nuestra historia y tenemos derecho a una información VERAZ!!!
Estimados compañeros:
Ayer durante la retrasmision en la 2 del documental "Camino del Cid", asisti atónito a como llamaban a Alfonso VI rey de Castilla, por lo que os animo a mandar , al igual que yo, un mail a rne@rtve.es .
Recordad que cuantos más escribamos para mostrarnos, de manera educada, ofendidos por esta nueva agresion a nuestra cultura, mas lo tendran en cuenta.
os dejo aqui mi escrito, por si alguien lo quiere reutilizar:
Estimados señores:
Rara es la vez que se menciona a Leon en los medios de difusion nacional, pese a que fuimos los fundadores de España, pero cuando eso ocurre generalmente es para insultarnos llamándonos castellanos.
En este caso, durante la emision del documental Camino del Cid, se hizo alusion como no podia ser de otra manera, ya que el Cid fue un mercenario de nuestros monarcas, al rey leones Alfonso VI, siendo mayúscula mi sorpresa cuando el comentarista lo trato como ¡rey castellano!.
León posee una gran historia propia, una rica y diferenciada cultura, y un paisaje espectacular siendo la provincia con mayor superficie de alta montaña de toda España, asi que por favor, como ente publico, les ruego que no participen en esa campaña que desde la crecion de las autonomias, niega todo lo leones.
Atentamente desde el Reinu d llion
lunes, abril 07, 2008
II Centenario del 24 de Abril

ComunidadLeonesa.ES, Coordinadora de Organizaciones, Asociaciones y Colectivos, del que nuestro Colectivo de Opinión es Socio Fundador, organiza, con motivo del Bicentenario del 24 de Abril y de la Guerra de la Independencia un ciclo de dos Conferencias, que se celebrarán, en dos martes consecutivos (7 y 15 de Abril) en el Palacio de Don Gutierre a las 20,00 horas.
El programa completo podeis encontrarlo en el siguiente enlace:
http://www.intercedra.com/cles/web/index.asp?action=33&id=479
domingo, abril 06, 2008
Innecesaria destrucción masiva de regadío
Este es el titulo de una carta publicada en La Opinión de Zamora. No deja de llamar la atención el empeño de la Junta en declarar "proyectos de interés regional" a los proyectos más increibles que imaginarse pueda. ¿Cómo es posible que para crear un polígono industrial se destruyan tierras de regadío, existiendo terrenos de secano, de mucho menor valor y producción
Por cierto, el polígono industrial ¿piensan llenarlo de industrias o simplemente servirá para inaugurarlo y dejarlo que duerma el sueño de los justos mientras la mayor parte de los industriales que quieren establecerse en esta anti-Comunidad son desviados a Boecillo
Y otra pregunta inocente del Húsar, cuando hablan de "interés regional" ¿a qué región se refieren? A la leonesa expoliada o a la castellana, mutilada de dos de sus provincias pero empeñada en borrar del mapa a la colonizada región leonesa? Ya que, como la realidad tozuda se empeña en demostrar, el único interés que se defiende desde la Junta es el de Valladolid.
El diario La Opinión-El Correo del 20 de febrero recoge las declaraciones del presidente de la Junta referidas a la decisión de crear el citado polígono y su intención de proponerlo como de "interés regional" por la necesidad de suelo industrial para Zamora.
Soy consciente de esa necesidad, pero estoy totalmente en desacuerdo en que el suelo industrial se ubique en fincas de regadío, entre otras, por las siguientes razones:
a.- Hay terrenos de secano suficientes, algunos totalmente improductivos, en el término municipal de Zamora y en su alfoz para la construcción de un polígono industrial de cualquier tamaño.
b.- Con la construcción de las distintas rondas o anillo que rodea la ciudad, su ubicación en otro lugar quedaría tan bien comunicado como en el sitio en que se proyecta.
c.- Se puede entender que la expansión de las ciudades se haga en zonas de regadío cuando no se dispone de terrenos de secano, caso que no es éste. Así en los últimos años estamos asistiendo a la supresión de cientos de hectáreas de regadío en Castilla y León; como referente puede ser Valladolid donde las vegas más fértiles que rodeaban la ciudad han sido totalmente asfaltadas.
d.- La creación de nuevos regadíos es ya prácticamente imposible; no se construyen nuevos embalses y el agua del subsuelo es limitada por lo que no se autorizan nuevas perforaciones o sondeos, aparte de ser más cara por la energía que se necesita.
e.- Siendo Villagodio una zona de regadío consolidada desde hace cincuenta años por las aguas del Canal Toro-Zamora y teniendo en cuenta lo dicho en los apartados anteriores no entendemos qué razones ocultas hay detrás de la decisión de suprimir de un plumazo ciento sesenta y seis hectáreas de tierra de excelente calidad con grandes producciones de maíz, remolacha, patatas, alubias, alfalfa y cualquier otro cultivo que se siembre.
f.- A los propietarios de esta zona nos ha afectado la construcción de la Autovía del Duero y la de la Ruta de la Plata que con sus enlaces, entradas y salidas a las mismas, han diezmado nuestro patrimonio agrícola, dividido las parcelas y en alguna zona como la de "El Judío" suprimido totalmente, recibiendo por la expropiación una cantidad muy por debajo del precio de mercado. El disgusto sufrido por algunas personas fue tal que agravaron su enfermedad con las peores consecuencias.
g.- También en esta zona nos vemos afectados por la construcción del ferrocarril para el Tren de Alta Velocidad (AVE) por lo que soportamos una expropiación más y otra reducción del patrimonio.
h.- Nada tenemos que alegar, a no ser el precio con que nos indemnizan, a la construcción de estas vías de comunicación, por ser de interés general y tienen que pasar, pero sí decimos que la ubicación del polígono no tiene que ser necesariamente ahí, por las razones expuestas y si hay voluntad para estudiar otras alternativas, éstas existen.
i.- Si se construye en el lugar propuesto, entre autovías, ave y polígono unos cincuenta propietarios verán diezmado, y algunos eliminado, su patrimonio agrícola conseguido con el esfuerzo y privaciones de nuestros padres durante muchos años.
j.- El mismo D. Juan Vicente Herrera ha manifestado que la Junta va a promocionar prioritariamente el desarrollo agrícola y ganadero de la Comunidad y no se entiende que el desarrollo industrial se haga en terrenos de regadío, a costa del desarrollo agrícola y ganadero ya consolidado desde hace muchos años.
k.- Estamos ante una escasez importante de alimentos, tanto para el consumo humano como para el ganadero y no se puede suprimir innecesariamente dichos terrenos muy productivos, susceptibles de aumentar la producción con la modernización del Canal Toro-Zamora que se ya se está realizando, cuando el polígono se puede ubicar en terrenos de secano (apartados a y b).
l.- Nos dicen que se nos indemnizarán convenientemente y esto es una falacia:
1) Porque no queremos vender y sí conservar y seguir cultivando las fincas que nos han legado o hemos comprado, no para especular como lo demuestra los años que llevan en nuestra propiedad y donde tenemos nuestras raíces (en mi caso desde 1962), y no trasladamos a otros lugares, donde somos desconocidos, para empezar de nuevo.
2) Porque en el caso de ser obligados el precio debiera fijarse mediante acuerdo entre las partes y no mediante expropiación ya que los importes a recibir serían insuficientes para adquirir otras fincas, en el supuesto de que se vendan, a mucha más distancia de donde éstas están ubicadas. ¿Nos facilitará la Administración otras fincas de las mismas características y tan cerca de la ciudad?
3.- Porque, precio aparte, algunas personas tendrán que cambiar de profesión ¿a cuál?
4.- Porque es muy fácil proponer la expropiación cuando la propiedad pertenece a otro pero ¿la defenderían con el mismo entusiasmo si les afectara a bienes suyos (fincas, naves, casas ...? Acaso las explotaciones agropecuarias consolidadas no son también de interés general?
m.- ¿Quiénes se beneficiarán de esta expropiación? En mi opinión el valor añadido debiera repercutir en los propietarios de los terrenos porque no sería lícito que, expropiados a precios irrisorios, después transformados con dinero público, se beneficiaran los recién llegados; porque ¿qué industrias importantes se han establecido en los polígonos industriales existentes, (Los Llanos y La Hiniesta) y cuántos puestos de trabajo se han creado?
Quisiera terminar mencionando el esfuerzo del agricultor a nivel particular, sin ayudas oficiales, para transformar en regadío sus pequeñas parcelas de secano. Permanecen en mi retina las imágenes de mi padre cavando a pico y pala para hacer un pozo hasta cinco o seis metros de profundidad, ayudado por familiares y amigos. Cuando tenían la suerte de encontrar agua la alegría era inmensa; después había que empedrarlo con piedras traídas con carros tirados por vacas desde varios kilómetros. Mientras unos sacaban el agua con calderos, otros iban colocando las piedras en forma circular con el agua hasta medio cuerpo para poco a poco rematar su obra. Normalmente los manantiales eran escasos y el agua acumulada en el pozo se extraía en una o dos horas con la noria movida por una burra; después... a esperar a que se recuperaran los manantiales. Y con el mismo procedimiento y no menos ilusión hizo otros diez pozos compartidos con los vecinos; y la mayoría de las familias de mi pueblo hacían lo mismo. Así consiguieron cultivar remolacha, patatas, maíz ... y salir un poco de la estrechez económica dependiente del secano.
Cuando mis padres se trasladaron a Zamora, para que nosotros estudiáramos, compramos tres hectáreas en el Camino de Coreses, donde hoy se proyecta el polígono industrial; el canal, un verdadero río, venía a tope y solamente había que abrir la compuerta para que el agua, manantial inagotable, regara las fincas. Nos parecía mentira gime tuviéramos tanta agua a nuestra disposición y con tan poco esfuerzo, comparado con las energías gastadas y riesgos asumidos para encontrar un poco del preciado líquido en el subsuelo de mi pueblo. Yo no sé exactamente lo que costaría, si hubiera posibilidades para ello, convertir en regadío ciento sesenta y seis hectáreas de secano; pero ¿por qué destruir lo que ya está hecho si para lo que se pretende destinar se puede hacer en otro lugar sin dilapidar lo que va está consolidado desde hace muchos años? Ruego a las Organizaciones Sindicales Agrarias que hagan público su rechazo al Polígono de Villagodio (como nos lo han manifestado en privado), también a la Cámara Agraria, organismos defensores de la agricultura y sus problemas, pues ni a ellos ni a los afectados ha consultado la Administración. Hago un llamamiento a nuestros políticos a que reflexionen sobre la decisión tomada y tengan en consideración nuestra postura (postura compartida con los que hemos contactado) y a doña Rosa Valdeón, que se comprometió a estudiarla y trasladarla a sus superiores.
Alfredo Fernández Cid Miembro de la Junta Directiva de Adesoviza (Zamora)
Por cierto, el polígono industrial ¿piensan llenarlo de industrias o simplemente servirá para inaugurarlo y dejarlo que duerma el sueño de los justos mientras la mayor parte de los industriales que quieren establecerse en esta anti-Comunidad son desviados a Boecillo
Y otra pregunta inocente del Húsar, cuando hablan de "interés regional" ¿a qué región se refieren? A la leonesa expoliada o a la castellana, mutilada de dos de sus provincias pero empeñada en borrar del mapa a la colonizada región leonesa? Ya que, como la realidad tozuda se empeña en demostrar, el único interés que se defiende desde la Junta es el de Valladolid.
El diario La Opinión-El Correo del 20 de febrero recoge las declaraciones del presidente de la Junta referidas a la decisión de crear el citado polígono y su intención de proponerlo como de "interés regional" por la necesidad de suelo industrial para Zamora.
Soy consciente de esa necesidad, pero estoy totalmente en desacuerdo en que el suelo industrial se ubique en fincas de regadío, entre otras, por las siguientes razones:
a.- Hay terrenos de secano suficientes, algunos totalmente improductivos, en el término municipal de Zamora y en su alfoz para la construcción de un polígono industrial de cualquier tamaño.
b.- Con la construcción de las distintas rondas o anillo que rodea la ciudad, su ubicación en otro lugar quedaría tan bien comunicado como en el sitio en que se proyecta.
c.- Se puede entender que la expansión de las ciudades se haga en zonas de regadío cuando no se dispone de terrenos de secano, caso que no es éste. Así en los últimos años estamos asistiendo a la supresión de cientos de hectáreas de regadío en Castilla y León; como referente puede ser Valladolid donde las vegas más fértiles que rodeaban la ciudad han sido totalmente asfaltadas.
d.- La creación de nuevos regadíos es ya prácticamente imposible; no se construyen nuevos embalses y el agua del subsuelo es limitada por lo que no se autorizan nuevas perforaciones o sondeos, aparte de ser más cara por la energía que se necesita.
e.- Siendo Villagodio una zona de regadío consolidada desde hace cincuenta años por las aguas del Canal Toro-Zamora y teniendo en cuenta lo dicho en los apartados anteriores no entendemos qué razones ocultas hay detrás de la decisión de suprimir de un plumazo ciento sesenta y seis hectáreas de tierra de excelente calidad con grandes producciones de maíz, remolacha, patatas, alubias, alfalfa y cualquier otro cultivo que se siembre.
f.- A los propietarios de esta zona nos ha afectado la construcción de la Autovía del Duero y la de la Ruta de la Plata que con sus enlaces, entradas y salidas a las mismas, han diezmado nuestro patrimonio agrícola, dividido las parcelas y en alguna zona como la de "El Judío" suprimido totalmente, recibiendo por la expropiación una cantidad muy por debajo del precio de mercado. El disgusto sufrido por algunas personas fue tal que agravaron su enfermedad con las peores consecuencias.
g.- También en esta zona nos vemos afectados por la construcción del ferrocarril para el Tren de Alta Velocidad (AVE) por lo que soportamos una expropiación más y otra reducción del patrimonio.
h.- Nada tenemos que alegar, a no ser el precio con que nos indemnizan, a la construcción de estas vías de comunicación, por ser de interés general y tienen que pasar, pero sí decimos que la ubicación del polígono no tiene que ser necesariamente ahí, por las razones expuestas y si hay voluntad para estudiar otras alternativas, éstas existen.
i.- Si se construye en el lugar propuesto, entre autovías, ave y polígono unos cincuenta propietarios verán diezmado, y algunos eliminado, su patrimonio agrícola conseguido con el esfuerzo y privaciones de nuestros padres durante muchos años.
j.- El mismo D. Juan Vicente Herrera ha manifestado que la Junta va a promocionar prioritariamente el desarrollo agrícola y ganadero de la Comunidad y no se entiende que el desarrollo industrial se haga en terrenos de regadío, a costa del desarrollo agrícola y ganadero ya consolidado desde hace muchos años.
k.- Estamos ante una escasez importante de alimentos, tanto para el consumo humano como para el ganadero y no se puede suprimir innecesariamente dichos terrenos muy productivos, susceptibles de aumentar la producción con la modernización del Canal Toro-Zamora que se ya se está realizando, cuando el polígono se puede ubicar en terrenos de secano (apartados a y b).
l.- Nos dicen que se nos indemnizarán convenientemente y esto es una falacia:
1) Porque no queremos vender y sí conservar y seguir cultivando las fincas que nos han legado o hemos comprado, no para especular como lo demuestra los años que llevan en nuestra propiedad y donde tenemos nuestras raíces (en mi caso desde 1962), y no trasladamos a otros lugares, donde somos desconocidos, para empezar de nuevo.
2) Porque en el caso de ser obligados el precio debiera fijarse mediante acuerdo entre las partes y no mediante expropiación ya que los importes a recibir serían insuficientes para adquirir otras fincas, en el supuesto de que se vendan, a mucha más distancia de donde éstas están ubicadas. ¿Nos facilitará la Administración otras fincas de las mismas características y tan cerca de la ciudad?
3.- Porque, precio aparte, algunas personas tendrán que cambiar de profesión ¿a cuál?
4.- Porque es muy fácil proponer la expropiación cuando la propiedad pertenece a otro pero ¿la defenderían con el mismo entusiasmo si les afectara a bienes suyos (fincas, naves, casas ...? Acaso las explotaciones agropecuarias consolidadas no son también de interés general?
m.- ¿Quiénes se beneficiarán de esta expropiación? En mi opinión el valor añadido debiera repercutir en los propietarios de los terrenos porque no sería lícito que, expropiados a precios irrisorios, después transformados con dinero público, se beneficiaran los recién llegados; porque ¿qué industrias importantes se han establecido en los polígonos industriales existentes, (Los Llanos y La Hiniesta) y cuántos puestos de trabajo se han creado?
Quisiera terminar mencionando el esfuerzo del agricultor a nivel particular, sin ayudas oficiales, para transformar en regadío sus pequeñas parcelas de secano. Permanecen en mi retina las imágenes de mi padre cavando a pico y pala para hacer un pozo hasta cinco o seis metros de profundidad, ayudado por familiares y amigos. Cuando tenían la suerte de encontrar agua la alegría era inmensa; después había que empedrarlo con piedras traídas con carros tirados por vacas desde varios kilómetros. Mientras unos sacaban el agua con calderos, otros iban colocando las piedras en forma circular con el agua hasta medio cuerpo para poco a poco rematar su obra. Normalmente los manantiales eran escasos y el agua acumulada en el pozo se extraía en una o dos horas con la noria movida por una burra; después... a esperar a que se recuperaran los manantiales. Y con el mismo procedimiento y no menos ilusión hizo otros diez pozos compartidos con los vecinos; y la mayoría de las familias de mi pueblo hacían lo mismo. Así consiguieron cultivar remolacha, patatas, maíz ... y salir un poco de la estrechez económica dependiente del secano.
Cuando mis padres se trasladaron a Zamora, para que nosotros estudiáramos, compramos tres hectáreas en el Camino de Coreses, donde hoy se proyecta el polígono industrial; el canal, un verdadero río, venía a tope y solamente había que abrir la compuerta para que el agua, manantial inagotable, regara las fincas. Nos parecía mentira gime tuviéramos tanta agua a nuestra disposición y con tan poco esfuerzo, comparado con las energías gastadas y riesgos asumidos para encontrar un poco del preciado líquido en el subsuelo de mi pueblo. Yo no sé exactamente lo que costaría, si hubiera posibilidades para ello, convertir en regadío ciento sesenta y seis hectáreas de secano; pero ¿por qué destruir lo que ya está hecho si para lo que se pretende destinar se puede hacer en otro lugar sin dilapidar lo que va está consolidado desde hace muchos años? Ruego a las Organizaciones Sindicales Agrarias que hagan público su rechazo al Polígono de Villagodio (como nos lo han manifestado en privado), también a la Cámara Agraria, organismos defensores de la agricultura y sus problemas, pues ni a ellos ni a los afectados ha consultado la Administración. Hago un llamamiento a nuestros políticos a que reflexionen sobre la decisión tomada y tengan en consideración nuestra postura (postura compartida con los que hemos contactado) y a doña Rosa Valdeón, que se comprometió a estudiarla y trasladarla a sus superiores.
Alfredo Fernández Cid Miembro de la Junta Directiva de Adesoviza (Zamora)
jueves, abril 03, 2008
El cheque en blanco
Por su indudable interés y acertado análisis publicamos a continuación la carta que el amigo Gonzalo Fernández-Valladares, Médico y miembro del colectivo Ciudadanos del Reinu de Llión, ha remitido a diversos medios de comunicación:
La victoria socialista del pasado 9 de Marzo, auguraba un periodo de tranquilidad en la política regional leonesa, máxime cuando los díscolos de la UPL habían cosechado un más que sonoro fracaso, y todo ello a pocos meses de la aprobación del nuevo Estatuto de la Comunidad que prometía hacer olvidar la reivindicación autonómica leonesa. Pero nada más lejos de la realidad, pasada la inmediata euforia postelectoral, que hizo a algunos hablar de isla roja leonesa en un mar azul, llegó en apenas unas horas la resaca. Cuando se abusa del alcohol uno paga las consecuencias y el periodo electoral es muy proclive a los brindis al sol.
La guerra es la de siempre y se ha desatado, como suele ser habitual, en varios frentes, ya que son muchas las heridas abiertas o cerradas en falso. Primero fue el agua (curiosamente recién inauguradas las conflictivas competencias sobre la Cuenca del Duero otorgadas por el nuevo Estatuto, hecho a medida de las necesidades hídricas castellanas), después el centro de mando de la alta velocidad (cuando se conoce la construcción de un edificio de nueva planta para tal fin en Valladolid, y del que nadie habló durante la campaña), la línea eléctrica Sama-Velilla (defendida sin fisuras por el vicepresidente de la Junta señor Villanueva, al mismo tiempo que defiende los viñedos de la Ribera de Duero ante una agresión de mucha menor envergadura) y por último el aeropuerto de la Virgen del Camino (a pocos meses de la inauguración de la prolongación de la pista, facilitando la operatividad de vuelos internacionales y cuando se conoce la potenciación por parte del Ministerio de Defensa del aeródromo militar de Valladolid vinculado al aeropuerto civil, bajo las ordenes del Ministro Alonso, número uno del partido del Gobierno por esta provincia ), todo ello sin contar los cientos de escaramuzas en el terreno de las inauguraciones, infraestructuras menores y demás exabruptos verbales a los que ya nos tiene habituados la "raza" política (lo de "clase" ya se les ha quedado corto).
Pero lo curioso y llamativo del caso es que algunos de los avestruces habituales, que generalmente meten la cabeza en el hoyo y se olvidaban del tema, se han agitado ante tanto hostigamiento. Porque que desde el Ayuntamiento capitalino reclamen lo nuestro en tiempo y forma, mientras la fiel aliada de la Junta, la Diputación Provincial de León, capitaneada por Isabel Carrasco, guarde silencio y administre los plazos, entra dentro de lo previsible. Lo que llama más la atención es que todas a una se levanten distintas voces. Ese es el caso del Presidente de la Cámara de Comercio de León Manuel Lamelas, o sindicalistas de distinto signo como Fidel Tomé, o Ignacio y Arturo Fernández que saltan a la palestra en contra del centralismo atroz de Valladolid, invocando la creación de foros en defensa de los intereses de León, como si estos no existiesen desde hace muchos años, pero siempre han recibido la espalda de los sindicatos. Nos sorprende más la beligerancia sindical cuando hace pocos meses y en relación con la reclamación de la creación de una Facultad de Medicina, desde la Junta Directiva de 'Ciudadanos del Reinu de Llión', se mantuvieron distintos contactos con estas organizaciones sindicales, que se mostraran conformes con la idea pero siempre supeditados a lo que dijeran los órganos autonómicos. Es decir que hasta para defender los intereses de los trabajadores leoneses y las inversiones en su tierra necesitan la anuencia de Valladolid.
Con este panorama ¿qué hacen los partidos políticos? La UPL se resquebraja por momentos, e intenta a duras penas llegar a la próxima convocatoria electoral, en medio de una debacle, donde aún están por llegar los episodios más sangrientos.
Los populares leoneses no saben no contestan, y mientras que Carrasco calla, arropada por el lacayo Eduardo Fernández, y llama a cerrar prietas las filas por lo que pudiera pasar, Morano, electo a duras penas una vez más, ha desaparecido de la escena. No lo volveremos a ver hasta dentro de cuatro años, cuando si nadie lo remedia, volverá a pedirnos el voto, como exigiendo una deuda impagada y que cíclicamente reclama. Mucho debió ser lo que le prometió Jose Mª Aznar, hace ya muchos años, por renunciar a "sus ideales", cuando pasados tantos años el partido le debe aún pleitesía. El partido en León queda a expensas de lo que decidan en Valladolid, ya que al fin y al cabo, Herrera, Villanueva e incluso de la Riva, muestran mucho más interés en lo que pueda pasar aquí, y para poner una sonrisa se basta y se sobra el Sr. Silván, que para eso está.
El PSOE leonés presume de que con ellos habrá un antes y un después, que convertirá a León en el referente de todo el noroeste peninsular y se muestran satisfechos con el resultado electoral. Pero las cuentas no salen y a pesar de las altas inversiones realizadas, del alto grado de ejecución de los presupuestos, el rendimiento en ganancia de votos ha sido escaso y ni siquiera han conseguido movilizar el voto leonesista que en su mayoría optó por quedarse en casa. El PSOE, con Miguel Martínez a la cabeza, debería recapacitar cuáles son las causas de ese fracaso relativo, sólo enjuagado con la victoria a nivel nacional y cual son las perspectivas del partido en la actual autonomía, cuando el peso de esta provincia cada vez es menor.
Los leoneses han sabido reconocer el esfuerzo inversor del gobierno Zapatero, pero saben que el epicentro de sus problemas no se resolverá únicamente vía presupuestos generales del Estado, máxime cuando el PSOE acabará cayendo tarde o temprano, en aras de la alternancia democrática. ¿y entonces qué? El PSOE, con Zapatero como Presidente, y Angel Villalba como mamporrero agonizante, perdió en la pasada legislatura su gran oportunidad de congraciarse con esta provincia y con la Región Leonesa, pero prefirió plegarse, cediendo en la defensa de la birregionalidad y no comprometiéndose con la creación de un Consejo General del Reino de León, que habría abierto las puertas a la solución del gran problema leonés desde hace veinticinco años.
El PSOE no puede caer en el error de pensar que la sociedad leonesa le ha dado un cheque en blanco, que puede amortizar sólo con inversiones económicas y algún organismo menor. El partido debe asumir su parte alícuota de responsabilidad en el origen de todos los problemas que le acarrea a la Región Leonesa la permanencia en el ente autonómico Castellano y Leonés y sólo en la medida que adopte las opciones necesarias para corregir esa situación se verá correspondido con el voto leal y no mercenario de los leoneses. De otra manera la Isla Roja Leonesa perecerá para siempre en un mar azul y preñado de castillos.
La victoria socialista del pasado 9 de Marzo, auguraba un periodo de tranquilidad en la política regional leonesa, máxime cuando los díscolos de la UPL habían cosechado un más que sonoro fracaso, y todo ello a pocos meses de la aprobación del nuevo Estatuto de la Comunidad que prometía hacer olvidar la reivindicación autonómica leonesa. Pero nada más lejos de la realidad, pasada la inmediata euforia postelectoral, que hizo a algunos hablar de isla roja leonesa en un mar azul, llegó en apenas unas horas la resaca. Cuando se abusa del alcohol uno paga las consecuencias y el periodo electoral es muy proclive a los brindis al sol.
La guerra es la de siempre y se ha desatado, como suele ser habitual, en varios frentes, ya que son muchas las heridas abiertas o cerradas en falso. Primero fue el agua (curiosamente recién inauguradas las conflictivas competencias sobre la Cuenca del Duero otorgadas por el nuevo Estatuto, hecho a medida de las necesidades hídricas castellanas), después el centro de mando de la alta velocidad (cuando se conoce la construcción de un edificio de nueva planta para tal fin en Valladolid, y del que nadie habló durante la campaña), la línea eléctrica Sama-Velilla (defendida sin fisuras por el vicepresidente de la Junta señor Villanueva, al mismo tiempo que defiende los viñedos de la Ribera de Duero ante una agresión de mucha menor envergadura) y por último el aeropuerto de la Virgen del Camino (a pocos meses de la inauguración de la prolongación de la pista, facilitando la operatividad de vuelos internacionales y cuando se conoce la potenciación por parte del Ministerio de Defensa del aeródromo militar de Valladolid vinculado al aeropuerto civil, bajo las ordenes del Ministro Alonso, número uno del partido del Gobierno por esta provincia ), todo ello sin contar los cientos de escaramuzas en el terreno de las inauguraciones, infraestructuras menores y demás exabruptos verbales a los que ya nos tiene habituados la "raza" política (lo de "clase" ya se les ha quedado corto).
Pero lo curioso y llamativo del caso es que algunos de los avestruces habituales, que generalmente meten la cabeza en el hoyo y se olvidaban del tema, se han agitado ante tanto hostigamiento. Porque que desde el Ayuntamiento capitalino reclamen lo nuestro en tiempo y forma, mientras la fiel aliada de la Junta, la Diputación Provincial de León, capitaneada por Isabel Carrasco, guarde silencio y administre los plazos, entra dentro de lo previsible. Lo que llama más la atención es que todas a una se levanten distintas voces. Ese es el caso del Presidente de la Cámara de Comercio de León Manuel Lamelas, o sindicalistas de distinto signo como Fidel Tomé, o Ignacio y Arturo Fernández que saltan a la palestra en contra del centralismo atroz de Valladolid, invocando la creación de foros en defensa de los intereses de León, como si estos no existiesen desde hace muchos años, pero siempre han recibido la espalda de los sindicatos. Nos sorprende más la beligerancia sindical cuando hace pocos meses y en relación con la reclamación de la creación de una Facultad de Medicina, desde la Junta Directiva de 'Ciudadanos del Reinu de Llión', se mantuvieron distintos contactos con estas organizaciones sindicales, que se mostraran conformes con la idea pero siempre supeditados a lo que dijeran los órganos autonómicos. Es decir que hasta para defender los intereses de los trabajadores leoneses y las inversiones en su tierra necesitan la anuencia de Valladolid.
Con este panorama ¿qué hacen los partidos políticos? La UPL se resquebraja por momentos, e intenta a duras penas llegar a la próxima convocatoria electoral, en medio de una debacle, donde aún están por llegar los episodios más sangrientos.
Los populares leoneses no saben no contestan, y mientras que Carrasco calla, arropada por el lacayo Eduardo Fernández, y llama a cerrar prietas las filas por lo que pudiera pasar, Morano, electo a duras penas una vez más, ha desaparecido de la escena. No lo volveremos a ver hasta dentro de cuatro años, cuando si nadie lo remedia, volverá a pedirnos el voto, como exigiendo una deuda impagada y que cíclicamente reclama. Mucho debió ser lo que le prometió Jose Mª Aznar, hace ya muchos años, por renunciar a "sus ideales", cuando pasados tantos años el partido le debe aún pleitesía. El partido en León queda a expensas de lo que decidan en Valladolid, ya que al fin y al cabo, Herrera, Villanueva e incluso de la Riva, muestran mucho más interés en lo que pueda pasar aquí, y para poner una sonrisa se basta y se sobra el Sr. Silván, que para eso está.
El PSOE leonés presume de que con ellos habrá un antes y un después, que convertirá a León en el referente de todo el noroeste peninsular y se muestran satisfechos con el resultado electoral. Pero las cuentas no salen y a pesar de las altas inversiones realizadas, del alto grado de ejecución de los presupuestos, el rendimiento en ganancia de votos ha sido escaso y ni siquiera han conseguido movilizar el voto leonesista que en su mayoría optó por quedarse en casa. El PSOE, con Miguel Martínez a la cabeza, debería recapacitar cuáles son las causas de ese fracaso relativo, sólo enjuagado con la victoria a nivel nacional y cual son las perspectivas del partido en la actual autonomía, cuando el peso de esta provincia cada vez es menor.
Los leoneses han sabido reconocer el esfuerzo inversor del gobierno Zapatero, pero saben que el epicentro de sus problemas no se resolverá únicamente vía presupuestos generales del Estado, máxime cuando el PSOE acabará cayendo tarde o temprano, en aras de la alternancia democrática. ¿y entonces qué? El PSOE, con Zapatero como Presidente, y Angel Villalba como mamporrero agonizante, perdió en la pasada legislatura su gran oportunidad de congraciarse con esta provincia y con la Región Leonesa, pero prefirió plegarse, cediendo en la defensa de la birregionalidad y no comprometiéndose con la creación de un Consejo General del Reino de León, que habría abierto las puertas a la solución del gran problema leonés desde hace veinticinco años.
El PSOE no puede caer en el error de pensar que la sociedad leonesa le ha dado un cheque en blanco, que puede amortizar sólo con inversiones económicas y algún organismo menor. El partido debe asumir su parte alícuota de responsabilidad en el origen de todos los problemas que le acarrea a la Región Leonesa la permanencia en el ente autonómico Castellano y Leonés y sólo en la medida que adopte las opciones necesarias para corregir esa situación se verá correspondido con el voto leal y no mercenario de los leoneses. De otra manera la Isla Roja Leonesa perecerá para siempre en un mar azul y preñado de castillos.
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