sábado, diciembre 20, 2008

¿A que no…?

Es propio del ser humano cuestionarse sobre su pasado, su presente e incluso sobre esa inconsistencia temporal que denominamos futuro; es, asimismo, normal debatirse en un agitado mar de dudas cuando se trata de tomar determinadas decisiones y no quedan muy claros los argumentos en contra o a favor. Son fácilmente entendibles, por otro lado, esos vaivenes, en nuestra utópica búsqueda, entre el pesimismo más absoluto y un breve destello de optimismo que nos ayude a mantenernos en el camino emprendido; aunque sólo sea por el hecho simple de no desear rendir el último bastión de la esperanza (léase, hasta, cazurrería…).

Esos, y no otros, son, a no dudar, los sentimientos compartidos por muchos de los que, contra todas las adversidades, seguimos reivindicando algo tan insólito, tan peregrino, tan denostado, pero tan evidente como “la condición leonesa de León”.

Deambulando pues, entre el desencanto de las últimas concentraciones, las actuaciones de nuestros insolidarios, insólitos y desaparecidos (en no sabemos qué cruento combate) representantes políticos, el diagnóstico de encefalograma plano de los cerebros leonesistas de nómina y mantel, el enfrentamiento larvado de otros tantos responsables del denominado leonesismo social y la enorme cantidad, sin embargo, de correos que hemos tenido ocasión de leer ante la noticia de la creación de una editorial bajo el apabullante, obsesivo y machacón nombre de “Castilla”, así como el número abundante de ciudadanos de a pie que, a pesar de 25 años de "Castilleon", siguen confesándose leoneses, nos corroen los sentimientos más encontrados.

Hoy, el Húsar, no pretende otra cosa que un pase rápido por el sofá del sicoanalista particular de cada uno, invitándoles a responderse, a la tenue luz de su propia conciencia, si no habrá algún medio de parar esta sangría, de cambiar actitudes, de enderezar el rumbo, de trascender de tanta miseria, de envainarse, un tanto, ese funesto orgullo que nos ha llevado hasta este estado comatoso de suma de individualidades que se miran de espaldas, se espían sospechosas y, hasta por momentos, se atizan con la estaca del desprecio, la crítica o el infundio, en medio del lodazal en el que nuestra Tierra sigue hundiéndose, al parecer, irremediablemente.

¿A que no somos capaces de trascender de todo este estado de cosas? ¿A que no hay algún valiente que dé el primer paso y, si hace falta, anteponga el perdón y el olvido a la vanidad y el engreimiento? ¿A que no nos demostramos a nosotros mismos, individualmente y, sobre todo, en grupo, que nos preocupa la Tierrina y no “el puestín, el sueldín y el carguín” u otros intereses que, a decir verdad, son difíciles de explicar y menos aún de comprender? (al menos para los no iniciados…)

Hace ya muchos siglos, Aristóteles en la “Ética a Nicómaco”, dedicada a su hijo y cuyo contenido versa, esencialmente, sobre la felicidad, hace referencia (Libro IV, capítulo III) a una cualidad que quisiéramos suscitar, como eje de la discusión que se propone y a los efectos de este cambio de actitud que se postula: la magnanimidad. Así la define el diccionario de la RAE: “grandeza y elevación de ánimo”. Mas, por si aún quedara poco explícito, aportamos una definición bastante más concreta (y un ejemplo) del Diccionario Manual de la Lengua Española Vox: Cualidad principal de la persona que es bondadosa, comprensiva y causa respeto y admiración. Ej: su magnanimidad hace que perdone siempre las ofensas.
A veces, hasta se puede aclarar un concepto haciendo referencia a sus contrarios; así, por lo que a los antónimos de magnanimidad se refiere, encontraríamos los de mezquindad, egoísmo, tacañería, bajeza, envidia, infamia o ruindad. (Servidos vamos…)

Claro que, como humanos, todos estamos sujetos a la equivocación, pero, detrás de una actitud implacable y rigurosa, parece ocultarse una cierta condición de inseguridad; es el recurso fácil de echarle siempre las culpas al otro, seguramente, por miedo al hecho, nada agradable, de reconocer nuestra responsabilidad, por pequeña que sea.

La persona que usa de la magnanimidad está dispuesta a pensar que en los otros también puede encontrarse algo positivo, aunque se equivoquen; y se suele afirmar que esta cualidad viene representada por una especie de fuerza interior que nos empuja a levantar la vista y dirigir nuestros pensamientos y nuestras actitudes hacia la consecución de grandes ideales, trascendiendo, incluso, de las miserias propias de nuestra condición.

¿Y no nos parece suficientemente importante la cruzada que venimos sosteniendo de defensa y dignificación de lo leonés y los leoneses? ¿No nos sentimos todos unidos en ese ideal superior por el que decimos luchar? Si así no fuera… ¿”qué pintamos, por cierto, en esta guerra”?, como se suele afirmar de manera coloquial.

Falto de un referente, asqueado de tanta mediocridad, escandalizado por los ejemplos que reciben de parte y otra, el cuerpo social y los posibles votantes de opciones que propugnan (o deberían propugnar) nuestros valores están abandonando el campo decepcionados, rendidos y derrotados.

En su obra “Los grandes cementerios bajo la luna”, el francés Georges Bernanos escribe: ”Vosotros decís que sois la sal de la tierra… Si el mundo huele tan mal, ¿a quién voy a echar las culpas?”. Y ya sabemos también, al menos por referencias, para qué sirve la sal, cuando se vuelve sosa: “No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente

5 comentarios:

despiertaLeon dijo...

Que mas quisieramos, todos los que defendemos la idea de la unidad de todo el pueblo leones, que contar con los que, desde las aceras, nos ven pasar como se miran los pasos de semana Santa.

Sin embargo, aquí como allí, son los cofrades los que tienen que llevar el paso y dar el cayo año tras año sin esperar que nadie les seque ni el sudor.

En fin, La unión de todos los colectivos que defienden una tierra leonesa Autonoma, e independiente de Castilla, aparcando para ello las diferencias que puedan existir, larvadas o no, es un ideal por el que luchar y un objetivo a perseguir.

Al fin y al cavo, cuantos mas seamos mas miedo daremos ¿no?...

Colectivo Tiburcio Fernández Álvarez dijo...

Pues sí... Pero la pregunta sigue en el aire: ¿quién se atreve a dar el primer paso... por pequeño que este sea? ¡Tampoco debería ser tan difícil!
A que no se anima nadie...

Colectivo Tiburcio Fernández Álvarez dijo...

¿La gente sigue muda o es que está simplemente sorda y ciega, pues no ve la situación por la que transitamos...?

Amurrinare dijo...

Yo ya no se que se puede hacer para salir de esto. Hay dias que como dice el texto veo un rayo de luz que me anima a seguir adelante luchando por Leon, pero son mas los dias en que me desespero porque no veo una solucion. Vivo en mi propia carne la desesperanza de ver que no importa que nos manifestemos, ni si somos miles o unos pocos porque al final no se nos escucha. Francamente, entiendo a mucha gente que no hace nada porque dicen que no servira de nada. Y les rebato que si nadie hace nada asi sera, pero a la vez he de admitir que tienen razon en algo, y es que no importa lo que hagamos, no somos escuchados. El problema no es solo esta Comunidad Autonoma, es tambien España que sabiendo lo que pasa aqui lo consiente y lo alienta. El problema es que la democracia no existe en Leon. Que camino nos queda? Que decimos a todos esos jovenes leoneses que se manifiestan con orgullo por su tierra y se rien de ellos y les insultan? Que leccion nos estan dando desde el resto de España si nos dicen dia a dia con sus acciones contra Leon y los Leoneses que no somos parte de la democracia? Que nos queda por hacer?

Colectivo Tiburcio Fernández Álvarez dijo...

Te ocurre lo que a muchos de los miembros del Colectivo: lanzamos al monte nuestras preguntas porque no somos, quizá, capaces de tirarnos a él nosotros mismos. Pero a esas preguntas no responde más que el eco de nuestra propia desesperación...
¡Qué pueblo el nuestro!