domingo, enero 08, 2012

Para que no lo olvides (18ª entrega): Por la unidad de Castilla

Este es el título de un interesante artículo publicado el miércoles, 5 de Octubre de 2011, festividad de San Froilán, patrono de la Diócesis de León, en el blog "Desde la Tierra de Uceda (http://blogdejosemanuelsanz.blogspot.com).

Afortunadamente queda gente con memoria, ya que se trata de un blog castellano que propugna la unidad de Castilla pero con las ideas claras puesto que se refiere a las dos Castillas, Vieja y Nueva pero, lógicamente, sin incluir al Reino de León, como podéis ver en el mapa adjunto que copiamos de dicho blog:


También en dicho blog hemos encontrado una Acción promovida en Actuable por la Asociación Socio-Cultural Castilla que lleva por título "Por la unidad de Castilla" y os animamos a apoyar dicha petición en el siguiente enlace: (http://actuable.es/peticiones/por-unidad-castilla)

Y sin más, os dejamos el artículo mencionado:

Desde los archivos: León y Castilla la Vieja

En esta ocasión voy a tratar un tema meramente de erudición historicista, pero que me resulta interesante y por ello inicié mi particular "pequeña gran investigación" al respecto: se trata de la identidad histórica y los límites de los Reinos de León y Castilla. Mucho se ha debatido al respecto, y a buen seguro se seguirá debatiendo en el futuro, pero cada uno en esta vida ha de forjarse su visión, particular y personalísima, con aquellas fuentes que haya consultado al respecto. Y en mi caso no las creo malas.

Centraré el origen del estudio en el periodo 1158-1230. La elección de este periodo no es casual, y es que ya por aquél entonces las fronteras del territorio castellano se encontraban relativamente consolidadas; resaltando aquí la gran similitud del marco castellano heredado por Fernando III en 1217 con los territorios que han venido considerándose tradicionalmente "las dos Castillas": Castilla la Vieja y Castilla la Nueva.

Es por ello que podemos considerar a este periodo comprendido entre 1158 y 1230 como el espacio donde Castilla se configuró definitivamente como entidad política claramente diferenciada dentro del contexto peninsular y desarrolló plenamente su personalidad histórica.

Desmontaremos (con relativa contundencia) la "indefinición" aparente de Valladolid y Palencia, en cuanto tierra de frontera. Esa indefinición no es tal, sino que se produjo en el siglo XVI tras la creación de las provincias fiscales y la ruptura del ordenamiento jurídico castellano.

Es comúnmente sabido que las ciudades de Valladolid y Palencia estaban ya en manos castellanas en tiempos de Alfonso VIII. No solo eso, sino que así permanecieron durante toda la Edad Media. Los archivos nos desvelan que no cabe duda alguna en la pertenencia de ambas provincias actuales a Castilla.

La frontera entre los Reinos de León y Castilla fueron, en todo caso y durante toda la Edad Media, las delimitadas al oeste de las merindades de Liébana-Pernía, Saldaña, Carrión, Campos, Infantazgo de Valladolid y Comunidades de Villa y Tierra de Medina, Arévalo, Ávila y Béjar.

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¿En qué fuentes me apoyo para hacer esa afirmación?

En primer lugar, en el Tratado de Fresno-Lavandera (1183), rubricado por Fernando II de León y Alfonso VIII de Castilla, donde fijan los límites de ambos reinos. El contenido del mismo puede seguirse en el siguiente enlace: http://www.ceinos.com/fresno_lavandera.htm

En segundo lugar, en el Tratado de Tordehumos (1194), rubricado esta vez por Alfonso IX de León y Alfonso VIII de Castilla, donde restablecen los límites de sus reinos, ya que tras unas escaramuzas, ofensivas y contraofensivas, algunas plazas habían cambiado de dueño. El Tratado de Tordehumos viene a restaurar la situación de forma práctica a las fronteras definidas en el anterior de Fresno-Lavandera.

En tercer lugar, el Libro Becerro de las Behetrías de Castilla (1352). En este caso nos encontramos con que los reinos de León y Castilla se habían unido en la misma Corona en 1230, por lo que llevaban 122 años unidos. Sin embargo, el Rey Pedro I encarga en 1352 un censo que inicialmente se intituló "Becerro de las Merindades de Castilla", aunque algún copista posterior lo cambió de nombre. Este censo establecía los territorios situados en el Reino de Castilla como tal. Y en él se siguen incluyendo dentro del Reino de Castilla las merindades de Liébana-Pernía, Saldaña, Carrión, Campos y el Infantazgo de Valladolid. Asimismo, las Comunidades de la Tierra de Medina, Arévalo, Ávila y Béjar siempre han estado en Castilla y nadie ha puesto en duda tal extremo.

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En las imágenes que se ven he realizado una identificación municipal de todos los lugares, villas y despoblados que definen los tratados de Fresno-Lavandera, Tordehumos y el Becerro de las Behetrías de Castilla. Con toda esa información es posible saber cuál es la frontera histórica de León y Castilla, no sin esfuerzo, ya que la labor identificatoria municipio a municipio es tremendamente ardua.

Se puede además afirmar que, tras la unión de ambos reinos en la Corona junto con Galicia, Asturias, Vascongadas, etc, ambos reinos mantuvieron sus límites, como bien se nos indica en el Becerro de las Behetrías.

Todas las merindades existentes (incluidas las de la frontera) se agrupaban en otra entidad mayor que las englobaba, la Merindad Mayor de Castilla, donde al frente se situaba el merino, nombrado directamente por el Rey. Las anteriores merindades (Carrión, Saldaña, etc) se llamaban por tanto merindades menores. La Merindad Mayor de Castilla fue una institución que estuvo vigente durante toda la Edad Media.

En tal caso, y ya que hemos podido comprobar que ambos reinos de León y de Castilla mantuvieron su clara delimitación durante todo el medievo, ¿Cuándo comenzó la confusión? Estudiando otras fuentes también es posible ver el momento de la maraña: la ruptura de los ordenamientos jurídicos leonés y castellano por parte de los Reyes Católicos con la creación en 1502 de las "Provincias Fiscales", o lo que es lo mismo, la amalgama de distintas merindades, comunidades de villa y tierra y señoríos puestos de forma un tanto confusa bajo la égida recaudatoria de una ciudad, donde se situaban los funcionarios reales.

 
Los Reinos de León y Castilla, 1760.
La distribución de las provincias fiscales del siglo XVI se puede consultar en: http://books.google.es/books/about/Censo_de_Poblacion_de_Las_Provincias_Y_P.html?id=XC94FY7YNjMC&redir_esc=y

La única función que se persigue en este caso es fiscal, y por ello poco a poco se va desmantelando toda la estructura institucional castellana para dar apetito a las nuevas necesidades recaudatorias de los Austrias.

Por tanto, sin referencias oficiales ni acceso a información posible, los geógrafos y los posteriores intendentes reales vuelven a fijar por error la frontera en el río Pisuerga, dejando las ciudades de Valladolid y Palencia de la parte del Reino de León, como cuando Castilla era todavía un condado. Supone por tanto un retroceso de medio milenio. Así, las merindades de las actuales Palencia y Valladolid, instituciones típicamente castellanas, aparecen "como por ensalmo" incluidas en diversos mapas y provisiones de los siglos XVI, XVII y XVIII dentro del Reino de León. Recordemos que con estos "deslices" se está violando un ordenamiento jurídico que llevaba vigente nada menos que 300 años, el de la Merindad Mayor de Castilla, que comprendía la práctica totalidad de las actuales Palencia y Valladolid.

Se llega así al siglo XIX con una ensalada geográfica que es como para tomarse una tila, y cuya responsabilidad no es de nadie más que de los Habsburgo, que permitieron este desbarajuste territorial con tal de esquilmar más eficazmente hasta el último real de los campesinos, ya fueren leoneses o castellanos, que a efectos del retintín de las monedas, lo mismo daba.


Sin embargo, en 1833 se crean las actuales provincias en España de forma cierta y en vigor (hubo proyectos anteriores que no pasaron de la hoja del papel). Así, el Ministro de Fomento Javier de Burgos, que tuvo muchísimos errores en la creación de las provincias actuales (separó Comunidades de Villa y Tierra y municipios unidos durante siglos adscribiéndolos a provincias diferentes, lo que supuso un trauma social para buena parte del campesinado), sin embargo, no anduvo tan errado a la hora de llevar a cabo la regionalización de la meseta norte. Y esto es así porque, en el fondo y con las fuentes bibliográficas en la mano, podemos decir sin temor a equivocarnos que vino a restituir en gran medida lo que por derecho había sido la personalidad de las gentes del centro de la submeseta norte durante siglos.

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